‘EL QUIERE CELESTE QUE LE CUESTE’

El Niño y los culecos: Javier Barrios D.

Cursando estudios de bachillerato en Las Tablas (1960-65) oí hablar que en tiempos de sequías prolongadas se celebraban “rogativas”; rezos y procesiones con el santo patrón de las comunidades pidiendo lluvia (en 2014 las hubo). Si surten o no efecto, es cuestión de fe. Aclaro que en ese entonces desconocía el tema, porque las tierras altas del centro y oeste de la provincia de Los Santos (denominadas La Sierra) sufren menos los estragos de El Niño, por eso en Nuario (de donde soy oriundo) nunca recurrimos a las “rogativas”.

Las fuertes críticas, por años, al campesino santeño por haber deforestado la provincia revelan un total desconocimiento de sus motivaciones; de la denominada “cultura del potrero”, pues esos críticos no comprenden que el ganadero requiere de la mayor cantidad de tierra con pasto; que los métodos o técnicas que emplea no son un invento suyo (fueron heredados de los españoles) y que los gobiernos no han enseñado que se puede ser ganadero y a la vez proteger las cuencas hidrográficas.

Además, aunque mal de otros no es consuelo de tontos, pareciera que estos críticos igual desconocen que todos los ganaderos de nuestro país, por siglos, y del mundo, por milenios, han hecho exactamente lo mismo; pero que, debido a factores climáticos o porque están ubicados en tierras altas y tienen ríos muy caudalosos (Chiriquí, por ejemplo), sufren menos los rigores de las sequías; de allí que no sean objeto de ataques.

Ahora, algunas personas, ignorando las tradiciones y costumbres festivas tan arraigadas en Azuero (“exportadas” a otras provincias), solicitan que no se use agua en los culecos, los que, sin tal, distan de serlo, y hasta piden la suspensión de los carnavales. Sin ser experto en estos temas, paso a emitir algunos juicios al respecto.

-Tengo la percepción de que el río La Villa, que abastece de agua potable a la mayor parte de la población de las tierras bajas centrales de Azuero, tiene suficiente caudal y agua represada como para que los culecos no representen un serio problema. Además, igual que todos los ríos, este lanza diariamente al mar quizás tanta o más agua que la que se utiliza.

-El Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) debe tener la capacidad para suplir de agua potable a la población, que puede duplicarse en estas fiestas, y de no ser así, ya estamos acostumbrados a estas deficiencias temporales.

Antes los cisternas en Las Tablas usaban agua potabilizada de la piscina, ahora la compran en pozos privados. Desconozco cómo hacen en otros pueblos.

-La potabilizadora de esta región es relativamente nueva y la red de distribución de estos pueblos tiene menos problemas de fugas que la ciudad de Panamá; por tanto, el Idaan durante los carnavales genera ingresos adicionales y quizás hasta ganancias. Debería cobrar una tarifa más elevada a las residencias durante esos días y a los cisternas que utilizan su agua. “El que quiere celeste, que le cueste”.

-Independientemente de que es incorrecto desperdiciar agua y que pueden presentarse problemas de suministro, las críticas y recomendaciones no deben olvidar que el desperdicio en la red de distribución en algunas ciudades (responsabilidad del Idaan) y el de los usuarios en general supera con creces al de los culecos.

-Como estos críticos están presumiendo posiciones radicales, deben tener presente que, de contrapeso, estas fiestas tienen un gran impacto en la región, como es el caso de la gran cantidad de familias de escasos recursos y pequeños y microempresarios que ven incrementadas sus ventas en esos días, por lo que deberían realizar un análisis de costo-beneficio integral (social) que, de seguro, daría resultados netos positivos.

-Finalmente, nuestro país tiene graves problemas de pobreza, corrupción y mal uso de todo tipo de recursos, que deberían llamar la atención de estas personas y no circunscribirse a criticar y tratar de deslucir una fiesta que los panameños, principalmente los santeños, tomamos muy en serio.

Los santeños somos un pueblo fiestero, pero muy trabajador, y nos hemos acostumbrado, desde siempre, a lidiar con la sequía, sin necesidad de andar mendingando mayor ayuda del gobierno. Si escasea el agua después del Carnaval, haremos “rogativas”, pero dejen que los niños (y adultos), con todo y El Niño, disfruten los culecos. Nos vemos en el parque Porras. Agua… agua…

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