DESACIERTOS

Encuestas y apuestas a ganador: Abdiel Antonio Gutiérrez

Las semanas previas a las elecciones, el posible triunfo de Juan Carlos Varela generó el clásico combate entre el corazón y la conciencia. Pretendiendo ser objetivos y racionales, se depositó una considerable dosis de credibilidad en las encuestas que sugerían el triunfo de José Domingo Arias, seguido de Juan Carlos Navarro, en contradicción con la percepción en las calles y pasillos.

Al final, los simulacros que promovió la campaña de Varela acertaron y él ganó de forma contundente, mientras los resultados de las encuestas públicas fallaron. Ahora, las empresas encuestadoras que se dignan a responder no dan argumentos convincentes.

Los primeros equivocados fueron los servicios de noticias de los medios de comunicación que le otorgaron demasiada importancia a las encuestas, como insumo informativo. Los resultados relacionados a la intención de voto eran la columna principal de la cobertura, pobre en cuanto a la discusión de la conveniencia de planes y proyectos específicos de gobierno.

Algunos medios de comunicación arriesgaron su reputación al ensalzar y defender, a muerte, a sus respectivos proveedores de encuestas, haciendo de cada empresa encuestadora una especie de “candidato” más creíble.

El medio independiente, luego de validar la experiencia y profesionalismo del encuestador, debe dejarlo trabajar y tratarlo como un consultor más. Puedo estar equivocado, pero la impresión que tengo, es que algunos no se conformaron con contratar a las encuestadoras, sino que tomaron parte del trabajo.

Hace un año y medio, aproximadamente, le sugerí a los encargados de un medio de comunicación que desvincularan sus servicios de noticias del nombre de su proveedor de encuestas, con el objetivo de que proyectara una verdadera independencia respecto a los posibles resultados. No lo consideraron necesario. Ahora pocos creen que hubo equivocación, sino más bien una manipulación consciente de los contratantes para beneficiar a ciertos candidatos.

Las encuestas y otros estudios similares son instrumentos cotidianos y fundamentales en la inteligencia de los negocios y el mercadeo. Son indispensables para ejecutivos y analistas, al decidir acciones estratégicas. No son para que los electores descubran cuál es la mejor apuesta a ganador. El debate sobre el futuro del país no puede partir de cuántos votan por quién, sino sobre quién vota por cuáles propuestas y por qué.

Este pasado proceso electoral se caracterizó por las amenazas, las grabaciones clandestinas, el espionaje, la invasión de la privacidad, los hackers y hasta el asesinato de activistas cerca de eventos políticos. Experiencias comparables con la paranoia colectiva vivida durante la dictadura, cuando se sospechaba que todos los teléfonos estaban intervenidos y que cualquier vecino o taxista era un G-2, en potencia. Bajo estas circunstancias, es valiente el ciudadano que recibe a un desconocido en su casa o el que le responde el teléfono para confesarle que votará en contra del candidato oficial o a favor del enemigo político del Presidente.

Entre las muchas excusas repetidas hasta al cansancio y el hastío, se dice que las encuestas no son una predicción, sino una fotografía del momento. Pero si usted se toma una fotografía hoy, dentro de un año podrá identificar que la persona fotografiada es usted, aunque haya sufrido cambios radicales en relación a su aspecto anterior. Sin embargo, los resultados de las encuestas en cuestión parecen fotografías tomadas de otros procesos electorales.

¿Cuál es el futuro de las encuestas políticas? Opino que mantendrán su importancia en las coberturas electorales futuras. El descalabro de sus autores no condena la legitimidad de las ciencias estadísticas. Quizás los encuestadores entenderán mejor la actualidad política y social de los países, sin conformarse con aplicar fórmulas estandarizadas.

Tal vez los servicios informativos, en algunos medios de comunicación, le darán un giro a sus agendas en tiempos electorales, privilegiando el debate profundo de ideas, planes de partidos, alianzas y candidatos. Tal vez, estos medios decidan tomar distancia de sus consultores que aunque cuenten con mucha experiencia internacional, pueden equivocarse. En la práctica, los ciudadanos panameños demostraron varias cosas:

1. Que ya no apuestan ciegamente a ganador.

2. Que no tuvieron miedo al votar, pero sí fueron cautos al hablar.

3. Que consideran las elecciones presidenciales como algo muy serio, como para traicionar a sus conciencias.

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