LA ELECCIÓN DEL PAPA 266 ABRE UNA NUEVA ERA PARA LA IGLESIA CATÓLICA

Francisco, papa en tiempos difíciles

En sus primeras palabras, Francisco pidió a los fieles que rezasen por él y en un gesto sin precedentes se agachó en señal de sumisión hacia la gente.
CON PEDRO COMO TESTIGO. El papa Francisco se presenta y dirige por primera vez a la congregación que, desafiando el frío, esperó expectante para conocer al nuevo líder católico.AP/Alessandra Tarantino CON PEDRO COMO TESTIGO. El papa Francisco se presenta y dirige por primera vez a la congregación que, desafiando el frío, esperó expectante para conocer al nuevo líder católico.AP/Alessandra Tarantino
CON PEDRO COMO TESTIGO. El papa Francisco se presenta y dirige por primera vez a la congregación que, desafiando el frío, esperó expectante para conocer al nuevo líder católico.AP/Alessandra Tarantino

El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, bajo el nombre de Francisco, es el primer papa latinoamericano de la historia y debe guiar la Iglesia católica en uno de sus momentos más complicados.

Bergoglio, de 76 años, no contaba en ningún pronóstico; pero el jesuita arzobispo de Buenos Aires se convirtió este miércoles en el papa 266.

No es el primer pontífice de habla hispana, porque en el pasado hubo papas españoles como el famoso papa Borgia, Alejandro VI en el siglo XV. Pero su elección marca un importante hito para América Latina, que reúne a la mayor población católica del planeta: 501 millones de personas, 42% del total de mil 200 millones de fieles, según estadísticas de la Santa Sede.

Tras la renuncia de Benedicto XVI se había especulado con la posibilidad de que la Iglesia buscara a un pontífice más joven. Se barajaron nombres como el del italiano Angelo Scola y el brasileño Odilo Scherer. Pero los 115 cardenales electores hicieron añicos las quinielas, superaron sus teóricas divisiones con más rapidez de lo previsto y se inclinaron finalmente por el jesuita, reconocido por modernizar la Iglesia argentina, quien en el cónclave de 2005 fue considerado papable.

La fumata blanca en la chimenea de la Capilla Sixtina tras la quinta ronda de votaciones en la segunda jornada de cónclave emergió al cielo lluvioso de Roma a las 7:06 de la tarde. Pero en ese momento, mientras las campanas de la basílica de San Pedro repicaban en señal de júbilo, nada hacía presagiar la sorpresa.

Una hora después se abrieron las ventanas del balcón de la basílica de San Pedro y el famoso Habemus papam (tenemos Papa) desveló la identidad de Bergoglio, que tomó el nombre de Francisco, rompiendo con una larga tradición de nombres papales.

En la plaza de San Pedro, un gesto casi de incredulidad se advirtió entre las decenas de miles de personas que esperaban para saludar al nuevo pontífice entre gritos de “¡Viva el Papa!”.

En sus primeras palabras, Francisco pidió a los fieles que rezasen por él, y en un gesto sin precedentes se agachó en señal de sumisión hacia la gente. Y el silencio se hizo en la plaza. “Recemos por todo el mundo”, dijo Francisco en italiano. “Que este camino de la Iglesia que hoy comenzamos sea fructífero”, agregó entre gritos y aplausos.

Jorge, un joven argentino que viajó a Roma desde Mendoza, admitió que la sorpresa fue mayúscula. “No lo conozco personalmente, pero puedo decir que es una persona muy sencilla, que vive en una casa normal y que usa los medios de transporte públicos”, afirmó.

“Es realmente maravilloso que sea un latinoamericano el nuevo pontífice, por primera vez en la historia”, celebró Gisela, una peruana que también se encontraba en la plaza.

IGLESIA, EN CRISIS

Francisco enfrenta una Iglesia en crisis. El flamante pontífice debe responder a críticas y esperanzas del mundo católico que clama por reformas que permitan a la institución conservar su influencia en una sociedad cada vez más secularizada.

