RECIENTES NOMBRAMIENTOS

¡Dignidad, dignidad!: Gil Moreno

Según el diccionario de sinónimos, dignidad significa integridad, honradez, decoro y decencia; según estas definiciones no todas las personas en el mundo practican esta sana y santa virtud. Y eso lo vemos a diario, no solo en nuestra clase política, sino en personas de todas las capas sociales, que se percibe no practican la dignidad como es debido, porque cada vez que se les presenta la oportunidad de aprovecharse de una situación, lo hacen sin el menor escrúpulo.

Vivimos en una sociedad en donde se han ido perdiendo casi todos los valores morales y espirituales que deben adornar al ser humano. A muchas de las personas que tratamos a diario y a nuestros políticos, principalmente, les da lo mismo quedar bien que mal.

La hidalguía, la integridad son vocablos que en la práctica están cayendo en desuso. Pero lo grave, lo verdaderamente grave, es que nuestros gobernantes, como máximos rectores de la sociedad, que deben ser modelos de virtudes, son los que menos dan el ejemplo.

Hay funcionarios de alto perfil en este gobierno (quienes se consideran personas honorables ) que, a sabiendas de que existe una gran descomposición en la presente administración, lo que se traduce en corrupción generalizada, favoritismo y toda clase de irregularidades y vagabunderías, se hacen los “chivos locos” y permanecen en el cargo como si nada malo estuviera sucediendo. ¡Esos no tienen dignidad! Lo curioso es que cuando los echan, los degradan o los humillan, es cuando vienen a reaccionar y a darse cuenta de que las cosas andaban mal.

Cada día son menos las personas interesadas en dar buenos ejemplos y en conceder a sus descendientes y a las generaciones venideras legados de dignidad y decoro. Y digo esto porque han sido muy pocos los que al ocupar un alto cargo público se han visto obligados a renunciar por dignidad, para no hacerse cómplices de situaciones indecorosas.

Siempre recordaré, con admiración, el caso excepcional de don Raúl Arango Navarro, quien en los momentos en que los militares lo llamaron a ocupar la Presidencia de la República, en reemplazo del Dr. Arnulfo Arias (quien había sido derrocado), prefirió renunciar por dignidad. ¡Hombres de esa estatura moral ya casi no se ven!

Los recientes nombramientos de Ana Belfon (fiscal de la dictadura) como procuradora general de la Nación y de José Ayú Prado (obsecuente servidor de los actuales gobernantes, según han expresado destacadas figuras de oposición), como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, hechos por el Presidente y ratificados por la Asamblea Nacional, nos indica que aquí no hay una verdadera separación de los poderes ni una verdadera democracia, porque este órgano del Estado casi siempre ha estado controlado por el Ejecutivo.

Ante esta situación es muy evidente que estas dos personas no tienen el menor interés en cumplir las leyes ni respetar la Constitución. Ellos cumplirán, al pie de la letra, las órdenes de Martinelli, quien los designó en el cargo; en consecuencia, a él le deben el favor, como muy acertadamente lo ha dicho el periodista Guillermo Sánchez Borbón. Un puesto en esas condiciones es muy comprometido para quien lo acepta, la opción más honrosa, la que aconsejan las leyes de la moral y el honor era la renuncia al cargo.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

15 Oct 2017

Primer premio

6 0 4 8

BDDC

Serie: 7 Folio: 8

2o premio

5559

3er premio

9849

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código