Sobre un pilar de la civilización

Sobre un pilar de la civilización
DaTO. El olivo y su fruto, la aceituna, tienen una historia trascendental. Fotolia

La primera vez que me tomé a una paloma en serio fue en segundo grado. Leí en La Historia Sagrada que la paloma (de la que sabía que indio, paloma y gato, animal ingrato y mi experiencia con esta tripleta se limitaba a ´Micho´, el gato de la casa) volvió al arca de Noé con una ramita de olivo en el pico.

+info

En torno a un árbol milenario

En vista de la salvada que se pegó la humanidad, decidí prestarle más atención a no solo la paloma, sino también a la aceituna (mis padres me informaron de la relación entre ambos), y sentí más curiosidad por los especímenes aquellos rellenos de pimentón que aparecían como pecas sobre el arroz con pollo, o como rompemuelas (esta vez con pepa) escondidas en los tamales.

Pasó el tiempo y me hice de un amigo griego, cuya madre siempre tenía en la nevera un enorme frasco, como los de confitero o apotecario, relleno de aceitunas griegas (luego aprendería a decir kalamata) que no guardaban relación alguna con las roquitas verdes que habitaban dentro de los tamales. Muchos viajes y muchas aceitunas más tarde (con su cuota razonable de martinis de por medio), me encuentro aquí, en frente de mi disco duro, tratando de decidir qué incluir sobre este tema tan extenso, y llego a la conclusión de que lo mejor será comenzar por lo que me gusta, la historia. Así que veremos el tema de las aceitunas y de los olivos, pilares fundamentales de las civilizaciones que rodean el mar Mediterráneo.

Edición Impresa