LAS OREJAS DE BURRO

Un departamento de Tránsito inoperante: Carlos Eduardo Galán Ponce

Un departamento de Tránsito inoperante: Carlos Eduardo Galán Ponce Un departamento de Tránsito inoperante: Carlos Eduardo Galán Ponce
Un departamento de Tránsito inoperante: Carlos Eduardo Galán Ponce

En la época en que había escuelas modelo de orden y disciplina, que no tenían que ser reconstruidas cada año, cuando un muchacho contestaba o hacía la barbaridad del día, el maestro lo sentaba al frente del salón, con unas simbólicas “orejas de burro”, adornando su testa. Y trasladados en el tiempo, no hay hoy en el salón del gobierno, mejor candidato para lucir esas orejas, que el responsable del tránsito vehicular.

Si un ciudadano inocente es asesinado, y logran “pescar” y juzgar al malhechor, la condena que este sufre es ridícula. Y si en la cárcel no mata a nadie más, se le reduce a la mitad por “buena conducta”. Y hablar de aumentar las penas es como alborotar un avispero, con el argumento de que eso no arregla nada. Pero, irónicamente, en el caso del tránsito, es lo único que se le ocurre a esos “genios” de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT).

Nuevas sanciones, grúas, aumento de las multas, y dinero. Pero nada hacen para procurar que el flujo de vehículos sea más ágil, ordenado y seguro para todos. Aquí, en David, más fácil te encuentras a una mariposa alzando pesas, que a un agente dirigiendo el tráfico cuando se pone pesado. No vemos programas para alentar a los conductores en prácticas como, encender las luces delanteras cuando llueve o cuando surge la neblina.

O usar las luces intermitentes solo cuando el auto está detenido por algún imprevisto, porque en marcha deslumbran al conductor que le sigue. O para evitar el uso de ensordecedores equipos de sonido que aíslan al conductor y a los que lo rodean de toda realidad. O que el uso de papeles ahumados en el parabrisas delantero reduce la visibilidad al conductor. Y que donde no hay aceras, es más seguro caminar por la izquierda. Son algunas normas elementales que brindan mayor seguridad a conductores y peatones, pero cuya aplicación no parece merecer la menor atención de los directores del Tránsito.

Si hay algo que da seguridad al manejar de noche, es la línea de puntos reflexivos que se coloca dividiendo los carriles en calles y carreteras. Aquí solo se ven, y a veces, en una carretera nueva si forma parte del contrato. Pero estos objetos en nuestras vías brillan es por su ausencia. Una muestra de la total indolencia de las autoridades de la ATTT (y de paso, ¡qué nombre más ridículo!).

Aunque su deber es agilizar el tránsito, cada vez que ocurre un accidente fatal, saturan las carreteras con “retenes” para pedir licencias. Solo un tonto permanece en esa larga fila, como ternero al matadero, si no la porta. En el estado de California, los autos patrulla sin identificación circulan por las carreteras, confundidos entre el tráfico, para ubicar a los infractores y apartarlos de la vía, sin perturbar a los demás. Y los autos patrulla mantienen una vigilancia constante en calles y avenidas, en una búsqueda selectiva de infractores.

Ningún auto puede circular sin placa. Los nuevos deben portar, provisionalmente, una placa promocional y numerada de la agencia vendedora, que los identifique. Y los retenes solo tienen lugar ante hechos catastróficos. Aquí se necesita alguien inteligente. Que piense. Y que conozca de esa disciplina.

Aquí impera la desidia y la indolencia. La trampa y el desorden.

Cientos de taxis y buses pirata, de criollos y extranjeros se pasean sin placas ante sus ojos. Con otros extranjeros al timón. Chatarras circulando con flamantes revisados. Otros con placas hasta de 2009.

Hay empresas “inversionistas” extranjeras, estafándonos con contratos en los que van “serrucho” con que los que firman aquí. Rescate administrativo.

Una bribonada. Y el montón más humilde, vendiendo arepas y chécheres o pintando uñas y maquillando lo imposible, en calles y aceras. Otros haciendo “morisquetas” en los semáforos. Meseros que “son” la “divina pomada”, solo porque le dicen “mi amor” y “mamacita” o “papacito” al cliente. Pistoleros “volando plomo” desde motos. Ante ese derroche de “nacionalismo” y “soberanía”, quedan pocas empresas símbolo por “extranjerizar”, traigamos a alguien por lo menos útil.

Contratemos los servicios de un jefe de policía de caminos del estado de Texas o de California. Para ver si así logramos poner orden en el tráfico vehicular. Y poder botar las “orejas de burro”.

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