MALES DE LA EDUCACIÓN CENTRALIZADA

Amor por el juego

Amor por el juego Amor por el juego
Amor por el juego

Amar a los niños, tal como señaló Jesús, es no tener miedo a tenerlos; y a tenerlos como niños y a maravillarnos ante esa visión con la que estos contemplan la vida, rogando que algo se nos pegue a nosotros mismos. Pero, también, amaríamos sus juegos y jugaríamos con ellos cada vez que tengamos la oportunidad, a ver si de pronto despiertan en nosotros los recuerdos de esos retozos infantiles que añoramos, y que, más aun, es lo único de lo que muchos ancianos no guardemos remordimientos.

Hermoso sería que los niños quisieran ir detrás de nosotros –y no del celular– y que si no lo hacen sería porque tienen cosas o juegos más importantes con los cuales aprender y crecer. Pero…¿cuáles son los resultados de sacarlos de su entorno familiar para encerrarles entre cuatro austeras paredes durante la mayor parte del día, cinco días de la semana, año tras año, de los mejores tiempos de sus vidas?

Hoy día nos alarmamos ante la posibilidad de que los robots se tomen nuestras plazas de trabajo; esas que se parecen a los cuartos lúgubres en donde encarcelamos a nuestros niños con la excusa de que les estamos educando. Pero, en vez de alarmarnos, lo que debíamos estar enfocando son las oportunidades que todo ello nos presenta. Que si dejamos el trabajo tedioso a los robots, nosotros tendríamos la oportunidad de hacer otras cosas que nos puedan apasionar, tal como apasiona el juego al niño.

No es lo mismo tomar píldoras de vitamina C que comerte un jugoso mango lleno de vitaminas y mucho más, flavonoides, complejo B, fibra, jugos, calcio y tal.

Igual no es lo mismo nutrirse de la vida en familia, en vez de esas zonzas píldoras de una educación, tipo Meduca, que no educa.

La triste realidad que vivimos es la de una educación centralizada y regimentada al rancio paladar de burócratas estatales, carente de las fibras que la entrelazan con los verdaderos propósitos del aprendizaje. El centralismo desconoce los verdaderos mecanismos de aprendizaje que nos pueden abrir puertas al prodigioso futuro que asoma a nuestro alrededor.

Con el juego el niño aprende el arte de jugar porque en ello hay pasión. Según la mentalidad estatista, la descentralización interfiere con el proceso de adoctrinamiento, para lo cual, lo importante es el crecimiento del mortal neoplasma Meduca y no el desarrollo del niño. Y dentro del sistema, hasta los buenos educadores quedan presos en semejante laberinto que no fue diseñado para aprender, sino para controlar. El sistema apunta hacia un solo hemisferio del cerebro, dosificado y medido, una y otra vez…¿para qué? Para asegurar que la doctrina caló.

Hoy, si ponemos atención, veríamos que el mundo a nuestro alrededor está en plena metamorfosis y que mientras los caducos sistemas educativos, tecnológicos o económicos quedan en febril letargo, otros aceptan las oportunidades del bypass que se está dando. Ya no es asunto de dictar, sino de aprender; no es paganizar, sino soltar las riendas.

Los niños jugando exploran, se retan, erran y aprenden; y ya cansados, duermen. La capacidad del niño es prodigiosa; y su mayor reto es sortear nuestra tozudez controladora. La espada del niño es aquel “por qué”, al cual no sabemos responder, debido a que nosotros mismos somos un producto fabril trastocado.

Educación y coerción son antónimos. El niño aprende cuando le nace; y el inmenso secreto es saber cuándo y cómo le nace. Aquello que hacen está intrínsecamente ligado al porqué lo hacen; ya que el aprender tiene propósito. Es la curiosa motivación que fluye en cascada hacia la maestría de la vida. Pero ese flujo del aprendizaje es algo único que va por variadísimas vertientes y no aquella única de un Meduca. Y cuando les enjaulamos y segregamos por edad, les limitamos al ejemplo de sus pares, que razonan a su propio nivel; con poco acceso al mundo real de adultos y de comunidad.

Al menos, en las vilipendiadas escuelas multigrado esto cambia. Y si las familias panameñas no saben educar a sus hijos, se lo deben al Meduca.

Lo que le importa a los Meduca del mundo son sus currículos y en ello los niños van perdiendo el camino y el don del aprendizaje. Esto se vislumbra en el documento acuerdo de la Mesa de Diálogo por la Educación, cuando dice cosas como: “Para 2030, velar porque todas las niñas y niños terminen los ciclos de enseñanza primaria y secundaria…”. Nótese que no habla de “aprendizaje”, sino de “enseñanza”. Pero sí se preocupan por el tema de género, al decir “niños y niñas”; pues ya no basta con decir “niños”, pues sería políticamente incorrecto. ¡No!, lo políticamente incorrecto es venderles un producto supuestamente “gratuito”, que es una estafa.

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