malas decisiones del gobierno y desconfianza

La crisis argentina, una bomba de tiempo

En Argentina, como en Venezuela y Cuba, está prohibido comprar y vender dólares libremente. Hay un mercado ´oficial´ (1 dólar = 8 pesos) y un mercado ´negro´ (1 dólar = 13 pesos). Argentinos y extranjeros se abastecen de divisas para protegerse de una inflación galopante que en 2013 llegó a 30%.
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Desde que asumió el poder en 2003, el matrimonio Kirchner ha gobernado Argentina basado en un “modelo” que –como el venezolano-chavista– es el que peor funciona en América Latina después de una década de abundancia inédita, que ha sido irresponsablemente lanzada por la ventana en nombre de una “revolución” que va camino a estrellarse contra una roca en cualquier momento.

En los últimos siete días, los gobernantes argentinos han literalmente jugado con las expectativas de la opinión pública, lanzando anuncios que luego incumplen en los hechos.

En Argentina, como ocurre en Venezuela y en Cuba, está prohibido comprar y vender dólares libremente. De modo que hay un mercado “oficial” (1 dólar = 8 pesos) y un mercado “negro” (1 dólar = 13 pesos) donde argentinos y extranjeros se abastecen de la divisa norteamericana para protegerse de una inflación galopante que, en 2013, llegó a 30%. (La cifra “oficial” es algo más de 10%, pero nadie cree en ella; ni los ciudadanos, ni los políticos, ni los sindicatos, ni el FMI, ni The Economist).

LAS CONTRADICCIONES

El viernes 24, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía, Axel Kiciloff, anunciaron oficialmente que el Gobierno autorizaría, con ciertas condiciones, la compra de dólares a un precio mayor que el “oficial”, lo que disparó todo tipo de especulaciones y, también, cierto sentido de alivio entre una población ahogada en la incertidumbre sobre su futuro. Pero el domingo 26, Kiciloff se contradijo en el diario oficialista Página 12 y desinfló las tenues esperanzas que había despertado apenas 48 horas antes.

La flexibilización en el mercado cambiario sería apenas una parodia y todo seguiría más o menos como antes. Kiciloff es uno de los jóvenes incompetentes que la presidenta, Cristina Kirchner, ha puesto a dirigir nada menos que la economía de uno de los países con más peso en América Latina, después de México y Brasil.

El expresidente argentino Eduardo Duhalde, que pilotó la economía del país después de la catástrofe argentina de fines de 2001 y comienzos de 2002, consideró irracional “que con los problemas que hay en la Argentina busquemos chicos que recién salen de la universidad”, en alusión a Kiciloff. Duhalde cree que “el país está atado con alambres” y que su economía “es como un barco a la deriva”.

“Nunca he visto tantos problemas de gestión como en este gobierno. No se enfocan los temas centrales, no hay planificación porque para eso se necesitan reuniones de Gabinete, que no las hay”, declaró Duhalde y agregó: “La dificultad es cuando uno está enfermo y no lo reconoce; entonces no va al médico”.

Curiosamente, Duhalde fue quien, desde la Presidencia, impulsó la candidatura de Néstor Kirchner para sucederlo en las elecciones de 2003. Ahora, es un férreo opositor al “modelo” implantado por su antiguo delfín y por la esposa de este, que ocupa la Casa Rosada (sede del Gobierno) desde el año 2008.

El expresidente del Banco Central argentino Alfonso Prat Gay consideró que las correcciones económicas que procura hacer el Gobierno cuando está al borde de entrar en bancarrota carecen de “un programa” y, por eso, son “desordenadas”.

“Ya no se la creen ni ellos mismos. Hacen una conferencia de prensa el jefe de Gabinete y el Ministro de Economía para anunciar medidas y luego, durante el fin de semana, Kicillof le dice a un medio oficial que en realidad no van a aplicar lo que anunciaron 48 horas antes. Es exasperante”, declaró. El problema más grave, apreció Prat Gay, es que Argentina está “en manos de gente que no entiende nada de lo que está haciendo”.

Las marchas y contramarchas del Gobierno parecen evidenciar un creciente nerviosismo en la Casa Rosada, a medida que los fundamentos de la economía retroceden en forma alarmante: en octubre de 2011, las reservas del Banco Central argentino ascendían a $48 mil millones; hoy, apenas superan los $29 mil millones (una fuga de divisas de $19 mil millones en apenas 27 meses); la inflación (30%) es una de las más altas del mundo; el precio del dólar está desbocado, a pesar de los intentos vanos del Gobierno por controlarlo.

