brasil, EU y la india ante la discriminación social

Tres miradas a la acción afirmativa

Tres gigantes mundiales se enfrentan a su pasado, cada uno a su manera.
Pie de foto LA PRENSA/Credito Pie de foto LA PRENSA/Credito
Pie de foto LA PRENSA/Credito

En su libro Civil Rights: Rhetoric or Reality, el economista estadounidense Thomas Sowell advierte contra el uso de las injusticias del pasado como justificación para las políticas del presente. “El pasado será muchas cosas –escribió– pero es claramente irrevocable. (...) Aquellos que sufrieron en siglos pasados están tan lejos de nuestra ayuda como lo están de nuestro castigo aquellos que pecaron”.

Los argumentos de Sowell son parte de un debate que atraviesa el corazón de una gran cantidad de sociedades en todo el mundo. La necesidad de enmendar los estragos de siglos –y en algunos casos, milenios– de discriminación y abuso ha estado presente en esas sociedades desde hace décadas, resultando en políticas –conocidas como de “acción afirmativa”– que favorecen, de distintas maneras, a los grupos humanos históricamente perjudicados.

El debate sobre la acción afirmativa ha subido en intensidad en los últimos meses, avivado por dos situaciones aparentemente opuestas: mientras que el Gobierno brasileño aprobó una ley que obliga a todas las universidades federales a reservar la mitad de sus cupos para estudiantes provenientes de escuelas públicas, la Corte Suprema estadounidense tomará pronto una decisión que podría acabar con los criterios raciales que usan algunas universidades públicas del país para admitir estudiantes.

El caso brasileño

La Ley de Cuotas Sociales brasileña, promulgada en agosto pasado, representa el esfuerzo de acción afirmativa más grande en todo el hemisferio occidental. Aprobada casi por unanimidad, establece que las universidades federales deberán –en un período de cuatro años– asegurar que la mitad de sus estudiantes provenga de escuelas públicas.

Quizá lo más interesante –y controvertido– de la ley es la compleja relación entre los conceptos de clase social y raza. En un primer nivel, el problema era que los cupos en las universidades públicas –las más prestigiosas del país– eran acaparados por el 12% de la población que tenía acceso a educación privada a nivel primario y secundario (hoy los estudiantes de escuelas privadas triplican a sus iguales de escuelas públicas en estas universidades).

El rol racial entraba al profundizar un poco más. Para empezar, en Brasil existe una marcada relación entre raza y nivel de vida. En términos económicos, y de acuerdo al Fondo Baobá para la Equidad Racial, la mayor parte de los brasileños que se identificaban como negros en 2004 eran también pobres. La situación, no obstante, mejoró, y en 2009 la mayoría de los brasileños negros pertenece a la clase media.

Esta desigualdad de condiciones, naturalmente, se refleja en el campo educativo. Los brasileños negros y mestizos tienen la mitad de probabilidades de asistir a la universidad que los blancos. De ahí que las cuotas tengan también un componente racial. La ley establece además que la mitad de los cupos reservados para las escuelas públicas deberá ser repartido de acuerdo a la distribución racial de cada estado. En total, el Gobierno espera aumentar el número de estudiantes negros de 8 mil 700 a 56 mil.

Si bien la ley tiene pocos meses de vida, los programas de cuotas llevan varios años de funcionamiento en varias universidades. De manera global, los resultados hablan por sí solos: algunas universidades han formado más personas de raza negra en la última década que en toda su historia, ayudando a revertir las contundentes estadísticas que en el año 2000 mostraban que apenas el 2% de los brasileños con diploma universitario era afrodescendiente .

Los resultados más específicos pintan un panorama más variado. El diario Folha de Sao Paulo reportó que estudios recientes mostraban un peor desempeño entre los alumnos beneficiados por las políticas de acción afirmativa (o cotistas). Sin embargo, estudios realizados en las primeras universidades en implementar las cuotas demuestran que, en general, no hay una diferencia considerable entre unos y otros.

Además, afirman algunos sociólogos, es un precio bajo a pagar por una mayor inclusión. “Considerando que la sociedad no existe solamente para los alumnos por encima de la media (...) sino para la mayoría de la población, creo que nuestras universidades (...) tienen los recursos suficientes para minimizar esas diferencias”, escribió el sociólogo Kabengele Munanga, de la Universidad de Sao Paulo.

