El suicidio de la democracia

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Desde el principio del verano en que las leí, llevo días y días reflexionando sobre unas declaraciones de Bernardo Bertolucci, el cineasta italiano, sobre el suicidio de la democracia.

Se refiere a nuestra democracia, la surgida de la Revolución Francesa, aquella que hizo despertar los derechos individuales y que soñó, como todas las revoluciones, con el cielo en la tierra.

Ya sabemos que eso, el cielo en la tierra, es imposible, pero los hombres libres, o que creemos que lo somos y luchamos por seguir siéndolo, teníamos como defensa esta democracia de la que nos jactábamos. Era, como se ha dicho, el mejor de todos los sistemas políticos posibles. ¿Era verdad? El comunismo y el nacional-socialismo, en todas sus variantes, se negaron a entender que el hombre es sustancial y vitalmente libre y que sus derechos individuales son inalienables.

La democracia nos daba un suelo estable y lleno de juridicidad que nos hacía movernos sobre este caos estable que somos con una jactancia que ahora se delata exagerada y fuera de tiempo. Quienes tenían que velar por que esos derechos individuales y colectivos fueran pura justicia cotidiana son los primeros que ahora se mofan con sus actuaciones miserables de los ciudadanos que hemos confiado en ellos.

No me refiero solo a los políticos, que están a la vista de todos, sino a las clases dirigentes de la sociedad en general, los mismos que abusan de la democracia, la roban, la pervierten y la arruinan. Y a nosotros con ella.

Bertolucci hace referencia capital a este tipo de suicidio lamentable: los mismos que debían vitalizar la democracia, con su justicia cotidiana y sus libertades individuales y colectivas, son los primeros en saltarse las leyes con una avaricia económica más que sonrojante.

Por eso los comunistas, en su vicio de eterno retorno, sostienen que el comunismo tiene la misma razón de existir hoy que ayer, o quizá más hoy, porque las injusticias y el reparto de la riqueza es hoy todavía más abusivo que ayer. De modo que como perviven las razones para una sublevación comunista, los comunistas siguen en su afán de tener una razón que la Historia les ha quitado hace tiempo.

Del nacionalsocialismo tengo poco que decir: les confieso que si hubiera nacido 20 años antes de la Segunda Guerra Mundial hubiera sido cazador de nazis por vocación. Creo que con eso queda todo dicho. Soy, desde que tengo uso de razón, un empedernido defensor de las libertades, de las de los demás y de las mías, porque formo parte de los demás y de mí mismo. Pero esto que vemos ahora, con la política sometida a los vicios fanáticos de los mercados (¿y quiénes son los mercados?) y dejándose dominar las castas de la élite por una avaricia sin fin, ¿dónde nos lleva? Según Bertolucci, un hombre de izquierdas sin duda pero bastante moderado en su forma y en su fondo, al suicidio de la democracia tal como la conocemos.

Tengo la impresión de que cada vez más Bertolucci tiene razón. No me dejo impresionar, por cierto, por ciertos episodios escandalosos, por robos de políticos y empresarios, de sindicatos y otras federaciones mafiosas, pero es asombroso que la democracia aguante todos estos embates que sus dirigentes permiten y cultivan para beneficio propio. Eso no es un escándalo, eso es sencillamente un error: el suicidio de la democracia.

Es posible que tengan bastante razón quienes dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Pero hemos perdido incluso el sentido de la esperanza tal como la entendíamos hace unos años. Sí, el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, en mi caso particular tengo poco de qué quejarme, la vida me ha tratado tan bien que soy uno de los que reconoce ser un privilegiado en un mundo desgastado y entristecido, lleno de injusticias y asombrosamente abusivo. ¿Estamos mejor que ayer? ¿Qué es estar mejor, qué es ayer, qué es hoy y mañana?

Tiempo, es solo tiempo. Si comparamos nuestro tiempo con el del siglo XIX, seguro que podemos decir que ahora estamos mejor, pero con el gran avance del tiempo cabe preguntarse si estamos también como justamente tendríamos que estar.

No. No estamos todo lo avanzados que podemos estar hoy porque nuestros dirigentes son una bazofia moral, les importa poco el malestar o el bienestar de sus pueblos. Son unos miserables que carecen de la más mínima conciencia moral y solo aspiran a seguir embolsándoselo todo, mientras la inmensa mayoría de la humanidad no come, sufre enfermedades perfectamente curables hoy en día y avanza hacia la nada, mientras -y por eso mismo- nuestra renqueante democracia camina como un caballo viejo hacia su propio suicidio, como bien dice un lúcido Bernardo Bertolucci, testigo inclemente y digno de este tiempo nefasto que vivimos.

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