Cambio social

No hay vuelta atrás

Los sucesos ocurridos a lo largo del 2020 son muestra clara de que el rumbo de la historia se está forjando. Las protestas en Estados Unidos contra la discriminación y la caída de estatuas de personas afines a la opresión son ejemplo de que la visión de pueblos está cambiando.

Panamá no escapa de esta realidad discriminatoria. Desde que inició la República, ningún negro ha ocupado la Presidencia. Solo algunos pocos mestizos y mulatos, ya que persevera la predominante tez blanca presidencial. Además del color de piel, nunca ha ocupado el poder Ejecutivo un apellido que pertenezca a los menos favorecidos.

En las protestas contra las reformas constitucionales participó parte de la clase media. Mientras que la clase baja, que son los que más sufren en nuestro país, no opinaron. Se ha institucionalizado en la psiquis de la sociedad que la realidad solo puede ser de una sola manera. En la que existe una clase privilegiada que escapa del fisco, no la toca la ley, que no debe buscar trabajo porque sus influencias ya se lo aseguraron. En la que la corrupción política es imperante, la impunidad es un regalo, y los miles de millones del Estado que han desaparecido son un premio. Y en el que las personas que andan a pie deben tener una educación mediocre, el dinero no alcanza para la quincena, y de la ignorancia no existe posibilidad de escapar. Para construir una sociedad de paz, todas las personas deben reconocer el lugar que ocupan. Porque no pueden existir riquezas o impunidad que se cimienten en la opresión. La solución que necesitan los pueblos no proviene del comunismo ni del capitalismo. Mucho menos de la violencia. El único camino para alcanzar la paz es posible respetando los derechos inherentes de cada individuo.

El autor es estudiante de derecho

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