NUEVO GOBIERNO

Perder la fe

¿Por qué un señor como Roberto Ábrego no sabe contar? ¿Por qué titubea, pide cosas fuera del reglamento, da golpecitos al micrófono que funciona perfectamente y solicita un receso mientras otro señor hace el gesto de pedir tiempo muerto como en las canchas de baloncesto? ¿Qué imagen pretenden ofrecer sobre nuestra democracia con semejante actuación?

El vicepresidente de la República dijo hace unos días: “estoy seguro que superaremos cualquier reto, como en este caso la película”, refiriéndose a “La lavandería”, basada al parecer en los famosos “Papeles” pero ¿no es con actitudes que distan mucho de la transparencia y el buen hacer legislativo que terminamos pareciéndonos a quienes no queremos ser?

Lo más cómico del asunto es que este señor, con cara de sabérselas todas, preside la comisión legislativa de Credenciales, Reglamento, Ética Parlamentaria y Asuntos Judiciales. Una “parajoda”, como diría Guillermo Cabrera Infante, que nos pone a la altura de una lata de jamón del diablo.

Por eso es fácil perder la fe en las instituciones, lo más sagrado de cualquier “patria”, lo único que la hace funcionar y la dota de vida. Actuaciones como las de Ábrego ponen en riesgo la confianza del ciudadano y manda el mensaje incorrecto: el “juegavivo” funciona, incluso delante de las cámaras.

Hay que pararse firme, y lo están haciendo jóvenes como Juan Diego Vásquez, que no se deja conguear pero lo conguean siempre porque hay muy pocas ganas de ese tipo de ética. Parece que tememos que, cambiar nuestra mentalidad a una más transparente y honesta, termine por hacernos parecer menos panameños.

Y la trampa está allí, en que nos han hecho creer que nuestro país no puede funcionar si no es basándose en el “robó, pero hizo”. Más nos vale estar atentos a estas actitudes y denunciarlas públicamente. No se trata de partidos, ni colores políticos: se trata de creer que otro país es posible y que el buen gobierno empieza cuando hay más transparencia institucional.

El autor es escritor

Edición Impresa