Una noche inolvidable

La primera noche que estuvo en Panamá Juan Bonilla parece sacada de una película de terror de los estudios Universal durante la década de 1930.

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Gabo, en tres memorias

El autor español iba rumbo a San José (Costa Rica), pero el tiempo en los cielos obligó al avión que lo transportaba a desviar el vuelo, y aterrizó en un istmo que doblegaría a los mismísimos Béla Lugosi y Boris Karloff.

“Aquella noche me metieron en un cuarto con goteras, donde conocí a un mosquito gigante que se quedó con la mitad de mi sangre”, recuerda, en broma y en serio, el escritor que visita Panamá, ahora sí, formalmente y sin insectos del tamaño de un Drácula alado de por medio.

AUTOR PREPARADO

Bonilla llega con la actitud del estudiante aplicado de la clase, ya que antes de su segundo encuentro con nuestra tierra se había leído, de cabo a rabo, una antología de la poesía vanguardista latinoamericana a cargo de Juan Manuel Bonet.

“Este viaje me sirve para indagar algo más en figuras como los poetas panameños Rogelio Sinán, Roque Javier Laurenza, Demetrio Korsi y Demetrio Herrera”, dice Bonilla, que está en la Feria Internacional del Libro de Panamá para presentar Prohibido entrar sin pantalones hoy viernes a las 6:00 p.m., en el salón Bejuco-Chocoe del centro de convenciones Atlapa.

Hay que resaltar que la obra Prohibido entrar sin pantalones fue premiada este año en la I Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.

Tal distinción sobre esta obra en torno al poeta ruso Vladimir Maiakovski “le devolvió la vida a mi novela, la resucitó, le dio una importancia y una presencia que hasta el premio no había tenido”.

Encima, Mario Vargas Llosa fue “muy generoso escribiendo un artículo sobre ella” en su columna “Piedra de toque”, que se publica en el periódico La Prensa.

ADMIRAR AL NOBEL

No recuerda cuál obra del Nobel de Literatura leyó primero, quizás fue La ciudad y los perros o a lo mejor La tía Julia y el escribidor.

En cualquier caso, “dado que era muy chaval cuando las leí, lo que más me impactó era lo que me impactaba siempre que leía un libro que me encantaba: el nacimiento del deseo de que me gustaría escribir así”.

Ambas novelas del creador peruano, además, son las preferidas de Juan Bonilla.

La ciudad y los perros, por su ritmo, su prosa y “esa hondura de los personajes”.

Mientras que La tía Julia y el escribidor, “porque mucho antes de que se hablara de autoficción, ya estaba Vargas Llosa descubriéndola, y además con un libro que no se puede leer de una vez porque es interrumpido constantemente por las carcajadas”.

A Bonilla le parece una nouvelle perfecta Los cachorros, sin olvidar los magistrales ensayos sobre Gustave Flaubert, Víctor Hugo y Juan Carlos Onetti, y La guerra del fin del mundo, “una de las obras más ambiciosas y logradas de la narrativa en español del siglo XX”.

Sobornos, trampas y demás hechos deshonestos están presentes en la novela Los corruptores, que Jorge Zepeda trae hoy viernes a las 7:00 p.m. al salón Trenzado-Lagunilla de Atlapa.

Zepeda retrata en su obra a su México natal, que como otros países de continentes diversos, “arrastra los vicios no superados de la corrupción política de antaño con la emergencia de nuevas prácticas democráticas instaladas a medias y una opinión pública más crítica”.

El resultado es que la corrupción “se exhibe más que antes, pero no está claro si eso la está disminuyendo”.

Es probable, dice, que en otras latitudes los políticos en descomposición son más sutiles en sus actos delictivos, pero en América Latina, “con la ausencia de instituciones y prácticas de rendición de cuentas, el margen para delinquir” es de consideración.

“Los políticos no se van a corregir solos. Es mediante la participación ciudadana y la exigencia que lleve a construir prácticas de rendición de cuentas y transparencia de la información que lograremos avances en esta dirección”, resalta.

La corrupción, opina, es una práctica inscrita “en la vida social desde el principio de los tiempos. En todo lugar donde hay impunidad y ausencia de derecho, surge tan inevitable como el hongo en la humedad”.

Sobre México D.F. destaca que esta ciudad le imprimió la atmósfera a Los corruptores. “La ciudad constituye un protagonista necesario. De la misma forma que la vida de todos nosotros, particularmente los que habitamos en ciudades grandes, es condicionada para bien y para mal por la geografía urbana”.

DANIEL DOMÍNGUEZ Z.

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