En septiembre próximo la Carta Democrática Interamericana (CDI) cumple 10 años. No será un aniversario feliz. Para muchos ha servido de poco; en todo caso para dar “legitimidad” a varios presidentes que, tras acceder al gobierno por la vía democrática, luego han violentado todos los principios que hacen a las genuinas formas democráticas y republicanas; esto es, solo ha servido para “ sellarlos” en el poder. El ex presidente peruano Alejandro Toledo es de los que cree que algo de eso ha ocurrido, que el problema es que “en América Latina no hay instituciones fuertes, con coraje y con arraigo para implementar y hacer cumplir la CDI”.
Toledo, a quien entrevisté en Lima, pugnará nuevamente por la presidencia en las elecciones del 10 de abril próximo, va primero en las encuestas y es el favorito. Su nombre y el de Perú están especialmente ligados al de la Carta Democrática. Esta, precisamente, fue aprobada en Lima, en setiembre de 2001, siendo Toledo presidente. Es más, en alguna medida fue una consecuencia, una sana consecuencia del régimen dictatorial de Alberto Fujimori, un presidente electo democráticamente que pisoteó a los otros poderes, –la Justicia, al Congreso–, llamó a una constituyente, se hizo una Constitución para ser reelecto y perpetuarse en el poder (cualquier parecido con regímenes actuales no es pura coincidencia) e, incluso, desconoció a organismos y decisiones de la OEA. Con aquel documento se buscó reafirmar, garantizar y exigir el respeto de los principios democráticos y, además, crear el antídoto ante ese tipo de manipulaciones fujimoristas o similares. Qué ironía ¿no?
Pero en este aspecto Toledo no anda con medias tintas: “lo que pasa es que la OEA es un vacío. Es un cascarón. Es una institución burocrática, apolillada. Es un edificio bonito en Washington”. La OEA nunca ha tenido el más mínimo coraje para decir señores implementemos la CDI ni para ponerse de pie cuando varios gobiernos autoritarios la han violado y la utilizan en nombre de la democracia, primero para elegirse y después manipulan sus instituciones para re reelegirse y violan los derechos humanos, la libertad de expresión y la independencia de los poderes.
Hugo Chávez es el hombre más desestabilizador de América Latina y la OEA no le dice nada. Tenemos el respaldo de una carta democrática, pero es una especie de institución muerta.
En América Latina –insiste Toledo– no tenemos instituciones que, cuando las dictaduras disfrazadas de democracias entran a hacer su juego y manipulan las reglas para seguir en el poder, les salgan al paso. Las evidencias son contundentes: Nicaragua, Venezuela, Honduras a su manera, Bolivia, cuidado con Argentina.
Sin duda la OEA no ha tenido el coraje de hacerlo. Si a Hugo Chávez no le gusta un gobernador lo bota, si no le gusta un empresario lo pasa a la justicia, si no le gusta un alcalde lo bota, si no le gusta un medio lo agarra. ¿Donde está la institución que vela por la fortaleza de la democracia en el continente?
Es muy probable que Alejandro Toledo gane las elecciones en Perú. Si eso ocurre, es posible que ese hecho pueda marcar un antes y un después para la OEA y la CDI. Puede que él haga lo que hasta ahora Uribe, Alan García, Martinelli, Calderón, Piñera y Santos no han podido, no se han animado o no han querido hacer en defensa de la democracia a nivel continental, como muchos creían que lo iban a hacer.