LA CRISIS DE LAS DIVISAS

Argentina no consigue crédito en los mercados internacionales (o lo obtiene a tasas siderales) por la decisión del gobierno “K” de no honrar los compromisos del Estado con sus acreedores; el país, que posee petróleo y energía de todo tipo para abastecer sobradamente al mercado interno y exportar, ahora debe importar con divisas de las que carece porque desde hace años no hay inversiones en el sector a raíz de la desconfianza que generan las políticas populistas del Gobierno, que incluyen grandes expropiaciones manu militari.

Brasil, que tiene en Argentina a su tercer socio comercial, está mirando con enorme preocupación las decisiones que se adoptan en la Casa Rosada. El martes 28, el diario O´Globo –el de mayor circulación en Brasil– publicó un editorial con un título significativo: “La fuerte propensión de la Argentina al error”.

El periódico recordó que Argentina fue “una de las 10 mayores economías del mundo a comienzos del siglo pasado, con una renta per cápita equiparable a las de Francia y Alemania, y superior a las de Japón e Italia”, pero advirtió que se trata de un país que “intriga a los historiadores por la novedad de ser un país desarrollado pero en retroceso”.

“En el término de 13 años, el país se hundió en una nueva crisis de divisas debido a una sucesión de errores, incluso evidentes en la política económica de este período, dominado principalmente por el kirchnerismo, una vertiente peronista hegemónica del programa populista de la pareja de Néstor y Cristina que comienza a perder fuerza en función de la crisis que ellos dos sembraron”, agregó.

El diario estimó que la situación de crisis terminal “requiere un shock fiscal y monetario, la reducción del gasto público y una fluctuación libre del peso”. Eso hizo Brasil en 1999 y, también, en 2003, con éxito. Pero consideró que hacer eso sería “demasiado ´neoliberalismo´ para Cristina y para el joven Kiciloff”, que prefieren atacar la “conspiración mundial” de los “especuladores” contra Argentina, en vez de mirar para adentro.

Naturalmente, un estallido completo del desastre argentino provocaría temblores en Brasil y eso, inevitablemente, afectaría a toda la región.

Los principales analistas internacionales tampoco son optimistas sobre la evolución de las cosas en Argentina. El think tank Roubini Global Economics (RGE), fundado por el laureado economista turco Nouriel Roubini –profesor de Economía en la Universidad de Nueva York–, estimó el 23 de enero en un informe para sus clientes que “los recientes desarrollos en Argentina subrayan los tardíos intentos del país para manejarse con sus reservas internacionales en caída y para corregir su panorama en materia de balanza de pagos, que es cada vez peor”.

“El riesgo de una completa crisis de deuda en Argentina ha crecido”, advirtió RGE. Y concluyó: “Mientras el Gobierno ha tratado de comprar tiempo para sí mismo a efectos de apuntalar sus reservas internacionales, no ha hecho ningún movimiento serio para enfrentar la raíz de los problemas que tiene: sus pobres políticas fiscal y monetaria, así como los insuficientes incentivos que hay en el país para atraer inversiones”.

“Bajo estas condiciones, esperamos que la inflación actual de 30% aumente aún más”, precisó el centro de estudios económicos, con sedes en Londres y Nueva York.

Nelson Castro, uno de los periodistas más respetados de Argentina, publicó su columna del 26 de enero en el diario Perfil bajo el siguiente título: “Economía Titanic”. Castro opinó que las tres palabras que mejor definen el “particularmente complejo momento” de su país son “improvisación, desconcierto y contradicción”.

“Un día se instituye un cepo cambiario –al que se niega sistemáticamente– y otro día se lo levanta. Un día se decreta un recargo de los gastos en el exterior con tarjeta del 20%, otro día se lo aumenta al 35%, para luego retrotraerlo al 20%. Un día la Presidenta dice que no esperen que ella sea una impulsora de la devaluación y otro día nombra un ministro que, en los dos meses que van de su gestión, ha impulsado una devaluación de más del 30%.

El día que asumió Axel Kicillof al frente de Economía, el dólar oficial cotizaba a $6.03. Nada de esto debería sorprender. Al fin y al cabo, el kirchnerismo es la apología de la contradicción permanente”, escribió.

Un alto dirigente empresarial que habla frecuentemente con los máximos jerarcas del Gobierno dijo que “esto es una calamidad” y anunció que “nadie va a poner un peso más mientras todo se maneje con tanta improvisación”.

Castro, el periodista, resumió: “la economía argentina es hoy un Titanic rumbo a su iceberg”. Y preguntó: “¿alguien lo detendrá a tiempo?”.

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