CONTRIBUCIÓN CIUDADANA

Prácticas sencillas para mejorar nuestra sociedad: Yolani Rognoni Arias

Me uno a las voces de solidaridad con las víctimas de violencia y sus familiares, quienes recientemente han protagonizado movimientos de concienciación en nuestra sociedad; movimientos que aumentan intensidad tras los escandalosos crímenes cometidos en Panamá Oeste. De hecho, la novedad no es la violencia ni la necesidad de protección, sino la atrocidad de los actos. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme cuánto más puedo hacer yo, cuánto más pueden hacer las personas de mi círculo, cuando no somos dados a secuestrar por dinero ni a resolver disputas con violencia, por lo que dejar estas prácticas no representa sacrificio alguno...

A primera lectura, la respuesta a la interrogante planteada parece sencilla. Parece un asunto de blancos y negros: o vivo entre violencia y debo hacer algo para eliminarla de mi vida, o la violencia no toca mi vida y, simplemente, debo mantenerme alerta. Pero, afortunadamente, aparte de un tablero de ajedrez, pocas cosas en esta vida son blancas o negras. Por eso me atrevo a sugerir que hay mucho que podemos hacer para reducir el nivel de violencia en nuestra sociedad. Con prácticas sencillas de cortesía nuestras vidas serían más placenteras y no darían cabida a reacciones violentas.

Analicemos un ejemplo clásico: el malhumor de los tranques. ¿Cuántas veces nos hemos montado en nuestros autos de buen humor y hemos experimentado el mal humor apoderarse de nuestro ser en el primer tranque con que nos hemos topado? Analicemos nuestra reacción, ¿qué causó nuestro mal humor? Me atrevo a sugerir dos factores: (1) tiempo y (2) juega vivo. Por un lado, a medida que el tranque consume el tiempo que tenemos para llegar a un compromiso aumenta el inminente retraso con que llegaremos. Por otro lado, mientras nosotros esperamos nuestro turno, es desagradable que otros conductores supongan que les hemos guardado un puesto frente a nuestro auto. La solución para el primer problema está en salir con suficiente antelación a nuestros compromisos, calcular el tiempo que nos tomará llegar junto a cierta contingencia y salir hacia nuestro compromiso permitiéndonos ese tiempo. La solución para el segundo problema es no participar del juega vivo, respetar a los demás conductores y no suponer que nuestra necesidad de llegar donde vamos es mayor que la de otros.

Por otro lado, analicemos nuestro comportamiento en sitios públicos. Usemos el ejemplo de los sitios de comida rápida. Muchos visitamos la sucursal de alguna cadena de comida popular, de vez en cuando, sobre todo cuando nuestros hijos insisten en la felicidad de una cajita. ¿Ha entrado usted a un restaurante de comida rápida para encontrar espacios disponibles solo bajo la basura que otros clientes dejaron detrás? ¿Se imagina lo agradable que sería encontrar esos puestos limpios? ¿Cuánto más tendría que hacer cada cliente para dejar limpia el área que ocupó? El poco tiempo que invertiría cada cliente en limpiar su puesto disminuiría en mucho más el tiempo que tardaría el siguiente cliente en conseguir un sitio disponible.

Hay infinidad de ejemplos que podría transcribir en este espacio y, seguramente, al leerlos se visualicen otras prácticas que contribuirían a mejorar la calidad de vida en nuestra sociedad. Sin embargo, este espacio solo me permite sugerir unas pocas prácticas y dejar carta abierta a la imaginación del lector para que sugiera otras más. No obstante el reducido espacio, debo mencionar una práctica que deben abandonar los medios de comunicación visual, si realmente deseamos erradicar la violencia en nuestra sociedad. Me refiero a las imágenes en que se presentan personas casi desnudas, haciendo alarde solo de su atractivo físico y el potencial de ofrecer placer sexual. Estas imágenes son solo motivo para denigrar a todos los miembros del género representado, y si realmente existiera una voluntad para combatir la violencia, estos medios dejarían la práctica de “decorar” sus páginas con ellas.

Con lo expuesto quiero decir que mientras la Policía Nacional cumpla su deber, mientras el Sistema Judicial respalde el trabajo de abogados que hagan valer el derecho de las víctimas de la violencia y de sus familiares, y mientras las víctimas se armen de valor para denunciar la violencia, el resto de los panameños podemos aportar nuestro grano de arena para construir una mejor sociedad.

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