MANEJO POLÍTICO

Peligros de la bonanza económica: Xavier Sáez-Llorens

“Es la economía, estúpido” fue la frase famosa acuñada por el equipo electoral de Clinton para ganar la presidencia de Estados Unidos en 1992. Cualquier presidente, por más incapaz o charlatán que sea, tiene bastante probabilidad de salir airoso de su gestión si el país que dirige experimenta bonanza económica. El mejor ejemplo es Chávez. Primero, porque el crecimiento, por sí solo, contribuye a optimizar las cifras de empleo. Segundo, porque el dinero circulante en exceso ayuda a reducir el nivel de pobreza mediante inversión y subsidio social. Tercero, porque se pueden culminar múltiples obras en un corto período de tiempo. Por tanto, me parece poco probable que una llamada a la ciudadanía para forjar un frente común tenga algún tipo de éxito. Además, el “pueblo” no es tonto e interpreta la convocatoria como una estrategia de los partidos de oposición para poder disfrutar ellos también de la abundante riqueza de la época. Al fin y al cabo, mucha corrupción (artesanal o maestra) ha habido también en todos los gobiernos anteriores. ¿Cuántos políticos rateros y colaboradores de blanqueo (abogados, empresarios, banqueros, contadores), todo con “apego a la ley”, hay en Panamá con mansiones lujosas, terrenos playeros y cuentas millonarias, pese a discretos salarios y mínimos esfuerzos educativos? Un montón.

Hay, por supuesto, gente decente sumamente intranquila por el rumbo que el país tome durante los próximos años. Los temas que me preocupan muchísimo son el nivel de corrupción, el nombramiento de magistrados electorales, la designación del nuevo administrador de la ACP, la intimidación a críticos y opositores, las auditorías selectivas de la DGI, el control de la inflación y el endeudamiento público. Sr. Presidente, yo voté por usted y todavía creo que era la mejor opción de ese momento. Debo admitir, no obstante, que los últimos acontecimientos políticos empiezan a generar decepción y no solo en mí, sino también en personas honradas e independientes que carecen de agendas de conveniencia. Por tanto, me tomo la libertad de pedirle que transparencia, sensatez y prudencia sean los valores que exhiba su gobierno de ahora en adelante, hasta que acabe su mandato. Para empezar, le sugiero que gire instrucciones a su bancada legislativa para que las reformas elaboradas por la Comisión de Notables sean aprobadas cuanto antes, sin mayor modificación.

Sin lugar a dudas, este gobierno ha sido el más activo en actividades y construcciones en las dos décadas posdictadura. Este ritmo desenfrenado de realización, empero, se puede prestar para que sus subalternos incurran en actos de incontrolada corrupción. Para evitarlo, debe haber una fiscalización más rigurosa de los beneficiarios de licitaciones y una reducción substancial de las contrataciones directas, con verificación independiente de la limpidez de procesos. El Tribunal Electoral se ha destacado en las tres últimas contiendas por la nitidez de los resultados del sufragio. Resulta imperativo que los nuevos magistrados que se designen se ajusten al perfil que garantice la continuidad de votaciones cristalinas. La empresa nacional más productiva, transparente y forjadora de imagen internacional es la Autoridad del Canal de Panamá. Aunque será difícil superar o mantener el listón de probidad y confianza que deja Alemán Zubieta, la selección de su sucesor por la junta directiva debe salir de un extenso escrutinio de capacidades y cualidades de los candidatos, sin ningún tipo de presión e injerencia política.

Concuerdo en que la calumnia fácil es pan de cada día en los medios. La mayoría de los periodistas criollos son bastante superfluos y sensacionalistas. A mi juicio, La Prensa es el periódico más profesional y objetivo del istmo. Las investigaciones de la abogada Lina Vega, por ejemplo, no dejan duda de la veracidad de sus denuncias. No obstante, errores se cometen. El problema estriba en que periodismo es más un oficio que una profesión. Mientras los comunicadores no posean una especialización técnica adicional que les dé bagaje académico-cultural en determinadas áreas del saber y no se ciñan fielmente al código deontológico, la posibilidad de cuestionar e indagar con fundamento y ética será muy limitada. A pesar de esta deficiencia, prefiero libertinaje en información que anclaje en expresión. El gobierno debe parar, de una vez por todas, la intimidación a las voces disidentes. Estoy convencido de que muchos panameños adinerados maquillan sus ingresos y evaden impuestos, pero las auditorías fiscales deben ser aleatorias y no selectivas. Echar los sabuesos inspectores a opositores del régimen de forma dirigida es un acto de autoritarismo pernicioso.

Finalmente, por más bonanza monetaria que se disponga, hay que tener sumo cuidado en no gastar más de lo que ingrese y en no endeudarse más de lo razonable. La economía mundial es volátil e impredecible. Si no manejamos con responsabilidad las finanzas estatales ahora, una crisis futura nos hipotecaría de manera peligrosa y tocaría a nuestros hijos o nietos pagar la nefasta imprevisión. Tome nota de toda la columna, Sr. Presidente. Mi único conflicto de interés es Panamá. Twitter @xsaezll

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