Improvisaciones

Bienvenido 2021

Hemos recibido con ansias este nuevo año 2021, con la esperanza de que todo se reiniciaría como por arte de magia. La realidad es otra; los problemas siguen existiendo y no se han ido; seguimos en una lucha constante contra un virus, la corrupción, el caos imperante del “juega vivo”. Sin embargo, debemos seguir y tener un rayo de esperanza. ¿Por qué? ¿Qué fuera de nosotros sin ninguna esperanza? La diferencia aquí es que el rayo de esperanza debemos crearlo nosotros mismos, tener confianza en nosotros para salir adelante como país.

No debemos culparnos los unos a los otros. Todos debemos asumir la responsabilidad de este desastre. ¿No es justo?, dirás, pues estábamos durmiendo en nuestros laureles mientras otros no tenían educación, no tenían comida y se les arrebataban oportunidades, pero no reaccionábamos; mientras que el problema no toque a nuestras puertas o nos afecte directamente, no reaccionamos, pero el problema va más allá.

La falta de empatía como sociedad nos está llevando al borde de la destrucción; posiblemente, si en algún momento hubiésemos rechazado el descuido a nuestra educación y hubiésemos empujado una mejora para todos, tal vez tendríamos más consciencia de la situación que está pasando actualmente y no tuviéramos reuniones clandestinas siendo estas posibles focos de contagios. Si tal vez nos hubiésemos indignado lo suficiente para reclamar un sistema de salud óptimo, no estaríamos viviendo de improvisaciones de último momento. Estas improvisaciones las vemos en todo momento en el país, con todo lo que sucede, desde leyes promulgadas diciendo que se publicará nuevamente otra ley para los pasos a seguir, hasta calles que son reparadas y en dos días o menos están dañadas nuevamente, lugares siendo convertidos en “hospitales temporales”, contratos de arrendamientos temporales a instituciones públicas (no cuentan con una sede propia las instituciones), prórrogas inexistentes que se improvisan y así podríamos seguir la lista de improvisaciones.

Lo peor es que estas improvisaciones no vienen solamente desde el 2020, sino que van más allá. No son soluciones, solo son paramentos, una “solución” en el momento y listo. No existe, al parecer, una visión en el futuro. Si el cimiento no es fuerte, todo se derrumba, y esto es algo que ni la sociedad ni los gobernantes han querido entender.

Como individuos, debemos pensar en nuestra sociedad, por pequeño que sea el aporte debemos hacerlo. Como sociedad, debemos primero analizar quiénes nos gobiernan, no por nuestro propio bien individual, sino por el bien colectivo. Si aún no se han dado cuenta, todo lo que hacemos individualmente, afecta colectivamente.

Sabemos que no nacemos con las mismas oportunidades o ventajas para afrontar al mundo. Sin embargo, como sociedad debemos asegurar equidad para todos. Como un padre con cinco hijos, este les dará igualmente a todos una buena base, educación; lo demás depende de cada hijo.

Recordemos que la función del Estado es velar por el bienestar de nuestro país. Ojo: no debemos confundir el Estado con gobierno. El gobierno meramente es parte del Estado y su función es la administración de sus poderes; aquí radica la importancia de dar nuestro voto a quienes realmente nos representan como sociedad. El comportamiento de nuestros gobernantes es un reflejo de la sociedad actual.

Ningún gobierno tiene una varita mágica que arreglará todos los problemas. En cambio, queda en nuestras manos como sociedad ayudarnos mutuamente, no perder la esperanza, abogar por nuestros derechos, que se utilice bien las arcas del Estado, sin crear una mentalidad de miedo y confusión.

Es difícil en estos tiempos actuales que vivimos en incertidumbre, pero debemos confiar en nosotros mismos y unos de otros para salir del problema, sin perder la fe y esperanza. Cada detalle, buena acción o palabra que hagamos hace la diferencia. Cuando te pregunten “a ti, ¿qué te importa o por qué lo haces?”, recuerda que toda acción individual está conectada a una acción colectiva.

La autora es abogada

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