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Entre dos maestros

Sobre el día que conversaron en la ciudad capital los pintores José Luis Cuevas (México) y Manuel Adán Vásquez (Panamá).

Irreverente de principio a fin

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En febrero de 1981 fue el encuentro entre Manuel Adán Vásquez (izquierda) y José Luis Cuevas. En febrero de 1981 fue el encuentro entre Manuel Adán Vásquez (izquierda) y José Luis Cuevas.

En febrero de 1981 fue el encuentro entre Manuel Adán Vásquez (izquierda) y José Luis Cuevas. Foto por: Cortesía

José Luis Cuevas, el pintor de la ruptura y maestro del grabado, falleció el pasado lunes 3 de julio. Tenía 83 años. José Luis Cuevas, el pintor de la ruptura y maestro del grabado, falleció el pasado lunes 3 de julio. Tenía 83 años.

José Luis Cuevas, el pintor de la ruptura y maestro del grabado, falleció el pasado lunes 3 de julio. Tenía 83 años.

Cuevas dejó un legado artístico que lo convirtió en uno de los máximos creadores plásticos del mundo durante el siglo XX. Cuevas dejó un legado artístico que lo convirtió en uno de los máximos creadores plásticos del mundo durante el siglo XX.

Cuevas dejó un legado artístico que lo convirtió en uno de los máximos creadores plásticos del mundo durante el siglo XX.

El pintor panameño Manuel Adán Vásquez nunca olvidará el mes de febrero de 1981. En aquella fecha conoció a José Luis Cuevas, artista mexicano que falleció el pasado lunes 3 de julio, a los 83 años.

Para entonces, Cuevas ya era un creador polémico y admirado dentro y fuera del circuito cultural de América Latina.

Por ejemplo, era conocido que Pablo Picasso lo respetaba tanto que compró dos de sus dibujos, y que Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros le tenían algo parecido al odio, porque un joven José Luis Cuevas escribió una serie de artículos, a finales de la década de 1950, contra estos portaestandartes del muralismo mexicano. Era impensable que alguien se atreviera a criticar a estas leyendas y él lo hizo, porque pensaba que con el tiempo ellos se habían vendido al mercado.

LA OCASIÓN

Cuando José Luis Cuevas (1934-2017), uno de los más renombrados miembros de la Generación de la Ruptura mexicana, visitó el istmo, llegó un viernes.

Durante ese fin de semana, recuerda Manuel Adán Vásquez, conversó con grandes figuras de la pintura nacional como Alfredo Sinclair, Guillermo Trujillo, Manuel Chong Neto, Carlos Arboleda y Alberto Dutari, entre otros.

“Algunos los conoció al visitarlos en sus estudios o en sus casas, y a otros en el Banco Nacional para conocer la colección que tiene este banco”, recuerda Vásquez, quien confesó que conocer a Cuevas fue importante para cimentar su carrera en las artes plásticas.

LA LLAMADA

El lunes siguiente, Manuel Adán Vásquez asistió, como todos los días, al Centro de Arte y Cultura del Ministerio de Educación, donde laboraba como profesor en horario vespertino.

Apenas ingresó, lo recibió entusiasta Ana, la secretaria de esta institución académica, quien le preguntó si ya se había comunicado con José Luis Cuevas.

Cuando la respuesta fue no, entonces ella le propuso que lo llamara “al hotel Soloy, donde él se hospedaba, y le dije que no, que eso ya había pasado, que eso no valía la pena, y me fui a la clase para atender a los alumnos. Luego Ana me volvió a llamar y me dijo contenta: ‘lo tengo al teléfono”.

Vásquez quedó de piedra ante tamaña sorpresa y por eso solo se le ocurrió responder: “hola, maestro, ¿cómo está?’. ‘Aquí, muy bien. Vásquez, vi un cuadro suyo en el Banco Nacional y me preguntó por qué no estuvo en la reunión’. Me dijo que quería verme, pero que se iba al día siguiente y que tenía unas reuniones previas que debía realizar. Si iba en una hora y media, tipo a las 2:00 p.m., me aseguró que me atendería en el vestíbulo del hotel”.

Vásquez estaba entre nervioso y emocionado ante la invitación. Tenía unas cuantas obras suyas a la mano, aunque no sabía cómo transportarlas.

Fue cuando se le ocurrió llamar por teléfono a su amigo Alfonso Gómez Santos, quien tenía un estudio de fotografía en la ciudad capital, “y él me mando con su chofer con unos cuadros míos al hotel donde estaba Cuevas. A la media hora bajó Cuevas a la recepción, porque estaba atendiendo a una chica de turismo”.

Vinieron las presentaciones de rigor “y me dijo que iba a hacerme una crítica de arte sobre mi obra, porque le había gustado mucho, una nota que luego salió en varios periódicos de la época”.

EL TEXTO

El autor de esculturas representativas como “La Giganta” y “La figura obscena”, tomó una hoja de papel en blanco y ese 24 de febrero de 1981 escribió lo siguiente sobre la creación del istmeño: “he visto con enorme interés la obra del artista panameño Manuel Adán Vásquez, y quiero dejar este testimonio del entusiasmo que dejó en mí. Su obra se aleja del internacionalismo al que se acercan algunos pintores latinoamericanos, pensando que así lograrán despertar el interés de los mercados artísticos de Nueva York y Europa. Vásquez persevera en una pintura honesta y con acento propio. Esta opinión es compartida por otras personas que conocen su obra. Felicito a Vásquez por su obra y le auguro un amplio reconocimiento a su labor callada y constante”.

Esas palabras de un maestro del calibre de Cuevas marcaron a Vásquez, quien con más ímpetu siguió su andar, una evolución que ha llevado su arte no solo a las principales galerías y museos de Panamá, sino también a destacados centros en Medellín y Bogotá (Colombia), San Antonio, Nueva York y Miami (en Estados Unidos), San José (Costa Rica) y Managua (Nicaragua), entre otros.

Años después José Luis Cuevas regresó a Panamá con una individual que se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo.

“Estaba lleno el día de la inauguración y me acerqué donde él. Cuevas quería bien a Panamá y me dijo que teníamos muchos buenos artistas, aunque fuéramos un país tan pequeño”, indica Vásquez.

Sobre el valor de José Luis Cuevas, Vásquez destacó que era “un gran dibujante; un artista que manejaba muy bien el grabado, y su obra en blanco y negro es destacada, así como su trabajo en tinta china y sus esculturas. Su obra es bastante vanguardista y moderna. Tiene un lugar en la historia de la pintura mundial”.

Irreverente de principio a fin

El artista plástico mexicano José Luis Cuevas falleció a inicios de julio en un nosocomio privado.

“Fue un irreverente, pero un gran artista, un gran dibujante”, dijo la secretaria de Cultura, María Cristina García, al referirse al que nació el 26 de febrero de 1934 en ciudad de México, pero su familia aseguraba que la fecha real era 1931. “Me gustaría tener hoy 10 años menos para dejar de pensar en la muerte, a la que le tengo un miedo terrible”, dijo Cuevas en una entrevista con AFP realizada en 1995 en Quito. “Quiero vivir hasta los 120 años, aunque confieso que me gustaría ser inmortal”.

Su primera exposición individual la realizó en 1959 en una galería de Buenos Aires. Al año siguiente por segunda vez expone en solitario, esta vez en la galería Herbert de New York, exposición que le valió ser descrito como uno de los “grandes dibujantes del mundo” por un crítico de The New York Times. En México, hace 25 años, se inauguró un museo que lleva su nombre.

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