Al anunciar su dimisión prácticamente sin precedentes al trono de Pedro, Benedicto XVI alegó “falta de fuerzas” para hacer frente a su misión en un mundo “sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe”.

Feroz guardián del dogma durante el papado de Juan Pablo II, Benedicto XVI apostó a lo largo de ocho años por la ortodoxia para hacer frente a las amenazas que pesan sobre la Iglesia. Pero su corto pontificado estuvo salpicado de escándalos que han desacreditado a la institución, como el de los abusos sexuales, el del banco del Vaticano –el Instituto de Obras para la Religión (IOR)– y el caso “Vatileaks”, la filtración de correspondencia privada de Benedicto XVI que reveló una trama de abuso de poder en la Curia.

Una semana antes del comienzo del cónclave que este miércoles eligió al austero jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, el cardenal sudafricano Wilfrid Napier, arzobispo de Durban, dijo que el nuevo Papa “deberá interrogarse sobre lo que de verdad sirve al bien de los hombres”. “Las instituciones eclesiásticas deben ser un apoyo a la acción evangelizadora y no un freno. Demasiadas veces se da más hacia el exterior una imagen de contraposiciones y ambiciones que de servicio a los fieles”, agregó en una entrevista con el diario italiano La Stampa.

Aunque a nivel doctrinario no parece haber posturas muy opuestas en la jerarquía eclesiástica, existen diferencias respecto a su gobernanza entre los que trabajan en la maquinaria vaticana y los que viven lejos de Roma.

“La actitud que ha de tomarse en lo que atañe a la pedofilia del clero y la cuestión de la banca vaticana (IOR) son los dos grandes problemas que ven enfrentados a curiales y anticuriales”, escribió el filósofo Paolo Flores de Arcais, director de la revista MicroMega, en un editorial publicado en varios diarios.

Sin embargo, los eclesiásticos relativizan la gravedad de la situación, afirmando que el cristianismo sobrevivió a peores crisis. “No podemos olvidar que todo empezó con una crucifixión y con uno de los 12 apóstoles que lo entregó (a Jesucristo)”, dijo el sacerdote español José María Laporte, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de la Santa Croce. “Es cierto que hay que hacer reformas y que hay cosas que no van, pero siempre ha sido así. Ha habido también momentos en que los hombres de la Iglesia no hemos estado a la altura de las circunstancias, pero eso no significa que todo esté mal”, resumiendo la posición imperante en buena parte de la Iglesia.

Se esperan fuertes presiones de las asociaciones de víctimas, especialmente las estadounidenses, muy activas, para que actúe y castigue a quienes encubrieron los abusos.

Encontrar soluciones al descreimiento creciente y a la fuga de fieles hacia otras religiones, como las evangélicas en Latinoamérica, así como a la disminución de las vocaciones, serán otros retos del nuevo papa Francisco, cuyo primer viaje importante debería ser a Brasil para asistir en julio a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Río de Janeiro. También podría tener que abrir el aplazado debate sobre el celibato de los sacerdotes y el papel de las mujeres dentro de la iglesia, y dar respuesta a las evoluciones de la sociedad en materia de sexualidad y de bioética.

Todo ello mientras continúa promoviendo el diálogo con las otras religiones, en un momento particular con muchas minorías cristianas perseguidas en varios países.

Pero pese a las peticiones de algunos movimientos católicos de base, todo parece indicar que no hay que esperar un nuevo aggiornamento como el del Concilio Vaticano II.

La historia de Bergoglio

Jorge Bergoglio, el primer Papa jesuita de la historia del catolicismo, es un sacerdote argentino de hábitos monacales que no duda en atacar al poder político, aunque paradójicamente su actuación en ese terreno le deparó el capítulo más amargo de su vida clerical.

Creado cardenal en 1998, es descrito por sus conocidos como reservado, poco afecto a lo mediático, preocupado por la marginación social, Francisco gobernaba con firmeza la arquidiócesis de Buenos Aires y proyecta un pontificado sin sorpresas en los desafíos que la sociedad moderna plantea a la Iglesia como la sexualidad, el divorcio, el aborto o la bioética.

