JUSTICIA SELECTIVA

Los unos y los otros: Miguel Zúñiga

Pablo Pueblo, un panameño de clase media baja, es el único sospechoso en la desaparición de varios productos electrónicos de una tienda. Al muchacho, que no parece tener más de 28 años, le dictan detención preventiva y debe esperar pacientemente en La Joyita hasta que lo llamen a juicio. Luego de año y medio detenido, el juez lo declara inocente. Para su mala fortuna, el día del robo había estado en el lugar y momento menos indicado. Se siente indignado y pisoteado por el sistema.

Fulano, mejor conocido por sus compadres como Fulanito, se caracteriza por tener un agudo sistema olfativo que localiza “Washington”, “Lincoln” y “Benjamin Franklin” a miles de kilómetros de distancia. Siempre ha sido un tipo adinerado, muy seguro de sí mismo, regularmente le comenta a sus conocidos, con la espalda bien erguida y la caja toráxica llena de aire, que es un “tiburón” en el mundo de los negocios.

En los últimos años, Fulanito ha visto ampliada su fortuna, ahora tiene: un yate, helicóptero, una casa en la playa y en la montaña. Su famoso olfato lo llevó en un vuelo directo y sin escala a hacer negocios con el Estado. “¡Fulano, mi hermano, eres un genio”, se decía a sí mismo.

Hace unos meses comenzó a ponerse nervioso, varios de sus amigos estaban siendo acusados en los noticieros y periódicos nacionales de vender productos o servicios al Estado con supuestos sobrecostos. Cómo no iba estar nervioso si él había hecho lo mismo. El tiburón, prediciendo lo que le depararía el destino, se consigue uno de esos abogados que cuando les conviene defienden el debido proceso, que suelen abusar de palabras domingueras y que les encanta pelear con periodistas en la tele.

El día de la indagatoria, Fulanito y su abogado entran al edificio Avesa, luego de cuatro tediosas horas el acusado es trasladado a una celda habilitada en la DIJ. Pasan unas semanas y Fulanito decide, luego de enfrentar “hipertensión” y fuertes “dolores de espalda”, devolver unos tres millones de dólares producto de los negocios turbios que hizo con el gobierno. El juez decide decretarle medida cautelar de casa por cárcel y en la cara de Fulanito se dibuja una media sonrisa, el tiburón volvió a salirse con la suya. Por lo menos hasta que llegue el juicio.

Panamá sin duda está viviendo una época distinta, rara, convulsa, nunca antes la justicia había tocado de manera tan fuerte a funcionarios y delincuentes de cuello blanco, eso sin duda es para pararse y aplaudirlo. Las cosas parecen estar cambiando pero todavía nos queda mucho por mejorar y aprender.

Las historias inventadas de Pablo Pueblo y Fulano relatan sucesos del día a día nacional. La sociedad, peligrosamente, se está dividiendo y hay muchos que todavía no se han percatado que estamos llegando a un punto sin retorno aparente. No importa si eres Pablo Pueblo o Fulanito, frente a la ley ambos deben ser tratados por igual, de eso se trata el estado de derecho. Alimentar y ayudar la percepción ciudadana de que el que tiene plata es tratado diferente al que no, es dejar en evidencia el hundimiento titánico del país en las aguas del tercermundismo.

Me queda la duda si dictar medidas cautelares de detención preventiva, a diestro y siniestro, como se ha venido haciendo desde siempre, es lo más adecuado, creo que el utilizarlas tanto deja en evidencia lo mal organizado que está el sistema judicial panameño. Independientemente si eso es algo que debemos cambiar o no, lo que más nos indigna como jóvenes es escuchar, ver y leer diariamente que se les otorga medidas cautelares de casa por cárcel a maleantes como “Fulanito” y a ciudadanos como Pablo Pueblo no. Recordemos que la corrupción es una de las maneras más efectivas de detener el crecimiento y evolución de una sociedad, no solo en el ámbito ético e institucional pero en el económico también.

Para que se hagan una idea tomemos el supuesto sobrecosto en la autopista Arraiján-La Chorrera. Según la Comisión de Infraestructura Pública y Asuntos del Canal de la Asamblea Nacional con los 60 millones de sobrecosto que tuvo la obra se pudieron haber construido dos estadios nacionales como el Rod Carew o cinco escuelas a nivel nacional o siete Minsa-Capsi, por mencionar algunos ejemplos.

Somos optimistas y estamos seguros que las autoridades reaccionarán y evitarán que esta diferenciación entre clases, tan dañina para la sociedad, se siga dando. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

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