EL PANAMÁ POLÍTICO ES ANALFABETA Y CORRUPTO

Inconsciencia: Carlos Guevara Mann

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Llama la atención la falta de conciencia histórica, cívica y democrática de quienes se desenvuelven en el ámbito político. Como dice el profesor Ríos Torres: “Tenemos profesionales con talento, probidad e independencia de criterio, pero el Panamá político analfabeta y corrupto prefiere amanuenses, los ‘yes man’”.

La mal llamada “clase política” es ignorante. No conoce de historia, sus nociones de civismo son precarias y sus valores democráticos, débiles. Aunque abundan ejemplos de este fenómeno, consideremos tan solo dos que nos ha ofrecido recientemente.

Para honrarlo por su inminente retiro, Colombia condecoró a Frank Ábrego, jefe del Servicio Nacional de Fronteras o Senafront (Crítica, 21 de enero), lo cual no es nada sorprendente, pues para todos los efectos, el Senafront es una unidad del Ejército colombiano (el cual está estrechamente ligado al Ejército estadounidense).

Tampoco es la primera vez que el gobierno de Bogotá condecora a Ábrego. En esta ocasión (2016) recibió la medalla “Brigadier General Valdemar Franklin Quintero”; hace dos años, el presidente Santos le entregó la “Estrella Cívica de la Policía” (Panamá América, 22 de mayo de 2014).

Lo insólito es que, en vez de dejarlo ir tranquilamente para su casa, a fin de que disfrute de su merecida jubilación tras sus arduos esfuerzos en pro de los intereses colombianos y estadounidenses en Panamá, el gobierno nacional ha dispuesto nombrarlo en el Ministerio de Relaciones Exteriores (La Prensa, 20 de enero).

¿Qué puede aportar a la política exterior de un Estado pretendidamente democrático un personaje cuyo desempeño público promueve el militarismo? En la Cancillería, seguramente, hará mancuerna con los partidarios de la dictadura y los agentes de Bogotá que, paradójicamente, asesoran la política exterior del gobierno panameñista.

Días antes, el presidente Varela condecoró al expresidente estadounidense Jimmy Carter. Para ello viajó especialmente a Atlanta, acompañado por Martín Torrijos y Samuel Lewis Navarro. Torrijos y Lewis, como es sabido, están íntimamente ligados a la dictadura militar que derrocó del poder al Dr. Arnulfo Arias Madrid, líder histórico del panameñismo que hoy dirige Juan Carlos Varela (La Prensa, 13 de enero).

Jimmy Carter no merece homenaje alguno de un Panamá democrático. Durante su administración, Carter se empeñó en modernizar el enclave estadounidense en Panamá en aras de los intereses de Washington.

A tales efectos, no tuvo reparo alguno en contrariar su retórica en favor de los derechos humanos, apoyando al régimen militar con tal de obtener el Tratado del Canal de Panamá y el Tratado Torrijos-Carter de Neutralidad, convenientes a los objetivos de su país.

Una lectura del estudio de los profesores Noel Maurer y Carlos Yu, publicado por la casa editora de la prestigiosísima Universidad de Princeton (Princeton University Press), revela que ya en la década de 1960 el control estadounidense de la vía acuática había perdido sentido económico y político para Washington (The Big Ditch: How America Took, Built, Ran, and Ultimately Gave Away the Panama Canal, 2010). A través de los tratados de 1977, Carter consiguió lo que en ese contexto interesaba a Estados Unidos: el paso expedito de los buques de guerra estadounidenses por el Canal, a perpetuidad; influencia determinante en la fijación de los peajes; y una garantía intervencionista en perjuicio de Panamá.

Aparte consiguió, además, exonerarse de la obligación que Estados Unidos adquirió, a través del Tratado Thompson-Urrutia de 1914, de permitir el paso gratuito de los barcos de guerra colombianos por el Canal, nada menos que trasladándosela a Panamá, sin que dicha obligación tuviese sentido alguno ni contraprestación para nuestro país.

Nada, entonces, tenemos que agradecerle al expresidente estadounidense. Sí habría que reclamarle su apoyo político y económico a la dictadura militar, su contribución a la militarización del país y el “regalito” que nos dio en 1979, cuando acordó con su compinche Omar el inmerecido refugio al tirano iraní Mohamed Reza Pahlevi y su apetecible consorte, Farah Diba, en Panamá. “Busca el consejo de los prudentes”, dice el libro de Tobías (4, 18). El presidente Varela le ha imprimido a su gestión una dimensión religiosa importante. Si sus colaboradores y asesores carecen de adecuadas nociones de historia, cívica y democracia, harían bien en seguir la recomendación de Tobit a su hijo, a fin de evitar seguir cometiendo errores con consecuencias para el país.

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