Una de sus biógrafas, Frascesca Ambrogetti, lo describe como una “personalidad absolutamente moderada. Es absolutamente capaz de hacer la necesaria renovación (en la Iglesia) sin saltos en el vacío”.

“Coincide con la necesidad de una Iglesia misionera. Que salga al encuentro de la gente, activa y no pasiva. Una Iglesia que no sea reguladora de la fe, sino promotora y facilitadora de la fe”, explicó.

De 76 años de edad, es un hombre austero, de marcada espiritualidad y apegado a las tradiciones seculares del catolicismo.

“Sobriedad y austeridad es su estilo de vida. Viaja en subte (metro), en colectivo (autobús), los viajes a Roma los hace en clase turista”, describió Ambrogetti.

Suele guardar para sus escasas apariciones públicas discursos cargados de palabras duras tanto para los políticos como para la ciudadanía, señalando la pobreza masiva, la marginación y la desigualdad social que vive Argentina. Según medios de prensa internacionales, Bergoglio había sido uno de los cardenales más votados en el Cónclave de 2005 que convirtió al entonces cardenal Joseph Ratzinger en Benedicto XVI.

LOS AÑOS NEGROS

Llegó al sacerdocio a los 32 años, casi una década después de perder un pulmón por una enfermedad respiratoria y de dejar sus estudios de química.

Pese a su ingreso tardío, en menos de cuatro años llegó a liderar la congregación jesuita local, un cargo que ejerció de 1973 a 1979. Su ascenso coincidió con uno de los períodos más oscuros de Argentina: la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1982, , lo que le deparó fuertes críticas.

ACUSACIONES

El cuestionamiento remite al secuestro de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, que realizaban tareas sociales en barriadas de extrema pobreza, detenidos clandestinamente por el Gobierno de facto. Según la acusación, Bergoglio les retiró la protección de su orden religiosa. Ambos párrocos sobrevivieron a un encierro de cinco meses.

El señalamiento consta en el libro El silencio del periodista Horacio Verbitsky, también presidente de la entidad privada defensora de los derechos humanos Centro de Estudios legales y Sociales. Se apoya en manifestaciones de Yorio, uno de los jesuitas secuestrados, antes de fallecer por causas naturales en 2000.

“La historia lo condena: lo muestra como alguien opuesto a todas las experiencias innovadoras de la Iglesia y sobre todo, en la época de la dictadura, lo muestra muy cercano al poder militar”, señaló tiempo atrás el sociólogo Fortunato Mallimacci, exdecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

El hoy Papa ha negado vehementemente las acusaciones. Además, quienes le apoyan sostienen que no se han probado esas acusaciones y que, por el contrario, Bergoglio ayudó a muchos a escapar de las fuerzas armadas durante los años de plomo. De hecho, el propio Bergoglio, en su defensa explicó en una entrevista publicada en el diario Perfil el 18 de abril de 2010 que no solo no entregó a nadie, sino que escondió a varios perseguidos en su residencia, incluso pasó de contrabando por la frontera con Brasil a un perseguido, tan parecido a él que usaron su documento de identificación personal y sus ropas de clérigo.

En el Vaticano, lejos de la mancha ignominiosa de la dictadura que aún sobrevuela sobre muchos de los que tuvieron actividad pública en esa etapa de Argentina, se espera que este hombre conduzca la estructura de la Iglesia con mano férrea y marcada preocupación social.

ENFRENTAMIENTOS

Los políticos argentinos fueron varias veces blanco de la retórica filosa del sacerdote, que los ha acusado de no combatir la pobreza y querer enquistarse en el poder.

En 2010, también se enfrentó al gobierno de la presidenta Cristina Fernández cuando impulsó una ley para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”, escribió Bergoglio en una carta días antes de que el proyecto fuera aprobado por el Congreso.

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