Se dirá que José Luis Rodríguez Zapatero se sintió príncipe y siguió los consejos de Maquiavelo e hizo rodar las cabezas de varios ministros y hasta la de una vicepresidenta.
En realidad la que el pueblo pedía era la suya, pero Zapatero ni renunció ni llamó a elecciones anticipadas, simplemente entregó el poder a su ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, al que le sumó los cargos de vicepresidente primero y portavoz del Gobierno.
Esa fue la fórmula–maniobra de Zapatero para salir del apuro y esperar que pase el huracán, pero también de hecho cedió su ya casi perdido liderazgo y Rubalcaba quedó en carrera como candidato seguro del PSOE para las próximas elecciones.
“Zapatero deja España en manos de Rubalcaba”, tituló la prensa madridista, y es así. Ahora, menuda tarea le dejó a su colaborador: habrá de hacerse cargo de una situación en que uno de cada cinco españoles es pobre y en que 6 de cada 10 familias no llegan a fin de mes. Según una encuesta dada a conocer dos días después de los cambios consignaba que el 74.5% de los españoles no creía que el nuevo equipo de Zapatero pudiera sacarlos de la crisis.
En lo que hace a América Latina la reestructura ministerial española trajo buenas noticias: la caída del canciller Miguel Ángel Moratinos, el gran defensor de “demócratas” de este continente como Fidel y Raúl Castro y Hugo Chávez. No es que Moratinos haya sido un innovador, pero ha sido el más soberbio y agresivo. Mucho menos elegante que el propio Aznar. Para el otro lado, por supuesto; pero no olvidemos que también el hombre del PP hacía sus buenas migas con Fidel y hasta con Chávez.
La caída de Moratinos de todas formas obliga de alguna manera a una cierta revisión de la política exterior española –siempre errática para un lado o para el otro–, que notoriamente ha perdido peso y cada vez es menos respetada por sus condicionamientos a lo económico y los intereses de sus empresas, lo que se ha visto acentuado por la crisis que atraviesa, lo que además ya no se molestan ni en disimularlo.
En tanto, aquí en América no sería malo tomar nota de todas estas reestructuras y ver si no sería buena cosa darle de baja a algún clon de Moratinos que hay por ahí en alguna organización internacional defendiendo a ciertos demócratas y a unas novedosas formas de democracias sin separación de poderes y sin libertad de prensa ¿No?
