PERIODISMO COMBATIVO

Medios, sociedad civil y corrupción: I. Roberto Eisenmann, Jr.

Para florecer, la corrupción necesita de la obscuridad. Dicho en pocas palabras: el papel de los medios de comunicación y de la sociedad civil en la lucha contra la corrupción es alumbrar el ambiente con una poderosa luz, a fin de no permitir la obscuridad en la cual se encubre la corrupción. Esa poderosa luz es la información; es forzar la transparencia y llevar a cabo una lucha a favor del público que la desea, y contra aquellos que ejercen los poderes público y privado que se empeñan en negarla.

Para que exista una prensa libre que pueda investigar y denunciar casos de corrupción, alumbrando el ambiente con el fin de mantener a la opinión pública alerta, es necesario que este derecho a la libertad de información, expresión y pensamiento no se vea de ningún modo afectado por presiones, amenazas de grupos de poder, medios de gobierno o gobernantes, o normas legales que atenten contra él.

El periodismo latinoamericano sigue en la batalla diaria por conservar la libertad de información, que es la madre de todas las libertades humanas y la base del sistema democrático de gobierno. Además, en nuestros países la debilidad de las instituciones de nuestras jóvenes democracias produce un nivel de impotencia en los ciudadanos que los lleva con frecuencia a canalizar sus ansias de justicia a través de los medios de comunicación. Esto se dramatiza al medir los niveles deteriorados de credibilidad en las instituciones públicas y la mayor credibilidad hacia los medios de comunicación independientes, todo lo cual conduce a mirar al periodismo independiente como reemplazo de las instituciones de justicia debido a la lentitud de la justicia institucional y la inmediatez de la justicia periodística (la historia nos indica que medios de gobierno o propiedad de gobernantes jamás logran la credibilidad requerida para ser favorecidos por lectores, radioescuchas o televidentes).

El papel de la sociedad civil

La sociedad civil tiene un papel significativo en la lucha contra la corrupción y guarda una estrecha relación con los medios de comunicación en esta lucha. Un medio publica un escándalo de corrupción. Miles de lectores leen el mismo texto y se indignan, pero cada uno lo hace individualmente, en forma aislada. Por estar aislados en esa penumbra de la incomunicación hay inacción, lo que produce desilusión y frustración.

Para recobrar el poder ciudadano hace falta su acción asociativa en entidades de la sociedad civil integrada por redes de ciudadanos informados y asociados para la acción, para la reconquista de su papel de dueños de la cosa pública. En 1979 vivíamos gobernados por una dictadura en Panamá. Todos los medios de comunicación pertenecían al gobierno militar o estaban comprometidos con él. No había libertad de información ni de expresión. Un grupo de ciudadanos de la sociedad civil decidimos asociarnos para formar un diario libre en plena dictadura. Pronto se nos unieron otros mil 700 ciudadanos. Sería un diario sin dueño pero con muchos dueños, incluidos todos los que allí trabajaban.

Lo que en un principio parecía una locura se convirtió en realidad un año después. Sufrimos todas las posibles opresiones: arrestos, exilios, ataques de turbas, destrucciones, y con cada golpe nos fortalecíamos hasta convertirnos, en tres cortos años, en el diario de mayor circulación e influencia en el país. Nos convertimos en un gran foco: alumbramos la obscuridad. La corrupción y las violaciones de los derechos humanos fueron nuestro tema primario.

Cambiaron radicalmente las cosas y cayó la dictadura. Nuestros amigos y compañeros de lucha pasaron al gobierno democrático, pero La Prensa mantuvo su independencia de los poderes del Estado y sufrimos entonces los embates de gobiernos democráticos. La Prensa decidió que además de su papel de informar y cuestionar las actuaciones de quienes tuviesen en sus manos las riendas del país, fueran parte del gobierno o de la empresa privada, ejercería el periodismo cívico. Se crea así la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, con una junta directiva independiente, aunque apoyada económicamente por el diario. En general, el proyecto de periodismo cívico de La Prensa ha sido extenso: contribuye a estimular la participación cívica, la discusión y el debate público, así como la organización de una ciudadanía competente que va mucho más allá de ejercer el derecho a votar en las urnas una vez cada cinco años. Este ejemplo de interacción entre la sociedad civil y los medios de comunicación resulta crucial a la hora de definir las prioridades de la sociedad, entre las que sobresale la lucha contra la corrupción tanto en el ámbito público como en el privado.

La misión del periodista

Como parte de los distintos programas que ha realizado la Fundación se creó el Centro Latinoamericano de Periodismo (Celap), dedicado a la educación continua de periodistas en ejercicio, con atención primaria a la investigación y a la ética.

Creo tener una particular visión multidimensional sobre el periodismo. Ingresé a la profesión en la edad madura, con ignorancia casi que absoluta sobre lo que me proponía hacer, motivado simplemente por la idea de encender una luz en el momento en que nuestro país vivía en total obscuridad. Tenía, sin embargo, la convicción plena de que exigir la libertad de información y de opinión a través de los medios libres, como madre de todas las libertades, era la acción primaria para la reconquista de la democracia. Me lancé a un aprendizaje de emergencia en el que el destino nos puso por delante a los mejores maestros, y aprendimos, haciendo. Aprendimos a escribir, escribiendo.

Tuvimos la suerte, además, de contar con brillantes colaboradores que, como yo, querían devolver a la Nación su derecho a vivir en democracia. Y entre todos armamos un medio de la nada, en medio de la dictadura, rompiendo moldes tradicionales e iniciando experimentos que a todos parecían locuras. Por ejemplo: un diario sin dueño pero con muchos dueños. Un diario en el que –por esta particularidad de no tener dueño único– no había temas prohibidos ni personajes intocables o congelados. Un diario donde todos los que allí trabajaban fueran accionistas y participantes de las utilidades. Un diario que diera voz a todo el que no la tenía, sin importarnos su posición ideológica; un diario donde se publicaran todas las críticas contra los que allí trabajaran; un diario donde el anunciante no podía comprar silencio editorial; un diario con un Código de Ética publicado y un Representante del Lector; un diario cuya política expresa era incrementar salarios en la profesión. En fin, un medio referencia que elevara el periodismo en el país, para que constituyera una infraestructura democrática básica. Recibió La Prensa mucha ayuda de los gobiernos autocráticos de ayer (dictadura militar) y de hoy (democráticos): palos, demandas, auditorías políticas, arrestos, exilios, cierres, destrucciones, todas las cuales la fortalecieron convirtiendo a La Prensa – para desgracia de los autócratas de ayer y de hoy - en el gran Diario Libre de Panamá.

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