ESTUDIO

Mitos y realidades de la medicina alternativa: Daniel R. Pichel

Mucho se ha discutido sobre la medicina alternativa y su utilidad para tratar síntomas y enfermedades. Unos la defienden y otros la consideran simple charlatanería.

Para comenzar, hay que entender que la “medicina alternativa” incluye diversos tratamientos. Desde técnicas de la medicina oriental –como la acupuntura– hasta el uso de sustancias derivadas de plantas, la quiropráctica, la aromaterapia y las terapias de sanación, basadas en la “energía sanadora” de personas con habilidades místicas y espirituales.

Por lo general, quienes practican la medicina alternativa se basan en beneficios clínicos obtenidos en pacientes individuales. Si bien es cierto que esto también se aplica a las terapias tradicionales, la medicina moderna toma sus decisiones según la “medicina basada en evidencia”. Así, los tratamientos que no están respaldados por sólida evidencia científica son seriamente cuestionados, pues deben contar con demostrados beneficios terapéuticos, manteniendo la seguridad para el paciente.

Recientemente, leí un interesante libro autobiográfico del Dr. Edzard Ernst, titulado Un científico en el país de las maravillas, en el que este destacado médico investigador describe sus experiencias y vicisitudes durante los años que practicó en Alemania, Austria e Inglaterra, dirigiendo equipos que sometieron las terapias alternativas a la rigurosidad de la medicina basada en la evidencia, con el objeto de determinar sus verdaderos beneficios y riesgos. Durante más de 25 años realizaron estudios en los que estas terapias fueron comparadas, cumpliendo altas normas éticas y metodológicas.

Por lo general, para que un estudio de este tipo sea válido se deben cumplir ciertas premisas. Lo primero es que ni el médico que aplica el tratamiento ni el paciente que lo recibe deben saber si están recibiendo la terapia activa o el placebo. Así se evita un sesgo generado por el hecho de recibir o no el agente estudiado. Después, el número de pacientes estudiados debe ser lo suficiente amplio y seguido durante un período de tiempo que permita sacar conclusiones válidas. Si un estudio tiene muy pocos pacientes o dura menos de lo indicado, los resultados no serán confiables. Finalmente, deben ser publicados en medios de reconocida seriedad, para que el conocimiento llegue a todos los interesados.

Las experiencias del equipo de investigación del Dr. Ernst se vieron seriamente cuestionadas por defensores de la medicina alternativa. Con sus estudios, muchos de los argumentos a favor de la medicina alternativa fueron sucesivamente desmantelados por el Dr. Ernst y su equipo. Así, demostraron que la acupuntura es útil solo en algunos dolores leves, aunque no es superior a los analgésicos tradicionales. La seguridad de este procedimiento va de la mano del entrenamiento de quien lo practica y de la utilización de técnicas modernas para evitar contaminación de los equipos. La manipulación de la columna vertebral por quiroprácticos, si bien alivia dolores lumbares de origen muscular, no es mejor que las técnicas habituales de fisioterapia y relajantes musculares, además de poder producir complicaciones graves. La aromaterapia y la terapia de sanación basada en energías místicas no demostraron utilidad alguna, más allá del efecto placebo.

Los tratamientos con compuestos homeopáticos y con sustancias herbolarias tienen que analizarse de forma individual. Si bien muchos medicamentos son derivados de sustancias presentes en la naturaleza, los procesos de concentración, purificación y bioseguridad son imprescindibles para que se considere su uso clínico. Que una sustancia sea “natural” no significa que sea inocua. De hecho, muchas plantas y sus derivados son venenos, si no se usan en las dosis adecuadas.

Otro de los problemas con las terapias alternativas es que sus defensores consideran que “no son peligrosas”. Si bien es cierto que la aromaterapia tiene menos efectos secundarios que la quimioterapia, las comparaciones deben evaluarse bajo los parámetros de riesgo-beneficio. Aunque la aromaterapia o la homeopatía pueden no ser “mortales”, si se convence al paciente de tomarlos, en lugar de vacunas o tratamientos comprobados para enfermedades graves, estas terapias pueden causar la muerte, de manera indirecta.

Otra dificultad es que los argumentos a favor de la medicina alternativa muchas veces se basan en reportajes periodísticos, experiencias individuales o teorías de conspiración. Por razones propias de estos reportajes, el periodista debe balancear la información usando fuentes a favor o en contra. Esto genera un serio peligro, si tomamos en cuenta que, muchas veces, la contundencia científica de la información es completamente desigual. El ejemplo utilizado por el Dr. Ernst en su libro resulta muy gráfico. Si un periodista va a hacer un reportaje sobre si la Tierra es redonda o plana, puede escribir dos párrafos a favor de cada teoría, pues el lector conoce el tema lo suficiente para sacar conclusiones correctas. Pero, en medicina es peligroso ese “balance informativo” pues puede confundir a las personas, al darle el mismo valor a datos basados en evidencia científica o a opiniones particulares de personas interesadas. Igualmente, las conspiraciones de la industria farmacéutica y la comunidad médica siempre salen a relucir si la evidencia es abrumadora contra las terapias alternativas.

En resumen, no se trata de descalificar a la medicina alternativa como una opción terapéutica. Lo que se quiere es que se someta a los mismos métodos de validación que la medicina tradicional. Así se logrará mayor efectividad y seguridad para los enfermos. @drpichel

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