OTORGAN EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ A TRES ACTIVISTAS FEMENINAS

La paz tiene rostro de mujer

Es la primera vez en sus 110 años de historia que el premio es concedido a tres mujeres a la vez.

En Oslo no se verá a galardonados en traje y corbata el 10 de diciembre. En lugar de ello, coloridas túnicas africanas y el velo de una musulmana marcarán la entrega del Premio Nobel de la Paz de este año.

Se trata de la primera vez en sus 110 años de historia que el premio es concedido a tres mujeres a la vez.

La presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Silreaf, su compatriota Leymah Gbowee y la periodista yemení Tawakkul Karman aumentan a solo 15 el número de mujeres que han recibido el galardón desde 1901.

En las otras disciplinas del Nobel también hubo este año únicamente varones.

El presidente del Comité Nobel noruego, Thorbjörn Jagland, rechazó sin embargo tajantemente cualquier alusión a una cuota femenina. “Las tres cumplen por completo las exigencias del testamento de Alfred Nobel para el Premio Nobel de la Paz”, aseguró.

El inventor sueco estableció que el galardón sería para aquellas personas u organizaciones que más o mejor hayan contribuido “a la fraternidad de los pueblos y la abolición o disminución de ejércitos activos, así como a la celebración o el incentivo de conferencias de paz”.

Las dos liberianas fueron elegidas por su labor para rescatar a su país de la violencia casi apocalíptica de la guerra civil. La musulmana Karman, por su parte, recibió el galardón por su valerosa y temprana lucha contra la dictadura en Yemen, donde, a diferencia de en Liberia, las protestas siguen a la orden del día.

Jagland recordó que las consecuencias de la guerra y la violencia castigan especialmente a las mujeres en ambos países. En Liberia a través de las violaciones sistemáticas como “arma de guerra” durante el conflicto y en Yemen por la amplia exclusión de las mujeres de la vida pública.

“Es así, la falta de acceso de las mujeres a todos los ámbitos de la sociedad es uno de los problemas fundamentales en el mundo islámico”, señaló.

Otra de las grandes excepciones es que el Nobel de la Paz sea en un mismo año para dos países totalmente distintos. Con la combinación el jurado consiguió homenajear a la llamada primavera árabe, según lo esperado, mientras enviaba al mismo tiempo una señal contra la guerra y la opresión de la mujer en todo el mundo.

“Este premio no será seguro tan controvertido como los anteriores”, dijo también Jagdland, posiblemente con razón.

La elección hace dos años del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, fue vista por muchos como prematura, y en 2010 el Gobierno chino reaccionó con dureza a la premiación del detenido disidente Liu Xiaobo.

La concesión del Nobel a las tres mujeres desató esta vez inmediatas reacciones de júbilo. Otras cuatro mujeres lo registraron probablemente atentas, pero reservadas hacia afuera: las noruegas Sissel Rønnebeck, Kaci Kullmann Five, Ã…got Volle e Inger-Marie Ytterhorn, todas ellas miembros del Comité Nobel noruego. Jagland es el único hombre en el gremio. Y su presidente.

 Tres ganadoras, tres tácticas

La presidenta liberiana Ellen Johnson Sirleaf y la activista Leymah Gbowee emplearon tácticas diferentes para encarar a los matones y asesinos que proliferaron en Liberia, una enfrentándose por la presidencia con un cacique insurgente y la otra saliendo a la calle para denunciar a los violadores armados que agredían a las mujeres.

Ayer viernes, su valerosa conducta fue premiada con el Nobel de la Paz, que compartieron junto a la activista yemení Tawakkul Karman. El comité noruego del premio mencionó en Oslo sus labores en defensa de los derechos de la mujer, algo fundamental para propagar la paz en el mundo. Sirleaf, de 72 años, fue la primera presidenta elegida democráticamente en el país en 2005, tras perder la elección ante Charles Taylor en 1997.

El martes se postulará a un segundo mandato ante una enconada oposición y el Nobel podría ayudarle.

En contraste, Gbowee salió a la calle encabezando un grupo llamado “damas de blanco”. La asistente de Gbowee, Bertha Amanor, dijo que es una “guerrera que se atreve a entrar donde otros no lo han hecho”.

Ese valor quedó demostrado en noviembre de 2003 cuando Gbowee encabezó a centenares de manifestantes femeninas en Monrovia para exigir el desarme de los violadores armados. Catorce años de casi permanente guerra civil habían concluido con un acuerdo de paz hace tres meses, pero las violaciones continuaron. Gbowee encabezó a las mujeres vestidas de blanco, símbolo de la paz, hasta el ayuntamiento de Monrovia.

Gbowee trabaja en la capital de Ghana como directora de la Red Femenina de la Paz y Seguridad en África.

Por su parte, Tawakkul Karman es una figura emblemática de la movilización opositora en su país, una de las “revoluciones” de la “primavera árabe”. Esta periodista de 32 años, amenazada por el régimen de Ali Abdullah Saleh, armó una tienda de campaña en la Plaza del Cambio de Saná en marzo y vive allí con su marido. La Plaza del Cambio, en la que acampan miles de jóvenes, está protegida desde el mes de marzo por militares disidentes.

En un país en el que pocas mujeres ocupan lugares de protagonismo político, Karman llamó a manifestarse para expresar la solidaridad con la movilización en Túnez y Egipto y encabezó manifestaciones violentamente reprimidas por el régimen.

AP-AFP

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