VIVENCIAS

Nadie arroja piedras...

Nadie arroja piedras...
Nadie arroja piedras...

El 15 de octubre del año 1980 se registró la Asociación de Fonoaudiología de Panamá con el nombre de Afpa. Fuí su vicepresidenta y tenía mi ego bien hinchado. En el año 1989, la fonaudióloga Marcela Carles de Velarde y yo escribimos con la Editorial Panameña (Editorial Géminis) un libro que circulamos por donde pudimos presentarlo con talleres. Es un libro de trabajo. Su nombre: Ejercitación Gramatical del Lenguaje. Bueno, consideramos que como decía trabajo no tuvo mucha aceptación y, a principios de este siglo (2005) sale a colores, pero con el nombre: Ejercitación Gramatical del lenguaje en Campos Semánticos , editado en Panamá por la Editora Géminis que nos daban regalías por la venta del libro. El libro se adecúa. Yo lo hice en la cátedra de Redacción y Expresión Verbal con todas las carreras: Optometría, Fonoaudiología, Estimulación Temprana, Terapia Ocupacional, Biomédica, Carrera para Infractores y Menores, Linguística, conjuntamente con los mapas conceptuales para lectura y escritura. El problema de la lectura y la escritura persiste y seguirá sin frutos. Ahora tengo nieta y nietos que están y siguen memorizando temas escritos por editoras extranjeras. Libros editados fuera del país y regreso al viejo escrito que redacté así:

Hay un pensamiento de Víctor Hugo en el periódico La Prensa el día 27 de abril de 2007 que sintetiza lo que he querido resaltar en este escrito: “el trabajo endulza siempre la vida, pero los dulces no le gustan a todo el mundo”. Cuando decimos: Voy a trabajar, voy a estudiar, voy a cambiar mi manera de pensar , voy a escribir un libro. Parece utópico. Muchas personas dirán qué aburrido, ¿cuánto se gana con eso? Cuando decimos que las editoras dan regalías de acuerdo con la venta del libro, nos dan la espalda o nos miran como “bicho feo” y con gestos faciales nos demuestran una carita de ceño fruncido , “nada que ver conmigo. Mi tiempo vale oro”.

Por eso, ese deseo de querer va muy dentro de uno mismo(a) y los problemas sociales que nos aquejan nos impulsan a buscar ambientes de sano aprendizaje. Ambientes con un positivo deseo de mejorar. Muchas veces buscamos soluciones , pero el eco no responde, porque son lamentaciones que no se conectan con nuestra manera y forma de querer y de ser. He leído, visto, escuchado e insistido en el problema que llevamos dentro. Problemas de nuestro pensamiento,de nuestra mente que no están afuera y que se pueden corregir para lograr, a través de estas fuerzas interiores, encontrar colectivamente, los cambios de mentalidad que se requieren para obtener éxitos en nuestros sanos propósitos de trabajar buscando un delicioso dulce en lo que hacemos.

Reconocer que Victor Hugo tenía razón “el trabajo endulza siempre la vida,pero los dulces no le gustan a todo el mundo”. Si alguien prefiere buscar los dulces en la “pantalla grande o en la pantalla chica”, tendrá la opción al enterarse que en Panamá el buen cine tiene grandes actores panameños y que, al igual que los libros, y el teatro, son para opinar. Son para saborearlos. Son para reflexionar y aplicar sus moralejas.

Un día, por ejemplo, leía mientras esperaba mi cita en el laboratorio de la Caja del Seguro Social el libro Absurdos, del jesuíta Anthony Mello, quien, en una forma anecdótica, resalta lo que le aconteció a un señor que viajaba cierta noche por la litera superior de un vagón de ferrocarril y no podía dormir, porque en la litera inferior había una mujer que no dejaba de gemir: ¡Qué sed tengo, Dios mío, qué sed tengo!... Así, los oídos de este gran pensador, quien sentía esa lastimera voz castigándole, tomó acción y decidió descender sigilosamente por la escalerilla, salir de su litera, recorrer todo el pasillo del vagón hasta llegar a los servicios y llenar de agua dos grandes vasos de papel, regresar con ellos y dárselos a la atormentada mujer diciéndole: ¡Aquí tiene, señora: agua! . A este noble gesto, la mujer respondió: “Muchas gracias , señor. Dios le bendiga”. El hombre volvió a su litera, se acomodó en ella...y, a punto estaba de conciliar el sueño, cuando de pronto oyó de nuevo la lastimera voz que decía: “Qué sed tenía, señor, Dios mío, qué sed tenía. ¡Qué sed tenía, señor, Dios mío qué sed tenía! ¡Qué sed tenía señor, Dios Mío, qué sed tenía!

La costumbre, la mentalidad, deben cambiar. Y si no cambia, debemos cumplir con nuestra obligación buscando otra litera u otro trabajo o cambiando de posición nuestros oídos. Me limito a sugerir a quien escribe, a quien lee o a quien tiene una idea que la ejecute y que sigamos adelante porque tenemos que ser árboles con frutos: buenos, sanos, maduros sembrados en este suelo patrio . Frutos que permitirán un cambio de actitud para tener buenas cosechas y no permitir el éxodo de grandes profesionales, pensadores e intelectuales que quieren permanecer en esta tierra fértil y próspera, donde las esperanzas fomentadas a través de las malas noticias no son alentadoras al anunciar los hechos conmovedores, y darle mucho énfasis con voces estrepitosas a los acontecimientos desagradables cuyas glosas las sintetiza Flor Mizrachi, con buen estilo, diariamente.

Reconozcamos que en Panamá vamos trabajando y endulzando la vida recordando nuestro Himno Nacional: “adelante la pica y la pala , al trabajo sin más dilación”, porque nadie arroja piedras a los árboles sin frutos.

La autora es educadora 

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