REFLEXIÓN

Arando en el desierto: Juan Ramón Sevillano Callejas

La mayoría de los que escribimos en esta sección sabemos la importancia de los valores morales y los principios éticos. Aunque hay uno que otro que solo piensa en sus intereses económicos o políticos y no está preocupado por beneficiar a la colectividad. Pero cada vez que observo la conducta general del panameño, me avergüenzo y pienso que estamos arando en el desierto.

En Panamá, más que cambiar a los políticos se necesita cambiar a los ciudadanos para tener administradores públicos correctos, que busquen servir a sus connacionales, no como éstos que por décadas hemos tenido. Creo que deberíamos escribir en esos diarios amarillistas, o más bien color sangre, para hacer docencia, ya que las personas con malas conductas nunca leen La Prensa. O hablar en las emisoras en las que algunos DJ exaltan los antivalores y las vulgaridades.

Mientras no tengamos un gobierno que entienda que en la subcultura o inframundo está el origen de todos nuestros males, Panamá seguirá por el camino del mal y será cada vez peor. Hay un refrán que reza: “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Por tanto, no le echemos la culpa al Gobierno de nuestros males, porque estos solo son el reflejo de la sociedad que somos.

Hay que hacer una revolución en la educación. Las materias más importantes deben ser: honradez, responsabilidad, ética, moral, aseo, disciplina, urbanidad, ambiente, respeto al derecho ajeno y, sobre todo, amor al prójimo. Cuando el estudiante tenga estos valores arraigados en su cerebro, entonces les podemos dar las materias académicas.

Lamento hacer el siguiente comentario, pero por la verdad murió Cristo, cuando veo la maleantería de la gente, deduzco que no completaron ni siquiera su educación secundaria. También puedo decir que hay gente con muchos títulos, creo que poca, que fue a la universidad por gusto. Analice a los mal portados, observe si tiene tatuajes, su vestimenta, si entra a lugares públicos con chancletas y pantalones cortos, si se sienta a la mesa con gorra, si se estaciona mal, si no se detiene cuando escucha el himno nacional, por último oígalo hablar; la forma de expresarse y comportarse denota una falta total de educación, no solo familiar sino también de algún centro educativo. Eso sí, ellos creen que tienen derecho a comportarse así, porque en Panamá todos tenemos derecho a todo, aunque no cumplamos nuestras obligaciones. Y si los gobernantes le roban al erario público, yo también tengo derecho a tener bienes, aunque el presupuesto no me dé y aunque no cumpla con el pago de la pensión alimenticia, por ejemplo.

Por esto y otras razones, hay gente –como yo– que evita ir a lugares donde asiste mucho público. Así, también, evito poner a mi familia en peligro. Pero, para que no todo sea malo, debo decir que algunos escribimos, también, para influir en los empresarios, pensando que ellos tienen la llave para el cambio, con la idea de que adquieran mayor responsabilidad social y para que se suban al tren del desarrollo sostenible.

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