CONFRONTACIÓN

¡Demasiados temas juntos!: Daniel R. Pichel

Es increíble lo que dan 15 días cuando de temas para una columna se trata. Este paisito nuestro da para escribir un suplemento completo. En este caso, dedico un escaso parrafito a cada uno de los temas que se antojan oportunos.

El año nos recibió con el discurso del Presidente en la Asamblea. El tono de confrontación usado no es la mejor manera de dirigirse al país, profundizando las incomodidades permanentes entre ricos y pobres. Si bien este gobierno está mostrando un nivel de ejecución de proyectos que nunca antes se había visto (o al menos yo no recuerdo), también es muy cierto que la concentración de poder y el debilitamiento de elementos básicos de una democracia moderna generan seria incertidumbre en quienes piensan las consecuencias que pueda traer esta práctica que, en mayor o menor grado, ha sido utilizada por todos los gobiernos desde 1989.

El Día de Reyes tuvimos el funeral de Estado de Arnulfo Arias en Penonomé. Si su voluntad era que sus restos reposaran en dicha ciudad, es perfectamente normal que se cumpliera su petición. Es lo menos que merece cualquier persona al morir. Lo innecesario fue tratar de montar un evento “de Estado” cuando han pasado 23 años desde el fallecimiento del expresidente Arias, buscándole alguna ganancia política al asunto. Como era de esperarse, ninguna figura política internacional vigente se hizo eco de la convocatoria. Pero, lo que sí quedó claro es la escasa convocatoria que tiene el Partido Panameñista y sus líderes, en especial la expresidenta Moscoso quien, como me dijo un amigo, lloraba como si Arnulfo hubiera muerto el día anterior en un accidente de carro. Con buen olfato político, el Presidente debió detectar el poco apoyo a la actividad y declinó el honor de ser orador en la ceremonia. Además, todo ese circo refrescó desafortunados escritos y opiniones del Dr. Arias, como el Boletín Sanitario sobre el “mejoramiento de la raza”. En fin, la foto publicada con muchas sillas vacías, da la esperanza de que los panameños aprendan que el futuro del país debe forjarse con los vivos y no con “caudillos del más allá”.

Otro hecho relevante fue que, por primera vez en muchos años, el 9 de enero recibió un tratamiento acorde con su significado histórico. Al margen de las peregrinaciones y entrevistas a quienes tienen algo que decir de aquella fecha, este año pudimos escuchar la conversación que sostuvieran en 1964 el presidente panameño Roberto F. Chiari y su contraparte de EU, Lyndon B. Johnson. Sin duda, es impactante escuchar al presidente de un país latinoamericano cuestionando abiertamente y con toda propiedad, al presidente de la “nación más poderosa del mundo”, después de haber roto relaciones diplomáticas horas antes. Por supuesto, hay que poner estos eventos en el contexto de la década de 1960, en plena guerra fría, dos años después de la crisis de los misiles en Cuba y en el medio de la guerra de Vietnam, lo que le daba mucho más significado a la actitud del presidente panameño. Esa acción del presidente Chiari representó un cambio de dirección en las relaciones entre los dos países y permitió comenzar las negociaciones que, años después, terminarían dando lugar al tratado del Canal de Panamá. La pregunta que todo el mundo se ha hecho, es si nuestros líderes de los últimos 20 años tendrían la talla para tomar una medida como ésta. A pesar de que muchos dicen que no, yo pienso que las reacciones siempre están condicionadas por las circunstancias del momento. Evaluar lo ocurrido hace casi 50 años, desde el prisma actual, no es sensato. En fin, la respuesta a esa pregunta nunca la sabremos.

Lo último que voy a comentar es la participación del Presidente en el evento religioso de la comunidad evangélica. Creo que un presidente, como cualquier otro ciudadano, tiene el derecho a su propia espiritualidad y creer (o no creer) en la deidad que quiera, o que le enseñaron. Eso, no debe ser cuestionado de ninguna manera. Igualmente, la participación en los ritos de su creencia es un derecho humano que también está consignado en nuestra Constitución. Sin embargo, me parece peligroso que los funcionarios del Estado se involucren activamente en rituales de cualquier iglesia. Históricamente, la mezcla de iglesias y gobiernos no ha sido positiva. Además, un mandatario tiene que entender que tiene el mismo compromiso con todos los ciudadanos del país. El hecho de participar en una “unción” evangélica nos debe hacer pensar que si mañana es invitado a una ceremonia de una comunidad de santeros, deba aceptar que decapiten una gallina y lo bañen en su sangre. Además, dado el antagonismo que existe entre muchas religiones, la participación y pronunciamiento que haga en los eventos de unos, puede generar incomodidades en otros, lo que no es conveniente en un país que siempre se ha caracterizado por la armónica convivencia entre todos los ciudadanos. Esperemos que no se involucren las religiones con el ejercicio del gobierno, porque eso sí terminaría de enredarnos.

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