¡ENHORABUENA!

Esperanza que reverdece: Berna Calvit

“El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida”, dijo Federico García Lorca, gigante de la poesía española. Dentro de pocas horas estaremos a las puertas del año 2015. La esperanza, ese sentimiento maravilloso al que no deberíamos renunciar jamás, reverdecerá adornada con cascabeles y luces de colores entre brindis, abrazos y fuegos de artificio. En el brinco de una minúscula fracción de tiempo, quedará atrás el viejo y desgastado 2014 y se abrirá ante nosotros el camino para un viaje de 12 meses en el nuevo año. Nada cambiará en ese brevísimo suspiro de tiempo que recibimos con tanta algazara, con sahumerios para alejar lo malo y atraer lo bueno, y un sinfín de tradiciones que hacen del 31 de diciembre una noche muy especial en casi todo el mundo. Mas lo cierto, amigo lector, es que aparte del cambio en el último dígito, pasar del 4 al 5, lo que hará la diferencia en nuestra vida es lo que hagamos con los días del nuevo año. Pasada la fiesta, en el umbral de 2015 estarán esperándonos los mismos afanes, los mismos sentimientos, lo que quedó pendiente, los compromisos, lo que no se llevó el año viejo.

2014 fue un año de grandes tragedias en el mundo entero; el ébola empezó su galope de muerte; en Ayotzinapa se sufre; en Pakistán la fórmula letal, fanatismo religioso-política, masacra niños y jóvenes escolares; el hombre continúa perfeccionando las máquinas de matar y sigue siendo “el lobo del hombre”; la naturaleza, airada, se subleva contra el depredador humano y lo castiga; el desmedido amor por el dinero y el poder corroe el alma de los hombres y hay mucho sufrimiento en el mundo. Pero nada consigue agotar la esperanza de mejores días, ni la fe en la bondad, la solidaridad, el amor. Y por eso, hasta en los días de desaliento, cuando las cosas no marchan bien, no debemos cerrarle la puerta a la ráfaga vivificante de la esperanza.

2014 quedará en la historia de Panamá como un año de referencia especial; será el año en que las sospechas de corrupción gubernamental dejaron de serlo al confirmarse, más allá de toda duda y con pruebas irrefutables, como nauseabunda realidad. La bonanza económica de los últimos años cobijó un grado de corrupción inédito en nuestra historia. Para el enriquecimiento ilícito “se llevaron en los cachos” todos los escrúpulos, todos las vallas de la honestidad; se atragantaban robando tanto que ni siquiera las necesidades de niños pobres y desnutridos les estorbó la conciencia; todo tenía precio de coima. El error de cálculo (el poder es engañoso y soberbio) los llevó a creer que permanecerían en el poder otro período y otro y quién sabe, otro; tiempo de sobra para robar más y borrar las pruebas que los incriminarían. Pero ¡enhorabuena! en este país de contrastes donde la mala distribución de la riqueza, los bolsones de pobreza y el deterioro de nuestra calidad de vida se esconden entre rascacielos de lujo y vitrinas de costosos caprichos, espejismos de un Panamá“miamense”, el 4 de mayo de 2014 un pueblo asqueado les dijo: ¡no más! Si la justicia no nos defrauda (como tantas veces lo ha hecho) deberán castigar a estos peces gordos con el rigor que corresponda.

Aunque el porvenir es siempre incierto, me ilusiona pensar que vendrán mejores días para Panamá. No renuncio al optimismo, a la esperanza de que el sentido de decencia vuelva a tomar su lugar en la política; quiero creer que plantaremos pie firme para exigir transparencia en los asuntos del gobierno; que aprenderemos a exigir nuestros derechos, pero también a cumplir nuestros deberes. Con terco optimismo me digo: “Lo que viene no puede ser peor, nuestro pueblo no permitirá que volvamos a ser saqueados; el PAN va a desaparecer y a los diputados nunca más les darán regalos disfrazados de bonos que comprometen la gratitud de los más necesitados”.

No es el número del año el que nos hará mejor persona; el cambio positivo se logrará si asumimos nuestra responsabilidad ciudadana con seriedad; si renunciamos al “eso no es conmigo” y al conformismo de “nada va a cambiar”, “todos roban”. No vale quejarse y quedarse inmóvil esperando que sean otros los que salgan a hacer la lucha que debería ser de todos. Este es un buen momento para una mirada introspectiva que nos lleve a preguntarnos: ¿qué hice este año por mi país, por mí para ser mejor persona? El poema No te impidas ser feliz, de Pablo Neruda dice “… Muere lentamente quien no gira el volante cuando está infeliz con su trabajo, o su amor/ quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño…”. Entonces, soñemos, no abandonemos la esperanza de un mundo más justo; de una sociedad en la que lo material no se anteponga a los valores éticos y morales. “La esperanza sonríe desde el umbral del año que viene, susurrando: ‘será más feliz”, (Alfred Tennyson, poeta inglés). Que así sea es mi deseo para ustedes. ¡Feliz año 2015!

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