REFUNDACIÓN

Otro PRD es posible: Jorge Rivera Staff

Las razones para la fundación del Partido Revolucionario Democrático (PRD) son diversas y amplias, pero podríamos resumirlas diciendo que fue la organización llamada a aglutinar el capital político del proceso liderado por Omar Torrijos. De acuerdo al plan original, tras la firma de los Tratados Torrijos-Carter, el PRD debería competir de forma democrática –junto a partidos de oposición– en las elecciones de 1984, y validar si el pueblo aprobaba el camino recorrido desde 1968.

Sin embargo, con el fallecimiento en 1981 del general Torrijos, la ruta trazada se trastocó por completo y el PRD inició un largo y gradual proceso de alejamiento entre sus fundamentos teóricos y la práctica.

Es por eso que al hablar del desgaste del PRD, decimos que tiene causas de vieja data que se agudizaron hasta desembocar en la grave crisis que atraviesa ahora. Sin embargo, reconocerlas no implica disimular que estamos al borde del punto de no retorno, para la existencia del PRD, como fuerza política de relevancia nacional, ni obviar la responsabilidad directa que tiene la dirigencia reciente (sobre todo, el Comité Ejecutivo Nacional y el Consejo Directivo Nacional) en dicho descalabro. Y es que el problema no se limita a un desmedido aumento cuantitativo de las deficiencias y errores cometidos (que por sí solos representan una crisis), sino a la debacle que en términos cualitativos supone el contubernio y la sumisión descarada de sus dirigentes hacia otras facciones políticas, con el único objetivo de afianzar su poder político y económico.

El indicador más claro de la hecatombe es que la candidatura del PRD quedó, por primera vez, de tercera en la elección presidencial, sin llegar siquiera al 30% de votos válidos. Se trata, sin duda, de la peor derrota sufrida desde su fundación. No querer reconocerla ya es grave, pero que quienes tienen la responsabilidad política de rendir cuentas no lo hagan, no solo es gravísimo e inmoral, sino un crimen de lesa militancia, porque llevan al PRD directo al despeñadero.

Aunque la rendición de cuentas de los dirigentes por la errática campaña electoral y la perversa dirección política, sea imprescindible (incluida sus renuncias), en virtud del arrastre de errores, sobre todo por los mencionados factores cualitativos, ya no será suficiente hacer un cambio de dirigentes o una renovación cosmética de los estatutos y la estructura organizativa para resolver los problemas, como se ha hecho antes. El tema es más profundo y amplio. Nuestra generación encara la histórica misión de soñar con que otro PRD es posible. Hacerlo realidad no será posible sino mediante la refundación del partido, no solo retomando las raíces torrijistas y la ideología socialdemócrata (los pilares de su creación), sino incorporando los valores que la sociedad panameña y el mundo globalizado le exige a una organización política en la búsqueda del desarrollo humano sostenible y el progreso de todos los ciudadanos.

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