ENFOQUE EQUIVOCADO

¿Política deportiva o deporte para politiquear?: Carlos A. Fernández D.

El deporte, como manifestación humana, tiene su contenido político. Los antecedentes inmediatos de su distorsión los encontramos cuando Adolf Hitler buscaba ganar a toda costa los Juegos Olímpicos de Berlín (1932). Por su parte, Benito Mussolini intimidó a los árbitros para que Italia ganara la segunda Copa Mundial de Fútbol jugada en Italia (1934).

Luego de la Segunda Guerra Mundial se escenificó una competencia entre las dos grandes potencias emergentes: Estados Unidos y la URSS. Para demostrar su supremacía disputaron los campos militares, científicos, tecnológicos, económicos, sociales, culturales, deportivos y otros. Durante un largo período, estas potencias dedicaron grandes esfuerzos por ganar las olimpiadas, llegando incluso a boicotear las de Moscú (1980) y Los Ángeles (1984). Al destacar China como potencia mundial, participa de la competencia por la supremacía deportiva (Beijing 2006 y Londres 2012).

El Comité Olímpico Internacional, a través de distintas normativas, ha intentado que los Gobiernos no interfieran en las actividades del movimiento olímpico y cuando lo hagan sea para lograr una buena coordinación entre las organizaciones deportivas y los gobernantes.

En sucesivas campañas electorales, particularmente en esta, hemos visto a boxeadores profesionales postularse a cargos políticos; a futbolistas, beisbolistas y a un nadador haciendo proselitismo partidario, y a los partidos apoderándose de las federaciones. Es lamentable que el máximo dirigente del movimiento olímpico panameño –reaccionando a la crítica de estos hechos– señale que los deportistas tienen derechos políticos. A nadie se le ocurrió negar semejante barbaridad, el tema en cuestión es si pueden y deben hacer proselitismo partidista.

Para dilucidar este asunto es necesario separar al deportista profesional del atleta olímpico. El primero tiene como oficio remunerado hacer deporte; está sujeto a un contrato con sus patrocinadores, tiene agentes y abogados que nombra, libremente, y participa de las actividades que le rindan mayores beneficios.

El atleta federado se rige por las normas de publicidad e imagen que dicta la Carta Olímpica y debe acogerse a las reglas deportivas de su federación internacional y, en nuestro caso, del Comité Olímpico de Panamá (COP). ¿Acaso el COP pertenece a un partido? Su presidente, demás dignatarios y deportistas tienen derecho a votar por quienes quieran, pero, ¿podrán hacer publicidad político partidista? Por supuesto que no, ya que esto sería llegar al grado más bajo de manipulación, distorsionando los principios y raíces del deporte. El movimiento olímpico niega el proselitismo y regula claramente la publicidad.

El caso de los futbolistas, quienes son los que más han participado en cuñas proselitistas, lo podemos resolver preguntando: ¿A qué partido pertenecen las más altas autoridades de la federación? Por consiguiente, están haciendo mal uso de los deportistas.

Y para puntualizar sobre el retiro del equipo de Los Santos de un juego, por orden del presidente de la liga, preguntemos: ¿A qué partido pertenece el presidente de la Federación de Béisbol y el presidente de la liga de Béisbol de Los Santos? ¿Inmunidad o impunidad?

Si en Panamá, en vez de politiquería en deporte se desarrollara una política deportiva, veríamos a los deportistas, profesionales y aficionados, haciendo campañas contra el hambre, la pobreza, la falta de vivienda y a favor del ambiente, la paz, los derechos humanos y los valores éticos y morales.

Para que el deporte esté al servicio de la población, la política deportiva a desarrollar debiera emprender las rutas que señala el autor Juan A. Mestre (2002): la municipal, la sanitaria, la federativa y la educativa, cada una con sus instrumentos idóneos: recreación, ejercicio, deporte de alto rendimiento y deporte para todos, respectivamente. Todas, tal como señala la Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte de la Unesco, dirigidas por profesionales idóneos. También habría que propiciar una legislación para los deportistas profesionales.

Nuestro deporte, así como las instituciones del país, están en crisis y a un paso de desaparecer. Tenemos que redoblar esfuerzos para evitar que la política partidista termine de desfigurar todos los aportes que brinda la actividad física en los aspectos de salud mental y emocional, de los beneficios sociales y la afirmación de la identidad nacional. Para ello, tendremos que diseñar una política deportiva científica y democrática.

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