Munanga es uno de los sociólogos más destacados en el tema de las relaciones raciales en Brasil. Para él, las políticas de acción afirmativa son la prueba definitiva de la invalidez del mito de la “democracia racial”, la creencia, sugerida en los años 30 por el sociólogo Gilberto Freyre, de que Brasil, por una combinación de factores, había escapado al racismo y la discriminación que caracterizó a sociedades como Estados Unidos (EU) o Sudáfrica.

De manera similar, el resto de Latinoamérica también tiene su mito de democracia racial. La acción afirmativa, además, nunca gozó de popularidad por ser considerada un producto estadounidense. “Muchos creen que nuestros sistemas son menos racistas que los norteamericanos. Pero si vas a una universidad pública en Colombia, los profesores negros no superan el 2%, y los estudiantes negros apenas llegan al 5%”, dijo el antropólogo Jaime Arocha al Christian Science Monitor. En este sentido, las iniciativas brasileñas podrían tener un gran impacto en países con porcentajes significativos de negros y mestizos, como Panamá.

EU: ¿viene el cambio?

El término “acción afirmativa” nació en EU, concretamente en una orden ejecutiva de 1961 –bajo el gobierno de John F. Kennedy– que prohibía la discriminación racial en las contrataciones federales. En EU, la acción afirmativa tuvo lugar principalmente en los campus universitarios. Y trajo resultados: un estudio de 1998 halló que en 1960 el 5.4% de los negros entre los 25 y 29 años de edad tenía títulos universitarios. En 1995, esa cifra era del 15.4%. En esas tres décadas, los afroamericanos doblaron su presencia entre los doctores y la triplicaron entre los ingenieros del país.

La acción afirmativa ha sido polémica en EU. La principal crítica ha sido el alegato de que al colocar a estudiantes en instituciones educativas por encima de sus capacidades, la acción afirmativa terminaba perjudicando a aquellos que debía beneficiar. La idea no es nueva y por muchos años se le denominó mismatch. En 2005, sin embargo, fue argumentada en un artículo por el académico Richard Sander, que se convirtió en un libro –escrito junto a Stuart Taylor– en el que se explicaba que la incapacidad académica generaba una frustración que terminaba por hacer al estudiante abandonar la universidad, de paso reforzando estereotipos raciales ya existentes en la sociedad.

Los argumentos de Sander y Taylor tuvieron gran éxito y aún son citados por aquellos que abogan por la eliminación de las políticas de acción afirmativa. Sin embargo, varios académicos han señalado varios errores que comprometen las ideas de mismatch. “Su tesis le hace al debate sobre acción afirmativa –y al país– un gran perjuicio”, escribió William Kidder en el Los Angeles Review of Books.

Para muchos en EU, los días en que la acción afirmativa era necesaria son cosa del pasado”. Incluso si (...) la acción afirmativa trajo grandes beneficios para las primeras generaciones de negros tras la segregación”, afirma The Economist (que dedicó un número completo al tema), “no quiere decir que deba seguir practicándose en la actualidad, cuando la mayoría de los negros en las universidades proviene de las clases medias o altas, e incluso muchos son inmigrantes recientes que nunca fueron afectados por la discriminación”.

Para el semanario británico, la prueba de la irrelevancia de la acción afirmativa es el cambio de objetivo en el discurso de las universidades que la practican. El tema de la “diversidad” es, en la actualidad, la principal justificación que usan las universidades estadounidenses para dar ciertas ventajas a estudiantes negros.

Y es precisamente sobre eso que tendrá que decidir la Corte Suprema, cuando se pronuncie sobre la demanda que una muchacha llamada Abigaíl Fisher interpuso a la Universidad de Texas, alegando que no fue admitida “por ser blanca”. Diez años atrás, la Corte dictaminó que la diversidad formaba parte del interés estatal y, por ende, justificaba la inclusión de la raza como criterio para la admisión de estudiantes. La próxima decisión, no obstante, podría tirar todo eso por la borda y significar el principio del fin de la acción afirmativa en EU.

El sabio elefante

En su libro India: From Midnight to the Millennium and Beyond, el exsubsecretario de la ONU Shashi Tharoor compara los dilemas estadounidenses con los de su propio país: “Para un indio es divertido ver los apasionados debates sobre acción afirmativa en EU, cuando apenas son una pálida sombra del programa de acción afirmativa más antiguo y riguroso del mundo”, escribió.

