PRIORIDAD

Responsabilidad social energética: Jorge G. Conte Burrell

“Y llegó el lobo y se comió a las ovejas, mientras el pastor a los lejos gritaba lobo, lobo, lobo...”, así termina el famoso cuento del Pastor y el lobo, que tantas veces nos contaron los maestros y las personas mayores.

Y es que fueron muchos los avisos que nos dieron desde diferentes rincones del planeta y de nuestro propio país científicos, instituciones de investigación, medios de comunicación, algunos empresarios visionarios y todos los ecologistas, para adaptarnos a los efectos del cambio climático (aumento de la temperatura y evaporación de los lagos y mantos freáticos) y, como no hicimos caso y no pusimos en práctica las recomendaciones sugeridas (disminuir el consumo de fuentes no renovables, mejorar la mezcla de nuestra producción de energía con más fuentes renovables y reforestar), entonces llegó la sequía anunciada, con los bajos niveles en los lagos y otros reservorios naturales, a consecuencia de los impactos anunciados.

¿Y dónde está la acción coordinada en adaptación y mitigación al cambio climático de la Secretaria de Energía, la Autoridad de los Servicios Públicos, la Anam, la oficina de Desarrollo Sostenible, el Idaan, la ARAP y demás instituciones que vigilan el patrimonio natural de todos los panameños? Esta es la pregunta que hay que hacerse ahora y que deberían considerar los próximos candidatos a Presidente.

El tiempo para la adaptación pasó, al menos en esta temporada. Llegarán las lluvias, mejor digo, arrasarán las lluvias cuando lleguen, ya que ese es otro de los impactos del cambio climático (períodos más intensos de lluvias, por menor tiempo). Lo que traerá como consecuencia las crecidas súbitas de ríos y quebradas e inundaciones de comunidades que no han sido advertidas a tiempo de estos fenómenos; en consecuencia tendremos refugiados ambientales y costos asociados a estos desastres que impactarán negativamente en el presupuesto del Estado y el crecimiento del país; esto sin mencionar a las familias de los muertos y de los afectados. Maná para los políticos y seudoempresarios que quieren figurar en todo desastre natural, como los salvadores del pueblo.

Es tiempo de dejar de atajar el problema de la crisis energética y volvernos precavidos, como dice el dicho: “Persona precavida vale por dos”. Debemos convencernos y convencer al Estado, principalmente, y a las empresas privadas de que las estrategias de eficiencia energética forman parte de su responsabilidad social, económica y ambiental para el desarrollo sostenible del país; que no se trata de un plan de contingencia para un problema aislado, ni de una campaña publicitaria o de greenwashing.

Hay que internalizar la eficiencia energética como una prioridad para las empresas y el Estado, al igual que reorientar los subsidios de consumo hacia el desarrollo sostenible. Según el Banco Mundial, se requiere la conversión de nuestra matriz energética en una que sea más balanceada y que no dependa solo del agua como energía renovable, sino que use el sol y el viento como otras fuentes de generación anticíclica de energía económica y de cero carbono.

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