INSEGURIDAD

David, ciudad sitiada por la delincuencia: Hipólito Arroyave

Cuando vi esa propaganda del Gobierno Nacional en la que aparecen nuestros “nobles uniformados” en múltiples poses, siendo alabados como los Iron Man panameños, capaces de dar sus vidas con tal de proteger a la ciudadanía, inmediatamente tuve una visión muy diferente a la que me decía la publicidad engañosa gubernamental. Vi la ciudad que habito desde mi nacimiento y observo, con horror, cómo los tiempos han cambiado para peor.

El centro de mi pueblo ha crecido a pasos agigantados, hay muchos más edificios y una multitud de gente por las calles, que ahora se ha convertido en el territorio de los delincuentes juveniles. Una pareja de policías en bicicleta hace su recorrido diurno, poco tiempo después veo pasar a un individuo (también en bicicleta) en evidente actitud sospechosa, y observo, sin ser visto, cómo analiza los locales comerciales para detectar cualquier forma de atacar e introducirse en ellos, principalmente para sus incursiones nocturnas, ya sea levantando las hojas de zinc de los techos o esperando a que un desprevenido transeúnte se descuide para robarle su cartera, arrancarle la bolsa de una compra o quitarle a la fuerza un collar o algún celular.

Las calles ya no son seguras. Las rondas policiales son más frecuentes de día, sin embargo, de noche desaparecen porque se van a las principales vías de acceso para detener a posibles borrachos y ganarse o ganarle un billete al Gobierno y a la grúa, con el “guarómetro”, dejando las calles principales y los barrios sin vigilancia.

Los delincuentes, sabiendo de esta falla en la seguridad, aprovechan para robar a diestra y siniestra. Y el colmo, recientemente se introdujeron en una agencia de seguridad para hurtar armas porque sabían que ese local no tenía un cuidador de planta.

Y esto no solo ocurre en la ciudad, sino también en las barriadas periféricas donde los ladrones están haciendo su feria.

¿Qué clase de seguridad pública tenemos en nuestras calles?

Las poblaciones más pobres han crecido en las zonas aledañas y, por consiguiente, la mayoría de los antisociales sale hacia las áreas de ataque en donde hay algo de valor para robar.

El centro de la ciudad y las barriadas en las que habitan los ciudadanos de clase media alta son los blancos preferidos. Los negocios de lavado de autos ubicados céntricamente se han convertido en sitios que contratan a menores de edad, muchos de ellos infractores que están en proceso de resocialización. Poner a un menor con antecedentes delictivos a trabajar en lugares cercanos a hoteles, centros comerciales o al lado de paseos peatonales, es como llevar a un niño a un cumpleaños y prohibirle que agarre confites de la piñata.

¿Qué hacen menores trabajando? ¿No deberían estar estudiando? ¿Y la policía o DIJ a qué se dedica? Pareciera que lo que más los mueve es la lucha contra el narcotráfico.

A final de cuentas, demostrar que Panamá hace un buen trabajo frenando esta actividad ilegal le da más reconocimiento de parte de Estados Unidos y eso le conviene al Gobierno.

La guerra contra las drogas tiene a la policía ocupada, cuando en realidad el narcotraficante no asalta residencias ni locales comerciales. Y mientras tanto han dejado desprotegida a la población en general y a merced de los delincuentes comunes.

Debería existir un agente de a pie en cada calle; de día y, principalmente, de noche. Los malhechores se ríen de las rondas, ya saben a qué hora pasan y que no vuelven a aparecer en toda la noche; eso no sirve de nada.

La ciudad de David es ahora un pueblo sitiado por los delincuentes, esto hay que decirlo.

Tal vez deberíamos hacer como en Río de Janeiro, que está rodeada por las famosas favelas, (bolsones de extrema pobreza). Esas áreas sin ley fueron hace poco invadidas por los llamados Batallones de Operaciones Policiales Especiales. Estos escuadrones mantienen a raya a los delincuentes para que no invadan la ciudad.

Creo que algo parecido ya nos está haciendo falta en David y, por supuesto, también en la capital.

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