En la India, el programa de acción afirmativa nació para beneficiar a una variedad de grupos “intocables” (Dalits) y una serie de tribus aborígenes (Adivasis). Desde su nacimiento en 1947, la acción afirmativa india ha sido revolucionaria. Mientras que en Brasil o EU no traspasó las fronteras del ámbito educativo, en India se empezó reservando el 22.5% de todos los trabajos gubernamentales, 85 de los 545 escaños del parlamento y un sinfín de cupos universitarios, para estos grupos.

Poco a poco el sistema fue desarrollando sus virtudes y defectos. Millones de dalits y adivasis mejoraron su calidad de vida, pero a la vez se inició un proceso de rigidización de identidad que de alguna manera fue un balde de agua fría en pos de la inclusión. A la vez, más y más grupos empezaron a exigir ventajas similares. En 1993, el gobierno incluyó aún más grupos sociales entre los beneficiados, aumentando en 27% el número de trabajos gubernamentales reservados para acción afirmativa. En consecuencia, a nivel federal el 49.5% de los trabajos están reservados y a nivel estatal se puede llegar hasta el 69% del sureño estado de Tamil Nadu.

A nivel religioso, el carácter secular del Estado indio resultó en toda una serie extra de beneficios para las religiones “minoritarias” (principalmente el islam, que tiene casi 200 millones de adherentes en el país), añadiendo más leña al fuego de la rigidización de la identidad. El fenómeno del “nacionalismo hindú”, o Hindutva, debe gran parte de sus orígenes a la frustración del indio “común y corriente” por las desventajas que irónicamente acarrea pertenecer a la mayoría.

Con todo, los que dudan de los beneficios de la acción afirmativa en India parecen ser aún minoría. “La discriminación positiva ha traído cambios considerables en la manera como los individuos definen su horizonte de posibilidades. Esto puede verse en el contraste entre las ambiciones de los intocables más jóvenes y las de sus padres”, escribió el sociólogo indio Andre Béteille.

Una de las frases más repetidas de Tharoor dice que la India no es un país subdesarrollado, sino una civilización altamente desarrollada en decadencia. Y pocas cosas prueban la validez de esa idea más que el tema de la acción afirmativa. Las injusticias y discriminaciones en Brasil o EU palidecen en comparación con miles de años de separación social en el sistema de castas. La retórica antirracista de Martin Luther King Jr. se vuelve un poquito más ordinaria al pensar que ya hace 25 siglos un tal Siddhartha Gautama, mejor conocido como el Buda, hizo de la igualdad social en la India el eje de esa idea subversiva que los extranjeros bautizaron como “budismo”. Y las desventajas de la acción afirmativa en las Américas quedan en nada al ser comparadas con la ineficiencia, la injusticia y, sí, las matanzas y autoinmolaciones que constituyen el lado feo de la acción afirmativa india.

Todo eso, sin embargo, es aceptado en la India como parte del precio a pagar por la corrección de los errores del pasado. Y en cierta manera es hasta normal. “Una cosmovisión que descansaba sobre ideas eternas ha sido sacudida por la concienciación de que ya nada se puede dar por sentado”, concluyó Tharoor. El pasado es irrevocable, sí, pero sus lecciones constituyen la mejor arma para que sus errores contaminen lo menos posible al presente y al futuro.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Las secuelas de los apagones
LA PRENSA/Gabriel Rodríguez

EL SERVICIO PÚBLICO DE ELECTRICIDAD Las secuelas de los apagones en Panamá

POSIBLES PERJUICIOS AL PATRIMONIO DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ Contraloría: van $18 millones en lesiones

Terrenos alquilados.
LA PRENSA/Daniel González

CONTROVERSIA Varela defiende decisión de dar día libre tras clasificación de Panamá

Varela restó importancia a la demanda, pero sentenció que ‘si lo tengo que hacer de nuevo, lo volvería a hacer de nuevo’.
Especial para La Prensa/Flor Bocharel

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

18 Oct 2017

Primer premio

3 2 8 1

ABAD

Serie: 12 Folio: 5

2o premio

3063

3er premio

2981

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código