CUESTIÓN DE PRIORIDAD

Seguridad y sistema penitenciario: Rafael Zevallos

Durante los últimos 20 años, el tema penitenciario ha sido olvidado en nuestro país. Hoy pagamos graves consecuencias por este descuido. Altos índices de reincidencia o simples rateros convertidos en peligrosos delincuentes, son el común denominador entre las personas que salen de las cárceles con medidas cautelares o después de haber cumplido sus condenas.

Luego de trabajar activamente, interactuando con jóvenes pandilleros y con internos de diferentes centros penitenciarios, estoy convencido de que se puede prevenir y reducir este tipo de situaciones, invirtiendo, inteligentemente, en atacar el problema de raíz, dándole prioridad y asignando los recursos necesarios para afrontar este problema que, directa o indirectamente, afecta a nuestra sociedad.

Definitivamente, la educación, la espiritualidad, los valores familiares, el deporte y la cultura para nuestros jóvenes y niños, son los pilares de un plan integral de prevención en nuestros barrios. Esto, sumado a la capacitación personalizada, según aptitudes, a la orientación vocacional y a las oportunidades reales, tanto de trabajo como de desarrollo emprendedor, para los adolecentes que salen del sistema educativo, reducirá significativamente las tentaciones y los riesgos.

Al mismo tiempo, debe existir una cultura de respeto a la autoridad y temor al castigo, algo que solo se logrará brindando total respaldo a nuestros estamentos de seguridad, fiscalizando el trabajo de nuestro Ministerio Público y los fallos de nuestras instituciones de justicia.

Paralelamente, y con el mismo grado de importancia, urge invertir en nuestro sistema penitenciario. En Panamá adolecemos de cárceles con infraestructura diseñada para manejar y garantizar la seguridad de sus internos. Las galeras y cuarteles “adaptados” que tenemos son la principal causa de la crisis penitenciaria. Solo hemos puesto parches y pasado la pelota, de gobierno en gobierno.

Se necesitan instalaciones cuyas prioridades sean: minimizar al máximo el riesgo de evasión de los internos, garantizar la integridad física y la dignidad de los reclusos, disminuir el riesgo de reyertas y/o motines y brindar a los internos condiciones más humanitarias, con alimentación y servicios de salud decentes.

Una vez logrado esto, se podrán implementar más y mejores programas de resocialización y de capacitación laboral, con planes de reinserción, manteniendo a los internos ocupados y productivos la mayor cantidad de horas del día posible.

Nada de esto será posible si no existe la voluntad de dar al tema la prioridad y los recursos que requiere, de forma inmediata. Podremos seguir construyendo aeropuertos, metros y cintas costeras, pero lo más seguro es que en esos lugares todos nos sentiremos cada vez más inseguros.

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