VIOLENCIA Y CRIMEN. LA CAPTURA DEL ÚLTIMO GRAN NARCO COLOMBIANO

Un mafioso de bajo perfil

Para ser considerado por las autoridades de Estados Unidos (EU) y Colombia como el último capo colombiano, Daniel Barrera, alias El loco Barrera, llevaba una vida modesta y reservada, diferente a la de sus predecesores, acostumbrados a lujos y escándalos y, en general, a un alto perfil mediático.

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Un mafioso de bajo perfil

Barrera fue capturado por la policía venezolana el 18 de septiembre pasado, cuando hacía una llamada telefónica desde una cabina pública en San Cristóbal, capital del estado Táchira.

Reportes oficiales de Colombia indican que Barrera escapó a Venezuela en 2008, pero no fue hasta el 6 de agosto pasado cuando las autoridades colombianas alertaron a sus homólogas venezolanas sobre la presencia del capo, señalado como líder de una red dedicada al tráfico de cocaína a EU y Europa, usando como escala a Venezuela y países de Centroamérica y África, de acuerdo con la agencia de noticias AFP.

El ministro del Interior y Justicia de Venezuela, Tareck el Aissami, informó que la red de Barrera operaba en los departamentos del Meta, Guaviare, Caquetá y Putumayo, y en parte del distrito capital de Bogotá.

Era requerido por dos cortes de Nueva York y una de Florida, en EU, tras el envío de unas 900 toneladas de cocaína en los últimos años. EU ofrecía una recompensa de $5 millones por él y, junto con el Reino Unido, aportó información para su captura, informaron las agencias EFE y AFP.

Pero a pesar de ser ese mafioso, quienes lo conocieron en la posada El Remanso de Pueblo Nuevo, en el sector Las Pilas de San Cristóbal, no dan crédito a esa condición y afirman que, por el contrario, Barrera era un hombre reservado, que apenas salía de su habitación y no recibía visitas.

Eleonora Delgado, del diario El Nacional, fue hasta el hospedaje y conversó con los empleados que lo atendían a diario y a los que daba instrucciones desde la mañana sobre la comida que ingeriría durante el día.

Los empleados lo recuerdan como un hombre delgado, que daba buenas propinas y hablaba con un acento similar al de los nacidos en la occidental ciudad de Maracaibo; de allí que le decían El maracucho.

Aunque en ocasiones hablaban de las marcas de quemaduras que Barrera tenía en las manos, no se imaginaron que se las había provocado él mismo para evitar ser identificado por sus huellas dactilares. Tampoco pensaron que su delgadez era el resultado de una liposucción y otras cirugías plásticas, con las que pretendía cambiar su fisonomía.

Según contaron, Barrera salía de vez en cuando a caminar por la zona. No manejaba ni tenía carro o chofer. Lo que ellos no sabían era que en esos momentos contactaba a sus lugartenientes en Colombia, a través de 69 teléfonos públicos y que desde allí controlaba la operación de su cartel, conocido como Ejército Revolucionario Popular Anticomunista de Colombia, según AFP.

Al final, el uso de uno de esos teléfonos, pinchado por la policía venezolana, condujo a su detención.

“No era él el que mostraban en la televisión. El que estaba en la posada era muchísimo más delgado. Cuando vimos la foto en la TV nos sorprendimos. No pensamos que fuera un capo”, contó a Delgado uno de los empleados del hostal.

ANTECEDENTES

Nacido en los Llanos Orientales de Colombia en 1968, publicaciones periodísticas colombianas fijan el inicio de sus actividades criminales en los años 80.

Una nota de EFE indica que de adolescente fue reclutado por su hermano mayor, Omar, quien lo convenció de que abandonara la capital y se fuera con él a las selvas del Guaviare, donde comenzó mezclando los químicos de la pasta de coca. Al poco tiempo se ganó el apodo de El cocinero.

Más tarde, en los años 90, su hermano fue asesinado y él se hizo cargo de las operaciones de narcotráfico, no sin antes ultimar a los autores materiales del crimen.

Pero, en vez de enfrascarse en una guerra con otros grupos, pactó con ellos. De hecho, a partir de 2006 se alió con las bandas resultantes de la desmovilización de los paramilitares e, incluso, negoció con cabecillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, de la talla del Mono Jojoy.

Su principal socio, Pedro Oliverio Guerrero Castillo, apodado Cuchillo, fue ultimado por las autoridades colombianas en 2010 y desde entonces Barrera figuraba como el último “gran capo” de ese país.

Pedido en extradición por EU, Barrera sigue en Venezuela, desde donde será deportado a Colombia en los próximos días.

Un recuento histórico publicado por El Nacional, el 20 de septiembre pasado, da cuenta de que la policía venezolana ha capturado a 12 narcotraficantes colombianos de alto perfil, en los últimos 15 años. Entre ellos figuran Justo Pastor Perafán, detenido en San Cristóbal en 1997, tras cambiar su rostro en una operación cosmética. Fue condenado a 30 años de cárcel en EU.

Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, uno de los cabecillas de La oficina de Envigado, fue apresado en Maracaibo en noviembre de 2011, mientras que en agosto pasado, Ericsson Vargas Cardona, alias Sebastián, corrió la misma suerte. En Venezuela también fue detenido Diego Pérez Henao, líder de la banda Los Rastrojos.

En tanto, Wilber Alirio Varela, alias Jabón, jefe del cartel del Norte del Valle, fue asesinado en Mérida en febrero de 2008.

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