REALIDAD VENEZOLANA

La pesadilla de un amigo

Las comparaciones son odiosas, más aun cuando se comparan crímenes. Un amigo venezolano me mostró un artículo del periódico de su país, y en una de sus páginas decía: “En los tres primeros meses de 2008 se registraron 500 homicidios; es decir, 82 más en comparación con ese año que cerró con 418”.

Luego de leer el artículo, le confesé que esta cifra me parecía astronómica en relación con la criminalidad de mi país. Cuando un país era regido por dictadores, como en los casos de Noriega y Fidel, ellos por lo general reprimían con mano de hierro y fusil la delincuencia y los asesinatos. ¿Cómo es posible que Chávez no hubiera tomado medidas al respecto? – le pregunté. Me respondió que él no tenía una respuesta; no obstante, como inversionista tuvo que abandonar todos sus años de lucha y esfuerzos y dejarlos tirados allá, por el temor de observar con impotencia cómo la criminalidad estaba devastando la tranquilidad de sus hijos y familiares.

Veía con tristeza cómo sus ahorros e inversiones fueron restringidos por leyes trastocadas a capricho de sus uniformados.

Según el amigo venezolano, a su llegada a nuestro país, había encontrado un bálsamo para sus pesadillas; encontró una tierra abonada para su esperanza. ¡De aquí no me saca nadie! –repetía. Empezaré de cero, pero mis hijos vivirán en una tierra donde se respeta el derecho jurídico, donde aún se puede sembrar un árbol sin el temor a que los disfrazados de verde olivo se roben sus frutos.

Ojalá que nosotros como panameños tengamos esa misma sensación de orgullo y de esperanza del amigo venezolano. “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Nuestro pueblo ya transitó por las avenidas de la dictadura; por esta razón, debemos estar vigilantes de que jamás aparezcan estos falsos líderes, imitadores de caudillos fallecidos, líderes disfrazados con uniformes verde olivo.

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