PLANO EMOTIVO

Contando una buena historia: Diana Medina

El mundo de la comunicación ha cambiado mucho en los últimos años, y no solo por la masificación de las redes sociales que pusieron al alcance de nuestros dedos la posibilidad de difundir mensajes que en el pasado era imposible que llegaran a grandes audiencias.

Más allá de los canales, lo que para mí sufrió mayor transformación, es la narrativa de esos contenidos. Hoy publicistas, comunicadores corporativos y especialistas en mercadeo, entre otros, se enfrentan a la tarea de interesar a sus audiencias con algo más que los atributos del servicio, producto o empresa. El público quiere compartir historias, reconocerse en ellas, soñarlas como futuros posibles. La transformación de las necesidades de las audiencias impactó de forma decisiva en la estructura y la narrativa de la persuasión, y a partir de allí nace lo que se ha llamado storytelling, en su palabra en inglés, que es el arte de contar una buena historia para lograr un objetivo.

Se puede pensar que eso no tiene nada de nuevo, y es cierto, las fábulas y los cuentos ancestrales de nuestras culturas son historias que dejan una enseñanza. Pero, lo que es completamente novedoso es la aplicación de esta narrativa para lograr el compromiso de un grupo de colaboradores, o la fidelidad hacia una marca.

Hoy, para lograr un impacto más allá del reconocimiento de la marca, se requiere establecer lazos profundos con las audiencias. A través de una buena historia, que a veces narra simplemente la vida de gente como uno y su vinculación con la marca, el público se reconoce, encuentra similitudes con su propia experiencia y establece lazos emocionales, lo que permite que a partir de allí su vinculación con la marca supere el nivel racional.

Una buena historia es digna de compartir, por eso su capacidad de volverse “viral” es mayor frente a los contenidos comerciales tradicionales, lo que representa una difusión exponencial de los mensajes de la empresa.

Esta técnica no solo se utiliza para promocionar productos, las empresas han aprovechado esta herramienta para fortalecer los lazos de compromiso con sus colaboradores, hacerlos partícipes de la historia que la compañía escribe junto con ellos.

Para que la historia funcione, hay que asegurarse que contenga algunos elementos claves. La estructura debe crear el ambiente, tener un punto de impacto y alta expectativa para cerrar con un final esperanzador, conectado con el inicio de la historia. Lo esencial es tener claro el objetivo a alcanzar para crear enganches narrativos que lo logren.

El auge del storytelling me ha llevado a la reflexión de que aunque vivimos rodeados de tecnología, los seres humanos estamos en la búsqueda de nuevas formas de conectarnos a través de canales más simples y cercanos a nuestras emociones. Esto representa tanto una gran oportunidad para las empresas como un gran reto, porque las audiencias estarán vigilantes del accionar de las marcas y sus impactos en la cotidianidad de sus vidas.

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