DEMOCRACIA

Gobierno sin representatividad: Demetrio Olaciregui Q.

La representatividad de un Gobierno se demuestra, no por el control que ejerce sobre sus gobernados, sino, por el contrario, en la forma en que los ciudadanos participan y tienen decisión en lo que hace el Gobierno. Su carácter representativo puede verse en el sentido sustancial de una gestión que exprese el querer de sus ciudadanos. La representatividad significa que la ciudadanía actúa a través del Gobierno en lugar de ser un receptor pasivo de sus abusos e imposiciones.

Un Gobierno que se arroga el papel de promover un supuesto interés público, pero pisotea los derechos y aspiraciones ciudadanas, carece de representatividad. La representación ciudadana está en una profunda y estrecha relación con la capacidad del gobernante de interpretar los genuinos intereses de una mayoría que lo eligió y que, en consecuencia, aspira a recibir respuesta en servicios públicos, calidad de vida, mejoras ambientales, culturales y espirituales.

Pero la maquinaria del gobierno de Ricardo Martinelli, en lugar de dar respuesta a las legítimas aspiraciones ciudadanas, emplea los mecanismos confiados en forma transitoria para su beneficio personal. Ejerce una permanente manipulación, coerción y represión sobre la voluntad y las demandas ciudadanas. En la representación hay un liderazgo compatible con el querer ciudadano. En el absolutismo, no. Esa es la diferencia rotunda entre relaciones democráticas y dictatoriales. Entre la representatividad ciudadana y un Gobierno que carece de esa cualidad. En una Nación sin institucionalidad, en la que los poderes del Estado, el Ministerio Público y la Contraloría General de la República están en manos de Martinelli y responden a sus caprichos patológicos, el ideal de representatividad es un sueño vacío.

La afiebrada carrera por construir infraestructuras que, en muchos casos, son improvisadas e innecesarias –sin importar los daños por el ruido excesivo, la grave contaminación por partículas suspendidas en el aire y el impacto tóxico sobre la psiquis de la sociedad- solo persigue el interés de adueñarse en forma corrupta de los recursos del Estado. Martinelli arrebató el poder como millonario para salir billonario. Una rapiña sin precedentes en la que participan sus ministros más cercanos y las empresas, mayormente extranjeras, asociadas con la depredación con que abordan cuanto contrato o negocio puedan inventar para hacerse con la riqueza nacional.

El carácter excluyente del gobierno de Martinelli solo concibe el poder para beneficio personal. Su gobierno no conduce al conjunto de la sociedad. Se imagina superior y trata de derrotar a los que piensan distinto y destruir a quienes no lo aplauden. El desprecio al adversario, la burla y la humillación constante de los ciudadanos, demuestran una concepción degenerada de lo que debe ser la representatividad democrática.

Además, Martinelli no puede apelar a una lejana mayoría eleccionaria, decepcionada por su carácter despótico. Como no cuenta con una estructura partidaria capaz de sustentarlo políticamente, ha constituido los estamentos de seguridad como su guardia pretoriana.

Frente a esa degradación de la representatividad y del envilecimiento de la gestión pública en la que está deslizándose el país ideado por Martinelli, no debe producirse, como es su propósito, un abandono de la institucionalidad a su suerte ni un repliegue de la política.

Hay que derrotar el personalismo de Martinelli, su soberbia e infatuación al considerarse con potestad para pisotear el derecho de todos los ciudadanos a aportar para generar diversidad de pensamiento y de acción. La lucha debe redoblarse por lograr una democracia participativa, más allá del mero electorerismo, que terminó en el sacrificio del voto ante un ídolo con pies de barro, lleno de podredumbre, de toda suerte de prostitución e inmoralidad.

Aspirar al ejercicio pleno de la participación democrática no es algo irreal. El país exige creación y participación para su desarrollo, demanda cordura para derrotar la demencia que lo amenaza. Hay que frenar el avance de un gobierno despótico sobre los derechos ciudadanos. Luchar por rescatar el valor del ciudadano y construir resguardos para evitar que el país resulte insalvable luego del paso depredador de un gobierno sin representatividad ciudadana.

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