EXIGENCIAS

La República Comarcal: Donatilo Ballesteros S.

Durante la administración de Mireya Moscoso se suscitaron controversias con los indígenas radicados en Darién, quienes confrontaron a los campesinos oriundos de las provincias centrales, que tienen sus viviendas y cultivos en esa región. Me preocupó la situación y recuerdo que escribí un artículo que denominé “Comarquismo peligroso”. Tengo la impresión de que, también, la entonces legisladora Aidé Milanés de Lay intervino para la solución del conflicto, que aún perdura en menor intensidad.

Los recientes hechos acaecidos en la provincia de Chiriquí y cuyos efectos trascienden hasta Bocas del Toro, concitan a la meditación y al análisis profundo del tema, porque se presentan condiciones que son inaceptables para la mayoría de los panameños, con independencia de los derechos que como humanos tienen los nativos de esa región. El solo hecho de no acatar masivamente las disposiciones de la autoridad nacional y someterse tan solo al mandato de sus dirigentes comarcales, impone una forma de actuar marginada de la organización, funcionamiento y disposición del Estado panameño. Han creado una especie de república con autoridades propias, dentro del territorio nacional, estableciendo condiciones caprichosas, con exclusión de la participación del resto de la población.

Es triste que haya voceros aupando este modo de proceder, so pretexto del incumplimiento gubernamental de promesas políticas, lo que siempre servirá de excusa para adoptar medidas ilegales, impropias e inaceptables. Los 500 años que alegan de sometimiento son tantos como los que han preferido estar aislados y desintegrados del resto de la comunidad nacional, que procura participar y cumplir con la normatividad que rige para todos, en vez de constituirse en sobrevivientes de una etnia que requiere mayor participación en el desarrollo de un país que les proporciona educación, sistema de salud, comunicación, desarrollo y bienestar.

La exigencia de los líderes no se adecúa a los propósitos de un Estado moderno, en el que se les ha demarcado un territorio que identifica sus costumbres, pero que no representa en lo absoluto su independencia total ni la creación de leyes propias que impidan al resto de las autoridades y personas contribuir a la integración social, cultural y económica de esos nativos, porque lo que más requieren es dejar de ser desamparados, pero con su propia iniciativa y desarrollo. No existe otra República, como aspiran algunos de sus dirigentes, cuando ellos mismos reciben ayuda que costea el resto de los panameños, a los que tratan de desobedecer. Ignorar y desconocer. Las exigencias y las amenazas son no solo caprichosas, sino dirigidas hacia la desintegración del Estado nacional. Es necesario que comprendan que la identificación de la comarca Ngäbe Buglé, no implica la creación de un Estado diferente a la República de Panamá. No existe la República Comarcal, por tanto, tenemos que integrar a esa población al resto de la nacionalidad y exigirles participación con sentido de lo nacional.

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