ACCIONES REPARADORAS

Carta abierta al presidente Santos: Jorge Iván Mora

Señor, presidente, Juan Manuel Santos, pareciera que la decisión del gobierno que usted dirige de declarar a Panamá como “paraíso fiscal”, sin haber hecho consideración previa de varias razones, entre ellas el poco tiempo de la nueva administración panameña en los destinos del Estado, y la inadvertencia de una ola chauvinista inspirada en el rechazo a un programa de regularización de ciudadanos inmigrantes que favoreció a miles de colombianos, más la promoción de un anteproyecto de ley que prohíbe el uso de banderas extranjeras, llevan a concluir que hay un vacío profundo de diplomacia por parte de Colombia, sinceramente inaceptable.

La idiosincrasia del pueblo panameño es única, y de ella deberían no solo saber sino conocer nuestros representantes diplomáticos para advertir susceptibilidades y manejarse con eso que llaman la diplomacia proactiva, impecable, permanente, capaz de crear flujos de opinión y consenso entre gremios interesados y ciudadanías vivas, y entre quienes poseen algún grado de relación comercial, cultural o política en ambas partes.

Por los silencios que vemos, por las ausencias que sentimos, no es de creer que estas acciones positivas propias de la diplomacia hayan tenido ocurrencia. Pero si así fuera, el pecado pasaría de sencillo a doble. Si en nombre del pragmatismo, usted, señor Presidente, autorizó ese tratamiento que le dieron a Panamá con la denominación inoportuna, debería, con el más elevado respeto a su dignidad, promover una actitud de mayor significado para la política exterior entre ambas naciones.

El poco interés general en trabajar hacia el cambio de percepción de un país como este, al que algunos compatriotas aún ven como un departamento de Colombia, y por lo que muchos panameños miran a Colombia como una amenaza a su soberanía, hacen parte de ese inventario negligente que desde las alturas del poder central, en Bogotá, no solo en su gobierno sino en muchos, ha servido para alimentar actitudes prevenidas, a veces malsanas, y acciones arrogantes e indecorosas, aquí y allá.

Señor, Presidente, los empresarios colombianos honestos que han invertido en industria y comercio en Panamá merecen mejores oídos. Sus esfuerzos no han sido pocos. Y cierto es que el tema de la economía entre ambos países es muy importante. Pero la consolidación de las relaciones pacíficas reguladas por reconocimientos mínimos mutuos, como lo describe y dicta el derecho de gentes, debe ser la piedra angular que oriente el norte de las dos naciones vecinas y hermanas.

Le pido, señor Presidente, que tome acciones reparadoras y seguras. Acepte que sus altos funcionarios ignoraron a Panamá y sus circunstancias. Ordene a la misión diplomática promover actos de hermandad. Mande señales de convivencia al pueblo panameño, y de inclusión a esos cientos de miles de colombianos que están aquí, gracias a la hospitalidad istmeña. Su decisión de gobierno los vuelve vulnerables, con mayor razón, si su única riqueza es el trabajo.

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