obispo auxiliar de san pedro sula, Rómulo Emiliani

´Monseñor es nuestra fuerza´

Uno de los desafíos del prelado panameño es que jóvenes en riesgo social y expandilleros aprendan un oficio y se alejen de la violencia.

Hace 13 años que Rómulo Emiliani salió de Panamá, por su propia seguridad, ante las amenazas de grupos armados que se oponían a su labor como vicario en la provincia de Darién, puesto que ocupaba desde 1989.

De aquí partió a Estados Unidos, donde estudió una especialización en teología, pero su mayor reto llegó en 2002 cuando tomó posesión como obispo auxiliar de la Diócesis de San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante de Honduras, y considerada la más peligrosa del mundo por organizaciones internacionales.

Emiliani, quien nació el 3 de mayo (Día de la Cruz) de 1948, en Colón, estudió la primaria y primer ciclo en el colegio La Salle y continuó el bachillerato en Letras en el colegio Abel Bravo.

Comenzó la carrera de derecho en la Universidad de Panamá, pero sintió el llamado de Dios y se fue a Madrid, España durante 8 años a licenciarse en filosofía y teología, en la Universidad Marqués de Comillas de los Jesuistas. Fue ordenado sacerdote en agosto de 1976.

El obispo auxiliar de San Pedro Sula pertenece a la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos como claretianos, cuya misión es salvar las almas de todo el mundo.

Precisamente ese es el trabajo de Emiliani: salvar el alma de 8.5 millones de hondureños, pero para lograrlo debe encontrar la manera de que la violencia disminuya en el país centroamericano donde estadísticas del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos revelan que al día se registran 19 muertes violentas (572 al mes), y según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe el índice de pobreza es de 66.5%.

San Pedro Sula, fundada en 1536, es la ciudad económica de Honduras; tiene 1.6 millón de habitantes y produce el 63% del producto interno bruto del país, que según cifras del Banco Central Hondureño es de $18 mil 379 millones.

LOS LOGROS

Este diario visitó la semana pasada San Pedro Sula para conocer de cerca el trabajo que realiza el prelado panameño en Honduras.

El 5 de junio llegamos en busca de Emiliani al obispado, cerca a la catedral de San Pedro Apóstol, ubicada en la plaza central de San pedro Sula. En el lugar impera la sencillez.

La puerta del busito que trasladaba al equipo periodístico, se abre y aparece Emiliani. Su cabello y barba están cubiertos de canas, y en su pecho cuelga el crucifijo que lleva desde hace 24 años consigo.

Nos muestra su oficina, donde hay equipos de televisión y edición, utilizados para grabar el programa ´Un Mensaje al Corazón´; se ven libros por todos lados y también recuerdos que le han regalado sus feligreses en cada pueblo que visita para llevar la palabra de Dios.

Cuenta que se levanta todos los días a las 4:30 a.m., y minutos después va a la capilla donde permanece una hora; luego hace ejercicios y al terminar regresa a la capilla con algunos sacerdotes para seguir orando. Nos muestra el patio central y afirma que es un buen lugar para meditar.

Al terminar su rutina matinal, el obispo auxiliar empieza sus labores que incluye oficiar misas, predicar en pueblos remotos, en las cárceles, asistir a reuniones, atender los problemas de la Diócesis de San Pedro Sula, conseguir fondos para construir un nuevo presidio y mediar entre las maras Salvatrucha y M18 y las autoridades del Gobierno. Actualmente está enfocado en lograr un proceso de paz entre estas pandillas y el primer paso firme para esto se logró el pasado 28 de mayo, cuando líderes de las pandillas, por separado, dieron a conocer una declaración de reconciliación con la sociedad, la Policía y el Gobierno hondureño. Aún falta una tregua entre las maras.

Unidos por la Vida

Rómulo Emiliani ha creado varias organizaciones en Honduras, tal como lo hizo en Panamá y en otros países centroamericanos. Una de ellas es la Fundación Unidos por la Vida, la cual trabaja con jóvenes en riesgo social y expandilleros desde 2003.

