REFORMAS

Sistema electoral, base de la democracia

En las elecciones pasadas, 75% del electorado votó tanto para presidente como para diputados, por candidatos postulados por los partidos políticos que tradicionalmente han monopolizado la actividad electoral. Los distintos partidos no se diferencian en lo absoluto desde el punto de vista programático ni ideológico; solo en cuestiones de estilo que ya empiezan a difuminarse también.

Los candidatos de libre postulación dieron un mensaje de cambio y representaron el hartazgo con una manera de hacer política, por lo menos en intención y en programas o compromisos de campaña. Se esperaban mejores resultados, pero el electorado votó conservadoramente con una tímida “no reelección” de varios diputados gamonales que, aunque importante, no resulta suficiente dadas las circunstancias críticas de nuestro sistema político hundido en la corrupción, falta de rumbo y calidad de la representatividad. Hubo abstencionismo en sectores profesionales, aumentando así el peso político a los votos clientelistas organizados.

La abismal desventaja de los independientes respecto a las postulaciones partidistas ayudó a evitar una renovación y oxigenación de mayor alcance a nuestro sistema político e institucional. Se impuso la partidocracia organizada en base a promesas de vida fácil a amplios sectores populares, sobre todo a los de menor nivel educativo; todo financiado con fondos públicos extraídos de la clase media profesional y de empresas.

Los tiempos para formalizar alianzas, la no escogencia libre de colores por afinidad entre candidatos independientes a presidente y diputados, los montos de financiamiento público, los porcentajes asignados para propaganda y otro tropel de disposiciones impuestas por el Tribunal Electoral causaron confusión y obstaculizaron las campañas de libre postulación.

Un asunto de graves repercusiones fue la irrupción de la militancia agresiva que acosó en muchos centros de votación a funcionarios del Tribunal Electoral para presionar en una dirección favorable las irregularidades que propiciaron algunos candidatos en la elaboración de las actas. No se puede hablar de fraude general pero hubo hechos dignos de ser contrarrestados con autoridad desde sus inicios por el Tribunal Electoral y la policía. El expresidente Juan Carlos Varela habló de la infiltración de pandillas y elementos de bandas criminales en la vida política, lo cual fue patente en varios centros de votación.

El sistema de conteo de votos debe centralizarse, ya que las influencias indebidas y la desaparición misteriosa de actas y de representantes de mesa luego de contactos con personas ajenas al proceso de conteo, levantaron quejas y sospechas de presiones malsanas. Nuestro sistema electoral ha cumplido una importantísima misión en nuestra democracia, pero ya es hora de una reforma integral del Tribunal Electoral y del proceso de conteo descentralizado (por mesas) y de la asignación de curules legislativas. Debe desligarse las funciones de juez y parte que juega el Tribunal Electoral. Ya empezaron a aflorar deficiencias que tienen que ser atendidas con seriedad y prontitud.

El autor es psiquiatra y profesor universitario 

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