DESIDIA ESTATAL

Jaqué, una comunidad olvidada: Ricaurter Paz

Jaqué es la principal comunidad del Pacífico darienita, la tierra de mis padres y familia. El tiempo que viví en este hermoso pueblo pude observar y gozar de la belleza de los bosques primarios, los ríos Jaqué, Pavarandó y una enorme playa.

Las viviendas son originales, de dos altos, hechas de madera y con sus divisiones internas de caña blanca y otros materiales. La población es muy alegre por su música como el tamborito, porro y el bunde y bullerengue. Se ha caracterizado por ser gente muy trabajadora, que cree en la honestidad, en el catolicismo y es muy cortés con los visitantes.

Hoy en día, esta es una comunidad olvidada, pero bendecida por Dios para que tanto el indígena, el agricultor como el campesino trabajan la tierra fértil que nos dejó. A pesar de la cercanía de Jaqué a Colombia es más fácil llegar a comunidades costeñas como Cocalito, Juradó y Guayabito, más cercanas a la hermana República de Colombia, que a la ciudad de Panamá. Su relación comercial, social y cultural es más afín a los pueblos costeños y fronterizos del vecino país que, incluso, con el territorio nacional.

Los gobiernos llegan y pasan, como golondrinas en el verano, pero jamás se detienen para mirar qué necesidades tiene la población jaqueseña. Este pueblo, de gente trabajadora que lucha para tener mejores días, lo único que le pide al presidente y representante que resulte electo en las elecciones del 4 de mayo de 2014, es ayuda para desarrollar sus cultivos, la ganadería, la pesca y, así, poderlos comercializar en la ciudad capital.

La población carece además de ayuda tecnológica, porque los canales de TV no entran, solo una emisora se logra escuchar, los moradores esperan la noche para usar el teléfono público, pues de día se forman largas filas y, por si fuera poco, la señal de muy pocas empresas de telefonía celular llega hasta el poblado. Además, solo funciona un viejo cine.

Para llegar hasta Jaqué, hay que tomar un barco en el muelle Multipropósito” (antiguo muelle Inglés), y hacer un recorrido que tarda entre 18 y 19 horas. Estos viajes no son regulares, pueden salir cada cuatro días, no más. Además, no es cualquier capitán de barco el que pueda entrar por La Boca de Jaqué, nombre que lleva la entrada principal del pueblo, hay que saber cuándo entrar y salir. Los residentes la conocen muy bien y han naufragado. Allá han llegado capitanes con años de experiencia en el mar, manejando lujosos yates y barcos de cargas y no han podido entrar. Los que lo tratan de hacer sin consultar, generalmente, naufragan. Esto se debe al choque de corrientes de agua dulce del río y agua salada del mar. Por vía aérea antes se llegaba primero hasta Puerto Piña y, luego, se tomaba una panga o lancha que llegaba la comunidad. Lo cierto es que los gobernantes de turno se han olvidado de que este pueblo existe.

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