DÍA PARA RECORDAR

Niños con derecho a la convivencia familiar: Joyce Palacios M.

Crecer dentro del vientre de una madre muchas veces sin ser deseado o nacer y crecer sin tener la fortuna de ser amamantado, acariciado, protegido, amado y cuidado por ella, sino en un “hogar” llamado institución, tal vez sea el dolor más profundo e inmenso que un niño o niña pueda sufrir en la infancia.

Los bebés, desde que nacen, necesitan cosas básicas como que alguien los toque, les cante y les hable para estimular diferentes áreas del desarrollo, pero a muchos niños “institucionalizados” no se les puede brindar atención individual, como requieren, en ocasiones ni en su propia familia.

Algunas investigaciones demuestran que el amor en la primera infancia modula el desarrollo cerebral y trae consigo efectos en la vida adulta. Partiendo de esta información, la pregunta obligada es: ¿cómo serán los adultos del mañana, si sus primeros años han estado carentes de figuras significativas reales, constantes y duraderas?

Vivir en una institución no significa solo protección y alegría, sino también tristeza, dolor, desamor, abandono y soledad. Duele escuchar a los niños preguntar por su mamá o cuestionar cuándo se van. Muchas veces, al caer la tarde, es el cantar de los pájaros, con sus notas y trinos que componen música, el que los consuela, y la suave brisa golpea las ventanas, mientras se quedan dormidos, tratando de entender por qué no tienen una familia, por qué son huérfanos sociales.

No cabe duda de que la “institución hogar” procura satisfacer las necesidades básicas y, a la vez, hacer valer los derechos de los niños, sin embargo, recordamos la frase del gran maestro que dijo: “No solo de pan vive el hombre” y, en el caso de los niños y niñas institucionalizados, no solo es el albergue, los alimentos y la ropa lo que ellos realmente necesitan, porque estas cosas no suplen el calor de hogar, que nutre, fortalece y promueve un desarrollo óptimo. Por eso lloran muchas veces sin consuelo.

El mejor regalo que le podemos dar a un niño es devolverle su derecho a tener una familia, ya sea biológica o adoptiva, que le pueda brindar ese amor necesario para crecer saludable física, emocional y espiritualmente, con valores y principios familiares.

Despertar todos los días sintiéndose amado, deseado, recibiendo un beso, un abrazo, una sonrisa, sentir el calor de una familia, una mujer a quien llamarle mamá, es el mejor regalo que le podemos dar a un niño en su día.

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