PRESIONES SOBRE PANAMÁ

Diplomacia con escopeta: Fernando Gómez Arbeláez

Nuestras relaciones exteriores transcurren por una etapa crítica. No se tiene memoria reciente de cuándo habrían soportado una debilidad tan profunda y generalizada como la actual. Por donde se mire, Panamá es objeto de continuos ataques y presiones indebidas a nivel internacional, desde ángulos muy diferentes. Poco se está haciendo para remediarlo con firmeza, mucho menos para confrontarlo.

Hace dos semanas tuvo lugar, en Londres, una cumbre anticorrupción organizada por el Gobierno británico, en la que participaron varios vecinos regionales, incluyendo algunos que registran sonados casos de corrupción, como Brasil, Argentina, Trinidad y Tobago, Colombia y México. El primer ministro británico, David Cameron, fue sorprendido comentándole a la reina Isabel II que hasta “líderes de países fantásticamente corruptos vienen a Londres”. Las Islas Vírgenes Británicas, sin embargo, pasaron inadvertidas. Panamá no fue invitada.

Semanas antes la noticia fue otra: la vapuleada reunión sostenida en París por altos funcionarios panameños con el ministro de Finanzas francés, Michel Sapin. A inicios de abril, Sapin, actuando como vocero de su gobierno, había anunciado que Francia volvería a colocar a Panamá en su lista de países “no cooperantes” e instaba a la OCDE (cartel de países del que Panamá no es miembro y que nos calificaron de la peor manera) a ejecutar una acción similar.

El comunicado francés de ese mismo día no ocultaba que la serie de “exigencias” a Panamá eran irreverentes. De nada servía que nuestro país tuviera vigente un tratado con Francia para evitar la doble tributación por los últimos cuatro años. Tan estéril fue la reunión en París que el mismo Sapin luego reiteró, en la cumbre de Londres, que Panamá“nos plantea, colectivamente, un enorme problema”. A pesar de lo anterior, otra misión panameña regresó a tocarles la puerta y a tomar apuntes de tarea en París. Es probable, no obstante, que sus miembros hayan fallado en recordar a su contraparte francesa un poco de historia necesaria.

Aunque hoy sean objeto de escarnio, las sociedades que reprochan funcionarios como Sapin han jugado un papel trascendental en la Francia de los siglos XX y XXI. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, miles de ciudadanos franceses eludieron la confiscación de sus bienes por los ocupantes alemanes utilizando esas estructuras societarias. Tras ellas, millones en efectivo, joyas y obras de arte fueron protegidos de la violenta persecución nazi, tanto como del acecho de la Gestapo francesa, la “Carlingue” y el colaboracionista gobierno de Vichy, presidido por el mariscal de Francia, Philippe Pétain.

Millones llegaron también a manos de la resistencia francesa y la Francia libre del general Charles De Gaulle para atender a sus actividades de liberación, millones que, de hallarse en cuentas a nombre de particulares perseguidos, jamás habrían podido contribuir a la victoria final sobre la Alemania nazi. Pero el demostrado maltrato de los franceses indica que esta realidad histórica quedó, por conveniencia, en el olvido. Colombia y Estados Unidos nos tratan de igual forma, sin respeto ni consideración diplomática. Después de ponernos en su propia “lista negra” en 2014, el Gobierno colombiano consiguió que Panamá, en una coyuntura de inseguridad, ceda a sus pretensiones y firme un asimétrico tratado tributario y fiscal que nuestro país no desea ni debe firmar. El Gobierno estadounidense, a través de su Departamento del Tesoro, actúa por su cuenta en investigaciones en contra de las empresas Waked sin informar a las autoridades panameñas, ni siquiera al presidente Varela y la vicepresidenta y canciller de Saint Malo de Alvarado, quienes en la víspera estaban de visita justo en la ciudad de Washington.

¿Qué motiva esta nueva “diplomacia del garrote” en contra de Panamá? Es evidente que una debilidad de cada Gobierno panameño ha sido su falta de compromiso con la auténtica transparencia, no fuera, sino dentro de Panamá. Otros países y carteles como la OCDE nos obligan a adoptar sus reglas porque aquí no hemos sabido desarrollar ni hacer cumplir las propias. Nuestras leyes de “transparencia”, en especial aquellas aprobadas en los últimos años, como la Ley 23 de 2015, han sido formuladas desde afuera, sea por el GAFI o la OCDE, sin que nos atrevamos más que a cambiarle un par de comas al formato recibido.

Quieren que seamos luz de la calle, pero somos oscuridad en la casa. Es absurdo que defendamos un supuesto derecho de gobiernos extranjeros de investigar a sus particulares en Panamá, pero permitimos, al mismo tiempo, que ese particular reciba millones de los contribuyentes panameños porque al gobierno no le importa que haya sido investigado, juzgado y condenado por casos de corrupción en contrataciones públicas.

O que los bancos sean requeridos a dar información a gobiernos extranjeros sobre sus particulares, cuando a los panameños se nos tiene vedado conocer qué bancos se han prestado para el blanqueo de capitales, incluyendo el manejo de dineros malhabidos de políticos corruptos y ladrones. Mientras dicotomías como estas se mantengan, la diplomacia panameña seguirá en zozobra, bajo el agresivo fuego de algunos países que dicen ser nuestros amigos.

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