COVID-19

Inmunidad de rebaño, un as bajo la manga (III)

La inmunidad natural de rebaño y la inmunidad artificial por vacunas son sinérgicas y complementarias, no sincrónicas en estos momentos. Como científico estoy convencido de la importancia de ambas y que son la salida efectiva para la erradicación y cura de la pandemia.

La inmunidad natural adquirida, única existente actualmente, seguirá haciendo su sabio, natural y aun insuficiente trabajo con los pacientes recuperados. Panamá, no cuenta con estudios de seroprevalencia  masivos, aunque me atrevo asegurar que las proyecciones actuales de más de noventa mil inmunizados son ridículas. Esto sería evidente si se aplicaran las pruebas de seroprevalencia masivas que fácilmente deben triplicar las actuales con evidencias científicas y de laboratorio.

Afortunadamente detrás de la mayoría de los proyectos de vacuna fase III existe una rígida y sobria solemnidad científica, que a mi me da tranquilidad. No olvidemos que en este momento no existe ninguna de las noventa vacunas propuestas con siete distintos mecanismos.

La rígida y sobria solemnidad científica no se puede aplicar a todos los noventa proyectos de vacuna, algunos considerados como mamotretos que no llegan al prólogo de la fase I.

El derecho a la vacunación es parte de la libertad inalienable del individuo y debe ser respetada, la obligatoriedad o no, estoy seguro será tema de debates filosóficos, éticos y legales. Todo esto es parte de la naturaleza humana y su vocación democrática aunque muchas veces anárquica. En Panamá con antecedentes de intoxicaciones masivas por dietilenglicol, evidencias de productos de higiene con alcohol metílico, un veneno mortal y un pueblo huérfano de confianza hay que hacer una campaña educativa ejemplar, nunca coactiva donde cada quien cuente con los elementos suficientes para tomar sus decisiones.  Son estas decisiones de carácter individual, las que terminan afectando el bien común.  Duro ejercicio incluso para un prohombre como Benito Juárez  (El derecho al respeto ajeno es la paz. 1867).

Los millones de balboas gastados en la compra de vacunas, que luego son desechadas, otros tantos millones de balboas en medicamentos vencidos y desechados  en el Hospital Santo Tomás, entre otros (que espero el Controlador esté investigando) son  hechos que flaco favor le hacen al “país de los millones”, donde se agrede día a día  la confianza de un pueblo golpeado y solamente exaltado por la real y cruda desesperación . Tampoco es menos cierto que algunos segmentos de la población tendrán preferencia por el origen de las vacunas. Unos las preferirán norteamericanas, otros chinas, o tal vez soviéticas  y quizás panameñas.

Y aunque parezca increíble, no se puede ocultar el movimiento de los antivacunas, probablemente alentado por algunas de las  bellezas precitadas.

Espero que exista un plan bien estructurado para  ganar, mediante argumentos científicos y docentes, la aceptación o rechazo de la vacunación masiva y voluntaria .

Finalmente, me siento profundamente avergonzado al  ver cómo se desarrolla una batalla campal entre colegas por el uso y utilidad de un medicamento. Las cuatro décadas que llevo en el ejercicio público y privado de la cirugía, la docencia y la atención médica a decenas de miles de pacientes, me dan la autoridad y el entendimiento de conocer y tratar con “esos egos “.

¡Siento vergüenza por pena ajena! Real Vergüenza.

¿Cómo se sentirá  la comunidad cuando su esperanza “científica” muy lejos de ponerse de acuerdo, los atiborran de dudas y temores?

Conociendo mi voluntaria franqueza y muchos hechos más que no vienen al caso, me mantengo profundamente avergonzado pero por lo pronto al margen.

Finalmente, espero y confío que  todo esto no sea el preámbulo de  una febril campaña publicitaria tipo black friday a favor de tal o cual vacuna.

Esperemos  los resultados y guías  de las vacunas en fase III. No estamos en Christie’s o Sotheby’s,  las grandes subastadoras. ¿Quién ofrece  más? Creo en las vacunas, pero aún no existe la de la Covid-19.

Ojalá llegue el momento de “desvestir un santo, para vestir otro”

El autor es Médico

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