Política exterior

Panamá y el África del Norte

Durante las últimas décadas las relaciones de Panamá con el África del Norte se han expandido significativamente. Esta subregión del continente africano está compuesta por siete estados, a saber: Argelia, Egipto, Libia, Marruecos, Sudán, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y Túnez. Nuestro país mantiene relaciones diplomáticas con todos estos estados y ha establecido vínculos de embajadas con Egipto, Libia, Marruecos y la RASD. Este creciente interés de nuestra política exterior por el África del Norte debe acompañarse, ahora, por un seguimiento a ciertas situaciones que por su naturaleza pueden comprometer la estabilidad subregional. En particular, debido a su importancia geopolítica en el ámbito energético y comercial, África del Norte debe ocupar un espacio importante en la agenda de nuestros analistas de política exterior.

Recientemente, Marruecos y Sudán normalizaron sus relaciones diplomáticas con Israel. Como contraprestación, los Estados Unidos de América (EE.UU.) reconocieron la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental y removieron a Sudán de la lista del Departamento de Estado de países patrocinadores del terrorismo internacional. En el caso particular del Sahara Occidental, el reconocimiento de la soberanía marroquí representa un duro golpe diplomático a la RASD y al Frente Polisario en su disputa territorial con Marruecos, así como a las aspiraciones de autodeterminación del pueblo saharaui. En ese sentido, será importante observar los efectos de este nuevo desarrollo en la ya complicada relación entre Marruecos y Argelia. Adicionalmente, distintos analistas y centros de pensamiento coinciden en que será muy difícil que otros actores clave como la Unión Europea cambien su postura respecto al Sahara Occidental y emulen la asumida por los EE.UU. Para la Unión Europea, por ejemplo, es muy probable que el Sahara Occidental siga siendo un territorio no autónomo administrado de facto por Marruecos y, consecuentemente, los productos extraídos o producidos en este territorio continúen sin acceso a aranceles preferenciales.

En Libia, los desarrollos recientes son algo alentadores. El cese al fuego de Octubre 2020, negociado bajo los auspicios de Turquía y Rusia, continúa en función. Igualmente, el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) – apoyado por Turquía y Catar – y el Ejército Nacional Libio (liderado por el General Khalifa Haftar) – apoyado por Rusia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos – parecen intentar llegar a un acuerdo para formar un gobierno de unidad nacional y convocar a elecciones para finales de 2021. Independientemente de esto, la capacidad de producción de petróleo de un país mermado por una guerra civil y los efectos de cuestiones geopolíticamente sensitivas como la explotación de las reservas de gas natural en el Mediterráneo Oriental a través de un acuerdo firmado entre Turquía y el GAN, pueden convertirse en puntos inflexión que lleven a la reactivación de las hostilidades.

La realidad de Egipto y Sudán tampoco es tan sencilla. La Gran Represa del Renacimiento en el Nilo Azul promovida por Etiopía (otro Estado con el que recientemente establecimos relaciones diplomáticas a nivel de Embajada), despierta preocupación en Egipto por las serias afectaciones que dicho proyecto podría causar en el delta del Nilo, así como en la agricultura del país y en materia de acceso al agua. Por su parte, Sudán, aliado de Egipto, ve dicho proyecto como una oportunidad pues podría ayudar a controlar las inundaciones que de forma reiterada han afectado al país. La Gran Represa del Renacimiento, que sería la más potente de África, le permitiría a Etiopía abastecer de energía hidroeléctrica a toda su población e, inclusive, exportarla. Actualmente, el proyecto es objeto de tensiones políticas y negociaciones tripartitas entre Egipto, Etiopía y Sudán. Su construcción inició en el 2011, en medio de la Primavera Árabe y la inestabilidad política en el Egipto de Hosni Mubarak, y todavía no se tiene una fecha para su culminación.

La remembranza a la Primavera Árabe nos lleva a Túnez. Diez años después de la salida de Ben Alí, la situación económica no mejora y el desencanto de la población continúa. Las grandes conquistas de la naciente democracia tunecina de 2011, tales como la libertad de expresión y la apertura a partidos políticos y grupos de sociedad civil, corren peligro ante un posible resurgimiento del autoritarismo.

Cada uno de los escenarios aquí descritos vislumbran que el África del Norte podría ser un posible teatro de confrontación en los próximos años. También nos recuerda que temáticas como territorios en disputa, cuestiones de índole comercial, el cambio climático, la producción de energía y el acceso al agua van a dominar la agenda de seguridad en los próximos años. Ninguna de estas cuestiones le es ajena a nuestra América. Corresponde entonces darle un seguimiento adecuado a cada una de estos escenarios y empezar a desarrollar ese tan necesario pensamiento estratégico.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional

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