HOMENAJE

Pedro, Danilo y la Cultura: Daniel R Pichel

Esta semana, pensemos un poco en función de la Cultura. Una herramienta de progreso social y que, desgraciadamente, suele quedar relegada ante otras actividades, tal vez más “espectaculares”, pero menos relevantes y con menos impacto a largo plazo.

El jueves se dio en el Teatro Nacional el homenaje a Pedro Altamiranda. Un evento emotivo, lleno de anécdotas, recuerdos y música, que mostraron solamente una alícuota de la producción musical de este singular artista del panañol, como él bien llama a la lengua que hablamos los panameños. La carrera musical de Pedrito constituye una interesante colección de temas, que pintan de manera precisa la idiosincrasia, la forma de pensar y la manera de expresarse de los habitantes de este pequeño país tropical.

Los temas que más se han escuchado de Pedro, son las composiciones que hizo describiendo los carnavales panameños. Para no discriminar, cantó al Carnaval en la Central y a Las Tablas, donde no se le escapa nada de lo que son las vivencias de esta fiesta que, guste o no, es lo único que por momento pareciéramos tomar en serio “los panas”. Estas dos piezas se complementaron con La salsa de Pedro, que es un clásico de cualquier fiesta panameña que se precie de serlo.

Pero, la producción de Pedrito tiene otras facetas. Composiciones de alto contenido social, mucho más serias y que pintan a nuestro pueblo. Las descripciones de quienes pasan trabajos pero, “juegan entre frías dominó los jueves” o quienes llevan a la novia a cenar con “quince centavos” en el bolsillo. Así, ha rendido justo tributo a buses, carretilleros, y a los panameños y panameñas que “les asusta oír lo que no les gusta”. Otras, que él llama “de jodedera en serio”, tienen letras atrevidas que muestran la picardía panameña. Así están El fuas, La Tutú, La mujer biónica, El levante, y las aventuras de Dorothy o Mayberly con su hija que tanto nos hicieron reír al ritmo del “So”.

Sin embargo, lo que catapultó la obra musical de Pedro fue la “osadía” de componer canciones que se burlaban abiertamente del gobierno militar y las cosas que en él ocurrían. Así, intercalaba “pregones” que nadie se hubiera atrevido a mencionar en aquellos tiempos. El simple hecho de que El buhonero, sacara de su maleta el libro de inscripciones del PRD o un chaleco de metal como el que usa el general, constituían una actitud muy valiente en aquella época. Se burló del IRHE, del Jet Set de Omar, y, mucho más reciente, le cantó a La Doña, contaba lo que Catín le dijo a Martín, y nos habló de Las ratas de la Asamblea. Esas canciones, que pocos se habrían atrevido a componer, fueron la principal razón por la que comprábamos los discos y los guardábamos como un “tesoro clandestino” en nuestras casas.

Por todo esto, ese homenaje a Pedro era necesario, y la Orden Belisario Porras (aunque él dijo que la única orden que le habían dado en su vida era una de chow mein en un restaurante chino), constituye un reconocimiento a alguien que es una parte importante de nuestro legado cultural.

Otra buena noticia cultural fue el regreso a Panamá del primer grupo de becarios de la Fundación Danilo Pérez. Estos cuatro muchachos, que han estudiado música en universidades y conservatorios de fama mundial, regresan directamente a enseñar lo que aprendieron, a otros jóvenes que, posiblemente, no tendrán la gran oportunidad que ellos tuvieron. Esa actitud demuestra la filosofía de una persona como Danilo Pérez. Un panameño de origen muy humilde, que se ha destacado internacionalmente y que no se ha mareado con la fama, sino que ha entendido la oportunidad que su éxito constituye para mejorar el entorno del país donde nació y creció.

Estos dos panameños ejemplares nos demuestran que la Cultura (con mayúscula), no es un elemento aislado que deba ser aprovechado por una supuesta élite social. Es una herramienta de integración social que permite reducir niveles de violencia, mejorar el nivel de vida de la población y modificar el entorno y los espacios en que vivimos. Como ejemplo, en Medellín (que fuera la ciudad más violenta de Colombia), un plan bien organizado de creación de centros culturales y formación de sitios de encuentro alrededor de eventos de música, literatura, cine, teatro o pintura, ha permitido mejorar los índices sociales de manera impresionante.

Lo curioso es que todo esto ocurra al mismo tiempo que la Ley de Cultura es vetada por el Ejecutivo. Una ley que es producto de un arduo trabajo de muchos años y que fue aprobada por unanimidad en la Asamblea, con el objeto de crear la base para hacer de la cultura un proyecto de Estado.

De acuerdo con lo expresado en su momento por el Presidente, la razón del veto es primordialmente un asunto de forma que debería poder ser superado sin mayores dificultades. Esperemos no se haga de la Cultura un tema politiquero. Sería una lástima perder una oportunidad como la que tenemos, de encontrar más Pedros y Danilos.

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