Actualmente asisten 180 alumnos y el año pasado se graduaron 470.

Pero lo que más orgulloso hace sentir a sus colaboradores (administrativos y docentes) es que en los últimos ocho años han ayudado a que 42 mil jóvenes opten por una mejor calidad de vida y alejarse de la violencia de las calles.

René Corea director ejecutivo, desde 2004, es enfático al decir que Emiliani, presidente de la organización, “es nuestra fuerza, sin él nos hubiésemos corrido”.

Aquí acuden muchas personas de bajos recursos, que viven en zonas conflictivas y tienen muchos problemas familiares y sociales.

Para ingresar a los cursos que se imparten, solo deben desear aprender un oficio, querer ser alguien en la vida y tener más de 14 años, explicó Corea.

Hay cuatro cursos de belleza, dos de panadería, dos de confección, uno de barbería, y uno de inglés que tiene 65 alumnos.

Al visitar la cocina donde se imparten las clases de panadería, los alumnos mostraron los semitas (panes dulces) y las galletas de vainilla que habían horneado.

Carmen Robles tiene 20 años y una semana de recibir clases. “Aún no he podido entrar a la universidad, pero mientras estoy aquí aprendiendo un oficio”. Me dan para el transporte y la merienda, dice la joven, que se enteró del curso gracias a que por su barrio informaron sobre el inicio de clases.

Corea explicó que los alumnos que reciben dinero para el pasaje y la merienda forman parte del programa Metas de Usaid.

Agregó que muchos de los alumnos provienen de los llamados bordos (caseríos cerca a los ríos), donde la pobreza extrema reina. Según el último censo realizado por el departamento de Vivienda Social, en San Pedro Sula 7 mil personas viven en los 16 bordos que rodean la ciudad.

Al otro lado, donde se imparte el curso de confección, hay adolescentes y adultos que aprenden a tomar medidas, diseñar, cortar y confeccionar prendas de vestir. Para coserlas cuentan con máquinas industriales y domésticas. En total son 30 alumnos que acuden en dos turnos.

Sobre las clases de belleza, el director ejecutivo explicó que lo primero que aprenden a hacer es la manicura y la pedicura, ya que esto les permite ganar dinero en casa. Las jóvenes se ganan hasta $25 al día. Luego se les enseña a cortar el cabello, hacer blower, usar la plancha, maquillar y hacer tratamientos faciales.

Pero en la fundación no solo aprenden un oficio, Emiliani agrega que también se les enseña a leer y escribir, y lo más importante: valores y el evangelio.

Uno de los nuevos proyectos de la organización es capacitar a jóvenes expandilleros y en riesgo social para formar microempresas de reparaciones de celulares.

En Honduras hay 8 millones de estos aparatos, es todo un mercado cautivo, señaló el obispo auxiliar.

El taller, que tiene un costo de $8 mil, es financiado por el programa Paz y Convivencia y será impartido a 30 muchachos.

EN BUSCA DE PAZ

A las 6:45 p.m. el obispo auxiliar llega a la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en la colonia El Palmar. Los feligreses no dejaron de asistir a pesar de que horas antes hubo una tormenta eléctrica con vientos huracanados.

El Cristo pegado a la pared sobresale en la parroquia, que está en uno de los barrios más violentos en la ciudad de San Pedro Sula.

Emiliani se prepara para la eucaristía, mientras las personas se entretienen mirando un par de zorzales que parecían formar parte del coro porque sus trinos se confundían con la música.

“Dios, no es Dios de muertos, sino de vivos”... su amor no tiene límites decía a más de 80 feligreses el prelado.

También recordó que la parroquia “siempre está de luto” ante tantas muertes debido a la violencia que impera en la colonia.

Violencia que es protagonizada por los pandilleros, sicarios y narcotraficantes en los vecindarios. El obispo no pierde la esperanza de que esta realidad cambiará cuando las maras firmen una tregua entre ellos.

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