GESTIÓN

¿Pierde credibilidad el Mitradel?: César Martáns Ventayol

El Ministerio de Trabajo fue una creación de Omar Torrijos con un propósito fundamental: mantener un equilibrio e igualdad entre empresarios y trabajadores, entendiendo por supuesto, que ese equilibrio laboral se fundamenta en que las normas de trabajo establecen una superioridad jurídica a favor de los trabajadores para así compensar la desigualdad económica y social que posee la clase empresarial.

Esa es la esencia del derecho del trabajo. Pues bien, esa visión del general Torrijos consistía en mantener una constante y permanente armonía y equidad entre “patronos y obreros” (usando una antigua expresión), a través del mediador natural de las relaciones laborales que es, precisamente, el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel).

La misión inicial de ese ministerio fue, principalmente, la de generar un clima de confianza en la imparcialidad de la nueva entidad rectora de las relaciones laborales, tarea que me tocó emprender, pues me correspondió a mí el honor de haber sido designado como el primer ministro que ocupó esa cartera en enero de 1969, cuya denominación era la de Ministerio de Trabajo y Bienestar Social.

Durante 43 años ese ministerio ha pasado por circunstancias históricas muy especiales que ha vivido el país, pero siempre superando las dificultades y construyéndose una excelente imagen y una credibilidad positiva. Es precisamente esa credibilidad la que está en juego, porque nunca se ha utilizado al Ministerio de Trabajo para ventilar en los medios de comunicación los conflictos laborales y, menos aún, si se trata de que sean las máximas autoridades quienes se presentan en los medios televisivos a divulgar lo que debe ser reserva procesal dentro de un expediente que aún no ha sido fallado.

Más aún, la Ley 53 de 1975 confiere al ministerio competencia privativa para conocer y resolver las diferencias en la aplicación de los salarios mínimos y el recurso de apelación se interpone ante el ministro, quien no puede ni debe pronunciarse sobre el caso porque, es precisamente, quien tiene que dictar la sentencia.

Al final como vemos, el proceso relativo a la aplicación del salario mínimo se ha viciado por el pronunciamiento anticipado del juzgador de segunda instancia. Entonces, lo que queda claramente expuesto no es sino un problema de carácter político que busca a través de cuñas publicitarias descalificar a un adversario político mezclándolo con un proceso legal, sin medir las consecuencias del daño que le puede hacer a una empresa que es fuente de empleo para cientos de trabajadores, que es lo que obligatoriamente debe cuidar ante todo un Ministerio de Trabajo.

Finalmente, en mi opinión, uno de los requisitos necesarios para dirigir la cartera de trabajo es ser una persona conciliadora y no de confrontación como lo ha sido la señora ministra, todo lo cual me hace llegar a la conclusión de que no es el Mitradel quien pierde o ha perdido credibilidad, ha sido usted señora ministra.

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