CASO ZIMMERMAN

División racial en la justicia de EU: Betty Brannan Jaén

PANAMÁ, R.P. –El veredicto de “no culpable” en el caso penal de Florida contra George Zimmerman me ha hecho recordar el caso de O.J. Simpson, pero solo para recalcar lo ingenua que he sido al pensar en estos últimos años que las divisiones raciales en Estados Unidos se estaban aminorando. Si el veredicto del caso Simpson (negro acusado de asesinar a dos blancos) estremeció a los estadounidenses en su momento, no menos impacto ha tenido el veredicto del caso Zimmerman (blanco/hispano acusado de asesinar a un joven negro). No solamente he visto comentarios de que con el veredicto Zimmerman la comunidad blanca estadounidense le está haciendo un “pase de factura” (en inglés, payback) a los afroamericanos, sino que también percibo un tono racista en la polémica que el veredicto Zimmerman ha desatado. Yo creí que Estados Unidos había superado eso en alguna medida en los casi 20 años que han pasado desde el caso Simpson –décadas en que Estados Unidos eligió un presidente negro, entre muchos otros avances– pero obviamente me equivoqué. En 1995, 78% de los negros estadounidenses apoyaba el veredicto absolutorio de Simpson (contra 10% de los blancos). Ahora, 75% de los blancos apoya el veredicto Zimmerman (contra 14% de los negros). La polarización es casi igual.

Sin embargo, hay que distinguir entre la realidad legal y la social en torno al caso Zimmerman. Desde el punto de vista legal, y en mi juventud fui abogada penalista en Estados Unidos, el hecho es que sobre la fiscalía recaía el peso de probar que Zimmerman no actuó en defensa propia; y la fiscalía no pudo probar eso “más allá de toda duda razonable”, como requiere el sistema estadounidense. Cuando escuché que un reconocido experto forense había atestiguado que las pruebas concordaban con la tesis de que el joven Trayvon Martin estaba encima de Zimmerman cuando este le disparó, supuse inmediatamente que Zimmerman saldría absuelto. Es que toda la defensa de Zimmerman era que Martin lo tenía contra la acera y le estaba golpeando la cabeza contra el concreto, de modo que él no tuvo otra opción que disparar en autodefensa. Los abogados defensores de Zimmerman fueron muy hábiles en presentar esa tesis para crear “duda razonable” en la mente de los jurados; los fiscales fueron menos hábiles.

Aun así, el veredicto duele por lo que nos revela de la realidad social en Estados Unidos, aun el siglo XXI. Martin era un pelao (como decimos en Panamá) que no había hecho más que ir a comprar una soda y que no estaba armado. Zimmerman, con pistola, fue el agresor, al bajarse de su automóvil para buscar una confrontación con Martin que al parecer solo fue motivada por el hecho de que Martin era negro; y esa confrontación culminó en la muerte del muchacho.

A esa realidad social se refirió el presidente Barack Obama el viernes, cuando observó que “ese pude haber sido yo, hace 35 años”. Obama agregó que difícilmente hay un solo hombre negro en Estados Unidos que no haya sentido en carne propia, como él lo ha sentido, el prejuicio de quienes piensan que todo hombre negro es un hombre violento o criminal. Al ver que alguien como yo se les acerca, dijo Obama, trancan las puertas del carro, agarran la cartera con más fuerza, y se muestran nerviosos en el ascensor. Encuentro muy triste que un Presidente de Estados Unidos haya tenido que pasar por esas experiencias, y que ellas todavía sean parte de la realidad social en ese país.

Después del veredicto Simpson, escribí que el caso había puesto al descubierto una polarización racial que la sociedad estadounidense podría tratar de sanar, pero hoy pienso que eso también fue ingenuo de mi parte. Dieciocho años han pasado desde entonces y los comentarios que leo online no inspiran optimismo en cuanto a racismo en la sociedad norteamericana. Todo lo contrario.

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