REFLEXIÓN

En el Día Internacional de la Niña: Ingrid Kuhfeldt

Desde hace cuatro años, el mundo celebra, cada 11 de octubre, el Día Internacional de la Niña. Para todos los que trabajamos el tema de desarrollo esta fecha, más que una celebración, es un recordatorio de que la igualdad de género es la columna vertebral de una sociedad más justa y equitativa. Muchos avances se han generado en la igualdad de género, especialmente en América Latina. Hay excelentes ejemplos de cómo el Estado, empresas, sociedad civil y los organismos internacionales hemos trabajado para lograr ese cambio significativo, duradero y sostenible en la vida de las niñas. En varios países de la región se han generado políticas públicas que hacen la diferencia.

Para que una niña alcance su pleno potencial, debe recibir educación de calidad, y cuando culmina la secundaria, ese hecho influye en la educación de toda una generación.

Durante mis años dentro del sector humanitario he visto avances, retos y cambios. ¡El poder de las niñas es increíble! Junto a los niños, generan un movimiento social por la igualdad y los derechos. Pero todavía queda mucho por hacer, y nos toca a todos –sociedad civil, organizaciones, sector privado y Estado– aportar nuestro granito de arena para generar estos cambios. Uno de los principales retos es el embarazo y la maternidad adolescente, que en la mayoría de nuestros países no tiene la respuesta apropiada. América Latina y el Caribe registran la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes del mundo, y el riesgo de morir por causas relacionadas (parto y posparto) se duplica si la niña queda embarazada antes de los 15 años. La mayoría de los embarazos en niñas menores de 15 años se debe a violencia sexual.

Si no atacamos el problema del embarazo adolescente y la violencia contra las niñas, el círculo vicioso de la pobreza se perpetúa, ya que esto reduce los años de asistencia a la escuela y, por ende, la oportunidad laboral, principalmente de la madre. Hay un fuerte vínculo entre el embarazo adolescente, la pobreza y la violencia. Los porcentajes son de tres a cinco veces más altos entre adolescentes de escasos recursos que entre adolescentes que cuentan con recursos económicos.

La educación es un derecho humano fundamental, pero la realidad que viven millones de niñas es diferente. Según el segundo informe anual de seguimiento de la campaña “Por ser niña”, de Plan International, hay en el mundo alrededor de 30 millones de ellas en edad de formación primaria que no asisten a la escuela, y se estima que 17 millones jamás han entrado a un establecimiento educativo.

Los sueños de las niñas se han convertido en nuestro motor, y espero que las personas que lean este artículo también se motiven y apoyen. ¡Siempre hay cómo!

Las niñas tienen voz y esperan ser escuchadas. Tienen el poder de transformar no solo sus vidas, sino las de sus familias y sus comunidades. ¡Pueden cambiar el mundo! Solo es cuestión de darles la oportunidad.

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